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El código ético de unos escolares de Pamplona para los candidatos del 28-M: “Prometo combatir la polarización”

Seis de los aspirantes a la alcaldía han suscrito el compromiso que 19 estudiantes de entre 15 y 18 años han diseñado para luchar contra la desafección hacia la política

Código ético
Las estudiantes Lucía Núñez y Alba Jiménez (de izquierda a derecha sentadas) con su profesor Eduardo Ortiz (de pie).PABLO LASAOSA
Amaia Otazu

La Real Academia de la Lengua define la verdad como la “conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente”. El alcance y significado de este concepto todavía se debate, lo que no ha evitado que “decir la verdad” sea el primer punto del código ético elaborado por un grupo de 19 estudiantes de entre 15 y 18 años del Colegio Larraona Claret de Pamplona para hacer frente a este año doblemente electoral. El documento recoge 10 compromisos tanto para las personas que están en política como para la ciudadanía, entre ellos renunciar al insulto, la descalificación y el ataque personal o la crítica destructiva, e informarse con rigor y pluralidad. El código, elaborado durante un taller de política y sociedad, ha sido firmado por numerosos representantes políticos y ciudadanos, incluidos 6 de los 7 candidatos a la alcaldía de Pamplona. El único que no lo ha hecho, Koldo Martínez, actual senador autonómico por Navarra (Geroa Bai), ha emplazado a los escolares a un debate posterior sobre el concepto de verdad.

Los estudiantes navarros han elaborado el documento con el objetivo de disponer de una “herramienta ingenua, pero práctica” que permita corregir las bochornosas situaciones que se viven en las cámaras parlamentarias locales, autonómicas y nacionales. A principios de marzo, lo presentaron en el Congreso de los Diputados. “Los insultos y el ataque personal son lo más sangrante, lo que más desafección genera”, detalla el docente responsable, Eduardo Ortiz. “Es desolador. La gente está harta, hartísima” del espectáculo.

Tanto Ortiz como dos de las alumnas participantes, Alba Jiménez y Lucía Nuñez, utilizan la primera persona del plural porque defienden que todos tenemos una parte de responsabilidad que va más allá de ejercer el derecho al voto cada cuatro años. ”Yo a mi alrededor tengo a personas que o no quieren votar o no votan por cualquier razón. Creo que eso sí que se puede combatir con propuestas como estas”, añade Jiménez. Llama a los más jóvenes a participar en la vida política: “Tenemos un papel importante en este cambio. No podemos pensar que somos irrelevantes porque es ese desinterés el que hace que luego todo vaya a peor”. El primer paso para ejercer la ciudadanía, puntualizan, es informarse a través de diferentes medios de comunicación, otro de los compromisos que recoge el código ético.

Alba Jiménez y Lucía Núñez, en un momento de la entrevista.
Alba Jiménez y Lucía Núñez, en un momento de la entrevista.PABLO LASAOSA

Los autores de este código ético consideran que los medios son en parte responsables de la imagen que se traslada de la clase política. Ortiz apunta que “el ruido es una mínima parte de la realidad”, pero si es lo único que se muestra en la prensa, la radio o la televisión, la ciudadanía acaba creyendo que es todo lo que hay y “se distancia”. A Jiménez lo que más le llamaba la atención al inicio del trabajo era “cómo los políticos se dirigen unos a otros”: “Es una agresividad que nosotros no tenemos cuando hablamos con otras personas”. Cuando lo comentaron con la presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, esta les recordó que, más allá de eso, “se han aprobado muchísimas leyes, con lo cual también ha habido mucha gente que se ha puesto de acuerdo”. Fueron a Madrid con una imagen, reconoce Jiménez, pero volvieron con otra: “Ves que son personas como nosotros, que tienen diferentes puntos de vista, pero la mayoría busca un bien común. He aprendido a ponerme en su lugar”.

