El auge de Vox amenaza el plan de Casado para llegar a La Moncloa

Los barones reivindican su autonomía para decidir la relación con la extrema derecha en Castilla y León y Andalucía

El presidente de la Junta de Castilla y León y candidato a la reelección por el PP, Alfonso Fernández Mañueco, este sábado en Burgos.
El presidente de la Junta de Castilla y León y candidato a la reelección por el PP, Alfonso Fernández Mañueco, este sábado en Burgos.Santi Otero (EFE)

El PP ha vuelto al cuerpo a cuerpo con Vox. A veces en un extraño intercambio de papeles con la extrema derecha, que hace incursiones de oposición de Estado. Este viernes, por ejemplo, el portavoz parlamentario de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, aconsejó al partido de Pablo Casado “no exagerar” las críticas al Gobierno en Bruselas por el reparto de los fondos europeos o en general cuando viajan al extranjero porque puede perjudicar la imagen de España en el exterior. El secretario general del PP, Teodoro García Egea, le respondió acusando a su partido, que considera al Gobierno “ilegítimo”, de connivencia con el presidente socialista. Paradojas de la batalla en la derecha. Después de meses de ignorarles, el PP ha pasado al ataque contra los ultras, que vuelven fuertes en las encuestas. Los populares tratan de evitar que Vox sea decisivo en las próximas elecciones de Castilla y León y Andalucía y sortear así el delicado debate de definir su relación con la extrema derecha pensando en el futuro y en el plan de Pablo Casado para llegar a La Moncloa.

La previsible victoria del PP en Castilla y León y Andalucía, según las encuestas, esconde un posible regalo envenenado. Vox ha cambiado de estrategia después de haber caído en la irrelevancia en Madrid sin poner en muchos aprietos a Isabel Díaz Ayuso. En la precampaña de Castilla y León, Santiago Abascal acaba de advertir al PP de que no va a darle sus votos “gratis”. En el PP creen que eso significa que la extrema derecha va a pretender entrar en sus Gobiernos si tiene una fuerza significativa en los dos territorios como para exigirlo. La potencial candidata de Vox en Andalucía, Macarena Olona, ya ha lanzado el aviso de forma explícita: Andalucía, ha dicho, “será pionera, cuando en las próximas elecciones permita que Vox esté en el Gobierno, en la responsabilidad de gestión”.

Y, aunque Vox no logre los votos suficientes para exigir una coalición de Gobierno con el PP, el partido de Casado espera que la extrema derecha venda más “caros” sus votos. Lo previsible es que obligue a pagar su apoyo con sus políticas, lo que también pondrá a los populares en un brete. “Si el PP no acepta estas condiciones de Vox aparecerá como responsable de no gobernar, porque Vox no será tan tonto de ponerle un listón de máximos, sino de mínimos. El PP está obligado a aceptar lo que le pongan delante porque su dirección necesita demostrar que tiene opciones reales de ganar las generales, si no quiere ser cuestionada”, analiza un exalto cargo del Gobierno de Mariano Rajoy. Y advierte: “El daño para el PP es inevitable. Si acepta gobernar bajo las condiciones de Vox, porque Vox demostrará que es necesario para los sectores más conservadores. Y, si no acepta, porque quizá no gobierne y muestre así su debilidad material”.

El debate sobre gobernar o no con Vox está abierto en el PP. Para unos, tarde o temprano tendrá que suceder, y sería bueno hacerlo por un doble objetivo: “Moderarles y fagocitarles, igual que ha sucedido cuando Podemos ha entrado en el Gobierno con el PSOE”, defiende un dirigente de Génova. Para otros, esa posibilidad solo traería problemas. “Hay que intentar evitarlo a toda costa. Si los metes en el Gobierno ellos van a sufrir un desgaste importante, pero el PP también. Son incontrolables, y eso iba a generar muchas tensiones que la izquierda iba a aprovechar. Si gobernamos en alguna comunidad con Vox, la maquinaria del Gobierno se iba a poner a todo trapo con una campaña de que el PP va a gobernar con la ultraderecha. Y eso moviliza a la izquierda”, teme un presidente autonómico del PP.

Sin embargo, en Castilla y León, donde el dilema está más cerca, la posición es más pragmática. “Cambiará mucho en función del resultado. Si es el que nos gustaría, es decir, una mayoría suficiente, que la suma de votos de la izquierda sea menos que el PP, como ocurrió en Madrid, ahí Vox pasa a la irrelevancia. Porque, ¿qué van a hacer, votar lo mismo que Podemos en una investidura?”, apunta un dirigente de la máxima confianza de Alfonso Fernández Mañueco. “Ahora bien, si se hacen necesarios, tenemos un problema todos. Nosotros y ellos. Vox querrá entrar en el Gobierno para justificarse a sí mismo, y pedir, por ejemplo, la consejería de Educación, y nosotros no podemos dársela. ¿Qué hacemos? ¿Permitimos que el PSOE salga adelante? Escenario difícil para todos”.

En Andalucía, siguiente territorio en examinarse en las urnas, la tesis del PP es diferente. Pasa por evitar a toda costa un Gobierno con Vox. La comunidad es un feudo histórico del PSOE y Juan Manuel Moreno Bonilla sabe que tiene que evitar que la izquierda se movilice ante el temor a que los ultras entren en el Palacio de San Telmo. “No contemplamos ese escenario, aspiramos a repetir el Gobierno con Ciudadanos. Y de ahí no no vamos a mover”, señala un alto cargo muy próximo a Moreno Bonilla. El presidente andaluz está muy preocupado por lo que pase en Castilla y León, precisamente por la posibilidad de que la relación de Vox con el PP le perjudique activando a la izquierda. De ahí el “¡Por dios, sacad una mayoría suficiente!”, que pidió a sus colegas el pasado fin de semana en el congreso de Castilla y León. El barón popular va a tener en cuenta el resultado del 13 de febrero para tomar la decisión del adelanto porque “las olas y las tendencias son muy influyentes”, indican en su entorno.

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Casado no quiere gobernar con Vox ni que los Gobiernos autonómicos le dificulten su carrera a La Moncloa coaligándose con Santiago Abascal. Pero la pregunta es hasta dónde llegará su autoridad para imponer una negativa a Vox si los barones populares temen perder el poder. Las cosas han cambiado mucho desde hace tres años, cuando Génova negoció desde Madrid los dos Gobiernos con Ciudadanos. Ahora, el PP andaluz reivindica su “absoluta autonomía” con respecto a la dirección nacional para tomar estas decisiones. En Castilla y León, dirigentes cercanos a Mañueco aseguran que “pondrá sus límites”. Y en un escenario en el que los intereses de Casado y los de los barones no coincidan, la incógnita es de qué lado se inclinará la balanza.

Sobre la firma

Elsa García de Blas

Periodista política. Cubre la información del PP después de haber seguido los pasos de tres partidos (el PSOE, Unidas Podemos y Cs). La mayor parte de su carrera la ha desarrollado en EL PAÍS y la SER. Es licenciada en Derecho y en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid y máster en periodismo de EL PAÍS. Colabora como analista en TVE.

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