Aljaraque celebra el funeral más doloroso de la tragedia de Adamuz: cuatro miembros de la misma familia
Isla Cristina despide a Ana y Pepi, madre e hija, que fueron a Madrid por las oposiciones a funcionario de prisiones


Cinco miembros de la misma familia iban en el tren que sufrió el mayor golpe el pasado domingo en Adamuz (Córdoba): cuatro de ellos han sido despedidos en el funeral más trágico de los que se viven estos días. Cuatro coches fúnebres en lenta marcha, flores y globos blancos al aire dijeron adiós a Pepe Zamorano, de 43 años; su mujer, Cristina Álvarez, de 37; su hijo Pepe, de 12; y su sobrino, Félix, de 22. Solo la niña Cristina consiguió sobrevivir. Unos 2.000 vecinos del municipio onubense de Aljaraque, (y también de Punta Umbría, donde había nacido y tenía negocios la mujer), han acudido esta mañana al pabellón municipal de esta localidad de 22.505 habitantes para acompañar a los deudos en la misa funeral.

“Estamos acostumbrados a la muerte, pero no así”, se lamentaba antes de entrar en el polideportivo Manuel Domínguez, amigo del padre de la familia. También han querido asistir al sepelio los compañeros de Pepe Zamorano, el niño de 12 años. Los globos blancos que llevaban han aportado un ápice de levedad y sosiego a un ambiente tenso y tremendamente amargo. Esos globos han acompañado a los féretros que presidían el funeral y han alzado su vuelo al cielo cuando los ataúdes salían del recinto camino del cementerio. “¡Por Pepe!”, ha gritado uno de los profesores del CEIP Antonio Guerrero, donde el pequeño estudiaba, en una consigna para lanzarlos, a la que han seguido aplausos espontáneos.
A la la ceremonia religiosa —oficiada por párrocos de Aljaraque y Punta Umbría- han acudido los alcaldes y la corporación municipal de ambos municipios, Adrián Cano y José Carlos Hernández; la delegada del Gobierno en Andalucía, María José Rico, y su homólogo de la Junta en Huelva, José Manuel Correa, así como la consejera andaluza de Familias e Igualdad, Loles López. El desconsuelo en el círculo íntimo de la familia fallecida era incontrolable. Un pesar que ya se vivió anoche con la llegada de los féretros y que se ha repetido tras el sepelio. Los altos techos del polideportivo no podían mitigar los lamentos de la madre de Félix o de la hermana del padre fallecido.

Los allegados se quedan con el único consuelo de tener entre ellos a la pequeña Cristina, una niña de seis años que salió por su propio pie entre el amasijo de hierros del tren en el que viajaban. Después supieron que la tragedia había alcanzado al resto de la familia. Creyeron, por un error, que el pequeño Pepe estaba ingresado en el Reina Sofía (Córdoba), pero solo fue un maldito espejismo. Ahora tratan de asimilar lo inasumible y en ese desasosiego también buscan responsables: “¡Nos los han matado! La culpa de todo esto la tienen los de Adif. Ponedlo, que luego me cortáis. Vosotros también tenéis la culpa de esto”, ha espetado uno de los familiares a las cámaras de televisión, mientras los ataúdes entraban en los coches fúnebres.
Isla Cristina ha sido otro de los pueblos tocados por la tragedia. Allí se han agolpado la mañana de este jueves los vecinos en torno a la parroquia de Nuestra Señora del Mar, informa Manuel Viejo. La iglesia, pequeña, con forma de velero, ya estaba llena. Sobre las 10:55, dos coches fúnebres negros cargados con doce coronas de rosas ha frenado frente a la puerta. Ana Martín, de 28 años, y su madre, Pepi Sosa, de 53, son dos de las 45 víctimas mortales que viajaban en los trenes siniestrados del pasado domingo. A ellas las esperaban para despedirlas.
Ana se presentó a las oposiciones de funcionarios de prisiones y su madre viajó con ella para acompañarla. Formaban parte de una familia muy ligada al Carnaval y muy conocida en su localidad. El golpe en Isla Cristina ha sido durísimo, según ha contado su alcalde, Jenaro Orta, en la puerta de la Iglesia mientras sonaba el repiqueteo de las campanas.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































