La Reina se construye una agenda propia

La Constitución solo dice lo que no puede hacer la esposa del jefe del Estado. Lo que puede hacer hay que inventarlo

Miguel González
Asunción (Paraguay) -
La Reina charla con mujeres indígenas durante su visita al barrio de Bañado Sur, en Asunción (Paraguay).
La Reina charla con mujeres indígenas durante su visita al barrio de Bañado Sur, en Asunción (Paraguay).Ballesteros (EFE)

Los servicios de prensa de la Casa del Rey no informan de los vestidos que luce la Reina. Saben que a ella no le gusta que la ropa que viste eclipse el trabajo que realiza. Tampoco hace falta. Las firmas de moda se ocupan de que se sepa en cuanto se pone uno de sus modelos, del que se agotan rápidamente las existencias. La Zarzuela es consciente del dinero que mueve la imagen de doña Letizia y solo informa de su atuendo cuando está vinculado a alguna iniciativa a promocionar, como la APRAM (Asociación de Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida). Cuando, en palabras de un responsable de la casa, “la ropa es el mensaje”. Como esta semana en Paraguay.

La Constitución española dedica un artículo al papel de la Reina consorte, el 58, y lo único que dice es lo que no puede hacer: “No podrá asumir funciones constitucionales, salvo lo dispuesto para la Regencia”; es decir, la posibilidad de sustituir al Rey en caso de fallecimiento de este durante la minoría de edad de la Princesa de Asturias.

En España no existe el estatuto de primera dama, por lo que la esposa del jefe del Estado debe inventarse su oficio. Doña Letizia ha heredado de la reina Sofía la presidencia de honor de varias ONG (Cruz Roja, Unicef, FAD), ha aceptado cargos representativos en algunas (como la FAO) y se ha implicado en otras sin asumir ningún puesto (como la Federación Española de Enfermedades Raras). Cuenta para sus actividades, unas 200 al año (la mayoría compartidas con el Rey), con una reducida secretaría, que dirige el general de división José Manuel Zuleta, aunque se apoya en el aparato de protocolo, seguridad o prensa de la Casa Real. Además, recibe una asignación de 163.000 euros anuales, que le otorga el Rey.

A doña Letizia, según sus colaboradores, no le gustan los cargos decorativos. Aunque la fuente no sea muy imparcial, está claro que su carácter encaja mal con un papel meramente ornamental. Basta observarla para comprobar que, cada vez puede, pregunta, indaga, comenta. Habla con las manos tanto como con los labios y, a sus 49 años y siete de reinado consorte, no ha perdido la pasión, aunque ha ganado en seguridad y contención.

Desde que en 2017 se firmó el pacto de Estado contra la Violencia de Género”, subrayan fuentes de La Zarzuela, la Reina se ha implicado personalmente en la lucha contra esta lacra y ha participado en 110 actividades relacionadas con la misma. La fecha es importante porque la Reina no puede apoyar iniciativas que no susciten consenso político. El problema es que desde entonces ha irrumpido un partido que rompe ese consenso. Y no solo ese: Vox también se desmarca de los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, que guían la ayuda humanitaria española.

La Reina sube sin maquillar y con un jersey amplio y cómodo al avión A330 que el martes 2 de noviembre la lleva a Paraguay. Los viajes internacionales de cooperación son la parte más visible de su agenda propia y ya es el sexto que realiza desde la entronización de Felipe VI. Son 14 horas de vuelo y lleva como lectura un informe de la APRAM sobre las redes de trata. Uno de cada cinco embarazos en el país sudamericano es de menores de 15 años y cada día se presentan siete denuncias por abusos sexuales infantiles, la mayoría por parte de parientes. En el origen del problema hay una institución ancestral, el criadazgo: familias rurales entregan sus hijas a hogares acomodados que les dan techo, comida y escuela a cambio de servicio doméstico, explica Aníbal Cabrera, de la Coordinadora de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia, tras conversar con la Reina. Muchas acaban siendo víctimas de trabajo esclavo y abusos sexuales y resultan presa fácil para las redes de trata. Sus tentáculos llegan hasta España: la Operación Apia, entre las policías de los dos países, desarticuló en octubre una banda de proxenetas que traficaba con adolescentes.

