Ione Belarra

El Podemos de Belarra: coral, feminista y menos madrileño

La sucesión de Iglesias se culmina tras un proceso exprés y sin debates profundos

De izquierda a derecha, Noelia Vera, Ione Belarra (candidata), Isa Serra y Lilith Verstrynge, este sábado en Alcorcón (Madrid). En vídeo, Belarra defiende que Podemos es un "ejemplo de esencia democrática".(EUROPA PRESS)

Podemos cierra este domingo la crisis abierta tras la renuncia de Pablo Iglesias la noche electoral del 4 de mayo. La formación heredera política del 15-M culmina su Cuarta Asamblea Ciudadana para elegir al próximo secretario general del partido tras un proceso rápido —de poco más de un mes—, sin tiempo para un debate en profundidad, como reclamaban algunas voces dentro de Podemos, ni alternativas de peso a la candidatura de la ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra. “Con la marcha de Pablo, era importante que tuviéramos dirección cuanto antes”, defendía el portavoz parlamentario y número siete de su lista, Pablo Echenique, durante una entrevista el pasado viernes.

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Aunque el exvicepresidente de España ya no está y la organización ha descartado que acuda presencialmente al cierre del acto, su figura ha sobrevolado la campaña. En cada uno de sus mítines, la principal aspirante incluía una mención de agradecimiento. Incluso uno de los dos candidatos que compiten contra Belarra, Esteban Tettamanti, pidió este sábado el aplauso de los militantes “en reconocimiento” a su labor.

El documento político con el que la ministra se presenta al cargo también se refiere a él. La titular de Derechos Sociales considera la salida de Iglesias una “decisión política”, no “personal”, que “abre una oportunidad” para el futuro del partido. “Nuestra fuerza política debe dejar atrás la fase protagonizada por el liderazgo y la personalidad de Pablo”, se lee en su documento, que añade que esta ha culminado con “éxitos indiscutibles”. “Pero a partir de ahora, y precisamente para ser coherentes con su legado, es necesario construir un nuevo Podemos, con un protagonismo más colectivo, cuyo liderazgo sea asumido mayoritariamente por compañeras y que represente una España que es mucho más que Madrid”, expone el texto. En otras palabras, poner en práctica una forma de hacer política “más feminizada, coral y plurinacional, lejos de las lógicas de competición y desgaste que intentan atribuirnos”, explica.

En su lista, la ministra se ha rodeado del núcleo fundamental de la actual dirección, pero los seis primeros puestos están ocupados por mujeres. Irene Montero, la titular de Igualdad, repite como número dos, seguida de la secretaria de Estado Noelia Vera y la portavoz Isa Serra, que esta semana renunció a su escaño en la Asamblea de Madrid pendiente de una sentencia del Tribunal Supremo por su participación en un desahucio en 2014.

El Podemos de Belarra, como propone el documento y ella misma ha defendido durante la campaña, busca también ampliar su estructura en los territorios —una de las principales debilidades del partido frente a la extensa red que poseen el PSOE o el PP—, dar mayor peso a la militancia, fortalecer el espacio confederal —tarea para la que contará con la vicepresidenta Yolanda Díaz— y apostar por las alianzas, tanto con otras fuerzas políticas como con los movimientos sociales, una de las señas de identidad de los primeros años y que poco a poco se ha ido diluyendo.

Nuevo código ético

El llamado documento ético que entrará en vigor si gana la candidatura de Belarra plantea algunos cambios respecto al código actual. Uno de ellos se refiere al “compromiso de renuncia al cargo” en caso de ser “procesado o condenado”. Si existe un “contexto de acoso judicial con intenciones políticas (lawfare) y alejado del derecho”, señala, se aplicarán “las matizaciones necesarias”. Esto afectaría a situaciones como la de Serra o la del secretario de Organización en funciones, Alberto Rodríguez, que será juzgado en el Supremo por agredir supuestamente a un policía durante una manifestación. Hasta ahora, además, se establecía la “obligación de no percibir ninguna remuneración” al abandonar un cargo, algo que se permitirá en caso de que estas prestaciones “sustituyan” el derecho a paro, como ocurre con la que puede cobrar Iglesias durante 14 meses al haber dejado el Gobierno.

Al cierre de urnas —la votación era telemática y finalizaba a las seis de la tarde del sábado— habían participado 53.500 inscritos de un censo total de 139.000 (el 38,5%). Estaba en juego la elección del próximo secretario general, los miembros del Consejo Ciudadano y los de la Comisión de Garantías Democráticas. La parte presencial de Vistalegre IV, como se conoce a la Asamblea, comenzó por la mañana en un auditorio al aire libre y con una jornada un tanto descafeinada. La propia Belarra no acudió a defender su candidatura, un hecho criticado por Tettamanti, concejal de San Lorenzo de El Escorial (Madrid). La ministra respondió en declaraciones a los periodistas más tarde: “Quien no entienda que en la nueva etapa de Podemos estamos en un momento [en] que tenemos que apostar por la coralidad y el feminismo, es que no ha entendido absolutamente nada”. El otro aspirante a la secretaría general es Fernando Barredo, militante crítico de Castilla La-Mancha que ya se presentó contra Iglesias en el congreso del año pasado. Su intervención, muy dura con la actual Ejecutiva, denunció la falta de “democracia” en el proceso ante el abucheo de buena parte del público. “Sí, se puede”, concluyó Barredo. “Contigo, no”, respondían coreando desde las gradas.

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