El Congreso rechaza ampliar el derecho al voto hasta los 16 años

El PSOE se abre a estudiarlo dentro de una reforma mayor de la ley electoral

La diputada de ERC Marta Rosique, en su defensa de la propuesta, este martes en el Congreso.
La diputada de ERC Marta Rosique, en su defensa de la propuesta, este martes en el Congreso.FERNANDO VILLAR (EFE)

El Congreso rechazó este martes —y es ya la tercera vez— ampliar el derecho al voto a los 16 años. Lo que desestimó la Cámara en realidad fue una propuesta de ERC para activar ya el proceso legislativo, porque el PSOE no combate la idea, pero la supedita a una reforma más amplia de la ley electoral que hoy parece muy lejana. Solo los grupos a la izquierda de los socialistas y los independentistas de Junts anunciaron que apoyarán la iniciativa cuando se vote este jueves.

La diputada más joven de la Cámara, Marta Rosique (26 años), subió a la tribuna en nombre de ERC para defender que quien puede firmar un contrato laboral o autorizar un tratamiento médico también debe poder votar. Un argumento muy parecido al que ya se ha empleado para abogar por que las chicas de 16 años aborten sin permiso paterno y que se repitió en boca de casi todos los portavoces que se sumaron a la propuesta: Unidas Podemos, Junts, CUP, Compromís y BNG.

Rosique comparó los argumentos contrarios a la iniciativa con los que se esgrimieron en su día contra el sufragio femenino y evocó “a los jóvenes activistas de esta edad que han dado una lección y han sido un motor del cambio”. La diputada republicana no olvidó recordar al PSOE que en 2016 —”cuando estaba en la oposición”, subrayó— había votado a favor de una iniciativa similar. La réplica socialista a la diputada más joven partió de un veterano, José Zaragoza, quien esquivó cuidadosamente el fondo de la cuestión —se dedicó a zurrar a ERC y hasta al PP por otros asuntos— y defendió que el lugar para discutir este tipo de propuestas es una subcomisión específica creada en el Congreso para estudiar una reforma de la ley electoral. Hasta ahora la aportación de este grupo ha sido la supresión del llamado voto rogado de los residentes en el extranjero. El diputado de EH Bildu Jon Iñarritu apostó una comida desde la tribuna a que esa reforma global de la ley no saldrá adelante en lo que resta de legislatura. “Y la pagaría con gusto”, apostilló.

Entre los partidarios de esta “ampliación de derechos” hubo abundantes menciones a los países que ya la han implantado —16, según los cálculos de Iñarritu, además de cuatro estados alemanes— y a las recomendaciones en ese sentido de organismos internacionales como el Consejo de Europa. Unidas Podemos ya llevaba esta medida en el programa electoral y su diputada Lucía Muñoz (otra de las más jóvenes, con 29 años) la consideró “una cuestión democrática de primer orden”. De entre los detractores, solo el PP se detuvo en presentar una argumentación de fondo. Al igual que los socialistas, los populares pusieron en liza a un veterano, José Antonio Bermúdez de Castro, quien alegó que la propuesta choca con el precepto constitucional que establece la mayoría de edad a los 18 años. Subrayó que el Consejo de Europa también ha pedido que, además del derecho al voto, se introduzca el derecho a ser elegido a esa edad y se preguntó: “¿Alguien querría un alcalde de 16 años?”.

El PNV tampoco cuestionó el fondo y, en una línea parecida a la del PSOE, su diputado Mikel Legarda justificó su abstención porque cree que una medida así solo se puede tomar por consenso y tras una “reflexión sosegada”. El portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, convirtió su intervención en una enmienda a la totalidad de la ley electoral, sin entrar en el asunto concreto. Vox también dio cancha a uno de sus diputados más juveniles, José María Figaredo (34 años), cuyos argumentos despertaron una mezcla de protestas e hilaridad en las bancadas opuestas. “Eso es lo que la izquierda ofrece a los jóvenes: ‘¡Votad a los 16 años!’, ‘¡consumid estupefacientes!”, clamó Figaredo, quien arremetió además contra la diputada proponente porque “ha vivido siempre de las mieles de la política”. Como Rosique ya no tenía derecho a réplica, se la hizo el socialista Zaragoza, quien recordó a Figaredo que ese justamente es el caso del líder de su partido, Santiago Abascal.

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Xosé Hermida

Es corresponsal parlamentario de EL PAÍS. Anteriormente ejerció como redactor jefe de España y delegado en Brasil y Galicia. Ha pasado también por las secciones de Deportes, Reportajes y El País Semanal. Sus primeros trabajos fueron en el diario El Correo Gallego y en la emisora Radio Galega.

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