En Asunción, doña Letizia es recibida a pie escalerilla por la primera dama, Silvana Abdo. La Reina baja del avión con pantalón, camisa blanca y el chaleco rojo de la cooperación española. Al día siguiente, la diputada Celeste Amarilla, del Partido Liberal, en la oposición, carga en el Parlamento contra el atuendo de la “periodista devenida en Reina”. “Merecíamos uno de los vestidos que usted guarda en su clóset, no el chaleco que usan su guardia y su secretaria”, le reprocha. Uniformes Fabricato, una pyme paraguaya a la que la cooperación española encargó los chalecos, sale en defensa de su producto y de quien lo porta.

En menos de 48 horas, la Reina visita la Oficina Técnica de Cooperación en Asunción, el centro de atención integral de la mujer en Encarnación (que facilita diagnóstico precoz de cáncer de mama y útero), la escuela taller de la misma ciudad, las misiones jesuíticas de Trinidad del Paraná y Jesús de Tavarangüé, el centro cultural Juan de Salazar y el Centro de Atención Familiar del Bañado Sur, todos ellos con financiación española.

Aunque no use esa palabra, la mayoría de las iniciativas patrocinadas por la Reina tienen cariz feminista: se trata de fortalecer a las mujeres para que no sean presa vulnerable de la violencia de género en sus múltiples formas: agresión física o psicológica, abusos sexuales, esclavitud laboral o prostitución.

El Bañado Sur, que se inunda periódicamente con las crecidas del río Paraguay, es uno de los barrios más miserables de Asunción. Muchos de sus 25.000 habitantes viven del gigantesco vertedero que tienen por vecino. Algunos con creatividad, como las nueve mujeres que trabajan en el taller Cateura, que no solo comparte nombre con el basurero sino que aprovecha sus deshechos para producir joyas. La Reina y la primera dama paraguaya se llevan dos collares hechos de latón, cable y cobre reciclados.

En la Escuela Taller, doña Letizia interroga a Jessica y Majali, dos chicas de 19 y 21 años que dejaron la escuela y hacen un curso de cocina para colocarse en el sector turístico. “Es muy humilde”, dice Jessica. “Y muy amable”, apostilla su compañera, sorprendida de que una Reina se haya metido hasta la cocina donde aprenden a preparar unas tortas de maíz. Al despedirse, doña Letizia les dice: “La cooperación española va a seguir aquí y no os va a abandonar”. No es una promesa, que la Reina no puede hacer, sino una noticia. A su lado, la secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Pilar Cancela, asiente.

El viaje acaba con un almuerzo en el palacio presidencial. Contra lo que muchos esperan, la Reina acude con el chaleco de cooperante. Nadie la fotografiará en Paraguay con otro atuendo que no sea el uniforme del trabajo que ha venido a hacer. Por su parte, la firma paraguaya ha multiplicado en pocos días las ventas de una prenda, según su publicidad, “ideal para guardias, secretarias y reinas”.

El viaje real desbloquea un crédito de 175 millones

El viaje de la Reina ha ayudado a desbloquear un crédito de más de 175 millones de dólares (de los que 105 serán aportados por el Banco Interamericano de Desarrollo y 10 por la UE) para acometer obras de alcantarillado y saneamiento en la cuenca del Lambaré, en los suburbios de Asunción, lo que beneficiará a una población de medio millón de personas. El crédito del Fonprode (Fondo para la Promoción del Desarrollo) español, por 60 millones, está aprobado desde octubre del 2020, pero el Gobierno paraguayo no ha dado luz verde hasta ahora por su temor a endeudarse aunque sea a un tipo de interés muy bajo. Paraguay ronda los 5.000 dólares de renta 'per capita' (con una desigualdad social abismal), lo que le ha convertido en un país de renta media y ha ahuyentado a muchos donantes, como Alemania. España, que ha destinado 300 millones de euros al país en los últimos 30 años, se ha comprometido a invertir 142 millones en el actual marco de asociación 2020-2023, aunque la ayuda va girando cada vez más desde las donaciones a los créditos, lo que supone un cambio de paradigma.

 

Sobre la firma

Miguel González

Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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