Sin rastro de qué mató a la tía de Luis Lorenzo: los polvos “incriminatorios” eran sal, azúcar y bicarbonato

El informe de criminalística no halla cadmio en la casa y solo encuentra manganeso en los botes de tinte y pintura que había en la terraza del matrimonio acusado de envenenar a Isabel Suárez, de 85 años, por su herencia

Arancha Palomino y Luis Lorenzo a la salida del juzgado de Arganda del Rey el pasado 17 de junio, tras entender la Fiscalía que no tienen que ingresar en prisión provisional.
Arancha Palomino y Luis Lorenzo a la salida del juzgado de Arganda del Rey el pasado 17 de junio, tras entender la Fiscalía que no tienen que ingresar en prisión provisional.Antonio Gutiérrez (Europa Press)

La investigación judicial que dirige la titular del Juzgado de Instrucción número 9 de Arganda del Rey (Madrid) contra el matrimonio formado por el actor Luis Lorenzo y Arancha Palomino, acusados del presunto envenenamiento de la tía de esta última, Isabel Suárez (de 85 años), sigue sin dar con las pruebas del crimen. Según la investigación desarrollada por la Guardia Civil, la pareja habría matado a la anciana para beneficiarse de su herencia. Los investigadores acusaron a la pareja de asesinato tras tener los resultados de la autopsia, que establecía una muerte de etiología “homicida” por “intoxicación aguda con metales pesados”, concretamente cadmio y manganeso.

Sin embargo, el informe de criminalística al que ha tenido acceso EL PAÍS, concluye tras analizar los restos presuntamente incriminatorios recogidos por los investigadores del instituto armado en la vivienda del matrimonio donde falleció la anciana el 28 de junio de 2021, que los polvos sospechosos de ser veneno son, en realidad, “sal, azúcar, y bicarbonato”, descarta la presencia de cadmio en las pilas incautadas y solo encuentra manganeso en los botes de tinte y pintura hallados en la terraza de la casa.

“El polvo blanco recogido en la tela negra corresponde a sal (halita) y azúcar (glucosa). El polvo blanco adherido a la pila corresponde a bicarbonato potásico. En este último polvo se detectan mayores concentraciones de los metales zinc y níquel, compatibles con los componentes característicos del tipo de pila estudiado”, se lee en el estudio del laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil.

Isabel Suárez Arias falleció, tras vivir un calvario de desatenciones, tres meses después de llegar a Madrid desde Asturias en el coche de su sobrina: “Mi tía me cogió de la mano y me dijo que me dejaba a mí la herencia porque me la merecía”, ha declarado Arancha Palomino recientemente en una entrevista concedida a Telecinco. Tanto ella como su marido, Luis Lorenzo, se declararon inocentes de la muerte de la mujer, y el juez les dejó en libertad con la retirada de sus pasaportes y la obligación de personarse semanalmente en el juzgado.

En los tres meses que “la tía Isabel” estuvo en la casa de Arancha y Luis Lorenzo, ambos sin trabajo conocido desde 2015 y 2016 respectivamente, el matrimonio gastó —según recoge el atestado policial—23.000 euros de la cuenta de la anciana, con la justificación de “gastos de asistencia médica”. Su cuidadora (24 horas) cobraba 1.800 euros mensuales.

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La investigación judicial, que arranca por la denuncia de “desaparición” interpuesta en el cuartel de Avilés por un hermano de la difunta, y que desarrolla el Grupo de Homicidios de la comandancia de Madrid, concluye que su muerte fue “violenta” y que la causa es “una intoxicación con metales pesados (cadmio y manganeso)”, ya que el cadmio se encontraba en una cantidad 200 veces superior a la normal. Sin embargo, no explica ―como tampoco lo hace la autopsia— cómo pudieron llegar esos tóxicos a la sangre sin dejar rastro en su hígado ni en sus vías respiratorias.

Después de que el fiscal haya solicitado una segunda autopsia y a falta de que declaren los varios médicos que trataron a la anciana durante sus tres últimos meses de vida en Madrid, una segunda forense explicó en sede judicial que en algunos cadáveres, tras producirse un deceso, se genera un proceso natural de redistribución de los metales pesados que pasan a la sangre desde el hígado. El hecho de que no se produzca siempre ni en todos los cuerpos se debe a múltiples factores, desde ambientales hasta de hábitos de vida, según ha señalado en la vista la forense. Esa misma tesis —la de que la alta concentración de cadmio puede deberse a una reacción natural del cuerpo y no a un envenenamiento― la expuso, en una entrevista en EL PAÍS, el director del Instituto Nacional de Toxicología, basándose en estudios realizados en Estados Unidos y China.

La hipótesis del asesinato por envenenamiento con metales pesados, sin que estos dejaran rastro de su paso por el cuerpo de la fallecida y sin hallar restos de sustancias determinantes en la casa de los presuntos homicidas, parece que se diluye a medida que avanzan las indagaciones científicas. Y, con ello, el crimen parece desvanecerse. Los investigadores y la jueza tendrán que valorar si una posible negligencia en la administración de fármacos y unas desatenciones que rozan el maltrato y que han quedado acreditadas por numerosos testigos pueden ser suficientes para sostener esa acusación de asesinato.

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Sobre la firma

Patricia Ortega Dolz

Es reportera de EL PAÍS desde 2001, especializada en Interior (Seguridad, Sucesos y Terrorismo). Ha desarrollado su carrera en este diario en distintas secciones: Local, Nacional, Domingo, o Revista, cultivando principalmente el género del Reportaje, ahora también audiovisual. Ha vivido en Nueva York y Shanghai y es autora de "Madrid en 20 vinos".

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