El alumnado ha visto que “ellos son nosotros, son un reflejo nuestro, son nuestras fragilidades”, afirma el profesor Ortiz. “En la medida en que nosotros cumplamos estando en nuestro sitio, tomándonos en serio la ciudadanía, la distancia se va a acortar”. Entre los principales problemas destacan la crítica fácil y destructiva. “Hay agresividad, polarización, y eso genera desconfianza: Hace cinco años en el Parlamento de Navarra discutían, pero luego te los podías encontrar hablando en el bar durante el receso. Ahora, eso es menor porque la agresividad también está calando entre ellos”. Sostiene Núñez que el único modo de evitar la crítica destructiva es informándose: “Vemos en nuestros padres o en gente que ya está cansada de la política que tienden a generalizar. ‘Todos son corruptos, todos roban...’ Pero tú no estás haciendo nada por intentar cambiarlo. Y dices, ¿qué voy a hacer yo? Pues lo que estamos intentando nosotros, poner nuestro granito de arena. La crítica constructiva no es una felicitación, obviamente, pero siempre tiene que ser para ir hacia algo mejor”.

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Vigilancia y autocrítica

Ir hacia algo mejor a través del convencimiento de que clase política y ciudadanía están “cerca”, insiste Ortiz. “El futuro son los valores o nada porque, o tú y yo volvemos a confiar en los que nos gobiernan o no hay camino porque el camino es entonces el populismo, el extremismo, la violencia”. De ahí que el código ético también recoja el compromiso de combatir la polarización. Para Jiménez, el camino es “respetar las ideas propias y distintas”, pero, sobre todo, es vital “poner primero a la persona y no a esas ideas”. Es el único modo de comprender mejor la realidad, detalla Núñez, que recuerda que en el Congreso el diputado de Ciudadanos Miguel Gutiérrez (C’s) les explicó cómo es la vida de los que trabajan allí, qué es lo que hace un parlamentario. “Eso no lo ves porque no sale por la televisión y tampoco me lo había planteado. O sea, estamos haciendo este trabajo y yo no me había planteado qué hacen, cómo trabajan, cuánto duran los plenos. Me dejó pensando”, añade la estudiante.

El código ético que han diseñado un grupo de estudiantes navarros.
El código ético que han diseñado un grupo de estudiantes navarros.PABLO LASAOSA

Por ahora casi ningún alumno del taller se plantea dedicarse a la política. Lo que tienen claro es que tienen que formarse para “ser coherentes con sus principios y valores”. En este punto de su vida, sus principales preocupaciones son la violencia y la salud mental, aunque tienen otro miedo: no ser tomados en cuenta. “Yo me siento escuchada, pero me genera inseguridad que no se tomen este código ético como algo serio”, señala Jiménez. “Creo que puede olvidarse fácilmente o ser considerado algo ingenuo, bonito, cuando realmente nosotros lo hemos hecho pensando en lo que podemos aportar para cambiar algo en esta sociedad”.

Estos estudiantes navarros se centrarán ahora en vigilar que los firmantes del código cumplan lo prometido. Les exigirán autocrítica, una de las carencias fundamentales que han detectado. “El gran problema del código para las personas que están en política es que creen que ya lo cumplen. Hace falta una autocrítica honesta porque todos tenemos fallas”, asegura Ortiz. Y cuando uno se equivoca, añaden las escolares, “hay que rectificar públicamente”. Esa autocrítica pública es la que, aseguran, determinará si quienes han firmado lo han hecho porque creen en la propuesta o solo por una cuestión de imagen.

Código ético elaborado por escolares de Pamplona

-Para personas que están en política:
1. Me comprometo a decir siempre la verdad y no prometer lo que no puedo cumplir.
2. Me comprometo a combatir la polarización creciente en nuestra sociedad.
3. Intentaré buscar puntos de encuentro y consenso con otros partidos políticos.
4. Renuncio a la corrupción en todas sus formas.
5. Renuncio al insulto, la descalificación y el ataque personal hacia el otro.
-Para personas que quieran ejercer ciudadanía:
1. Me comprometo a ejercer mi derecho al voto con la seriedad que merece.
2. Me comprometo a informarme con más rigor y pluralidad.
3. Renuncio a la crítica destructiva hacia políticos e instituciones.
4. Renuncio a cualquier forma de violencia como modo de protesta.
5. Renuncio a la corrupción en todas sus formas.

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