FRONTEX

España presiona para ganar poder en Frontex

Interior presenta a un policía español como candidato a uno de los puestos directivos cruciales de la agencia europea de fronteras

Agentes de Frontex observan a dos migrantes en Puerto del Rosario (Fuerteventura) el 28 de mayo.
Agentes de Frontex observan a dos migrantes en Puerto del Rosario (Fuerteventura) el 28 de mayo.Carlos de Saá / EFE

España presiona para colocar a un español en el más alto escalafón de Frontex, la agencia europea de fronteras. El Ministerio del Interior ha presentado un candidato al que quiere convertir en uno de los tres directores adjuntos de la agencia y con él ganar influencia en la toma de decisiones que perfilarán la estrategia de la UE frente a la inmigración irregular. Aunque no lo tiene fácil, el objetivo a medio plazo, según fuentes conocedoras de la negociación, es que el candidato español se perfile como el próximo director de Frontex.

El ministro Fernando Grande-Marlaska es parte de esta campaña y así se lo transmitió al director de Frontex, el francés Fabrice Leggeri, en una carta enviada el pasado 23 de mayo a la que ha tenido acceso EL PAÍS. La misiva, además de rechazar el ofrecimiento de apoyo por parte de la agencia ante la crisis en Ceuta, abría una vía de persuasión para ganar poder en Frontex: “Continuaremos negociando, a nivel operativo y técnico, para encontrar el espacio idóneo que nos permita elevar nuestra participación en el futuro de la agencia, en sus distintos niveles de toma de decisiones y ejecución de acciones. Estoy seguro de que el valor que añade España a los desafíos comunes que nos afectan será tenido en cuenta para satisfacción de todos”.

Leggeri, sin embargo, no es quien elige a sus segundos. Por eso la presión que ejercen varios departamentos del Gobierno español se dirige a los miembros del Consejo de Administración de la agencia, donde altos mandos policiales de los Veintisiete —entre ellos dos españoles, uno de la Policía y otro de la Guardia Civil— defienden los intereses de las capitales y donde hay también dos representantes de la Comisión Europea. Fuentes conocedoras del proceso señalan, sin embargo, que España podría presionar más de lo que lo está haciendo.

España, a pesar de ser una de las principales puertas de entrada de la UE para la inmigración irregular, lleva años perdiendo influencia en la mayor agencia europea en términos de personal y presupuesto. Desde finales de 2015, cuando Gil Arias dejó el cargo de director adjunto, hay que bajar al cuarto escalón de mando para encontrar un representante español. La aspiración ahora es ocupar una dirección adjunta crucial, la que ostenta la gestión y el mando operacional de los 10.000 agentes armados que la agencia, con sede en Varsovia, pretende reclutar hasta 2027.

El candidato español es el inspector jefe de Policía Ramón Navarro Franch, experto en cooperación policial internacional que ejerció de enlace del Ministerio del Interior en Níger y Libia, países cruciales en las rutas migratorias hacia Europa. En la actualidad, Navarro, que al teléfono ha rechazado hablar con El PAÍS, ocupa el puesto de oficial de enlace de Frontex en Senegal, otro país estratégico en la ruta migratoria desde el continente africano hacia España, especialmente hacia el archipiélago canario, donde desde 2019 han llegado más de 30.000 migrantes. Pese a que la negociación sigue abierta, fuentes de la agencia ven muy complicado el nombramiento del español, ya que compite con otros candidatos de grandes socios como Alemania, los países nórdicos o el grupo de Salzburgo (Austria, Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia). Los otros dos puestos directivos, ahora vacantes, están en liza entre Italia y Portugal, según las mismas fuentes. El proceso de selección, no obstante, no comenzará hasta septiembre, según un portavoz de Frontex.

Recelo español

Con el movimiento de Interior, España busca influir en las decisiones que se toman desde la agencia y que, aunque la afectan directamente, no siempre tienen en cuenta los intereses del país. La relación de España con Frontex no es fácil y arrastra desencuentros por espacios de poder desde hace años. La agencia, que está en plena fase de crecimiento e influencia en la política migratoria europea, quiere, por su lado, un papel más relevante en las fronteras exteriores de España —como en Ceuta o Melilla y Canarias—, pero las fuerzas de seguridad españolas se resisten a que oficiales extranjeros se inmiscuyan en sus competencias. Los agentes españoles se quejan a menudo del desconocimiento de la realidad migratoria española que los enviados de Frontex —oficiales jóvenes, en ocasiones con poca experiencia y de países con realidades y culturas tan diferentes como Letonia, o Finlandia— demuestran sobre el terreno, y su falta de operatividad. Esto último acaba de ser constatado por el Tribunal de Cuentas de la UE en un durísimo informe en el que tacha a la agencia de “ineficaz”.

El recelo español, reflejado en parte en ese informe, se traduce en el limitado despliegue que Frontex tiene en sus fronteras. De los grandes países mediterráneos, España es el que menos presencia de la agencia mantiene. Hay tres operaciones, una en el Estrecho y el mar de Alborán (Operación Indalo), otra menor en Canarias, y la que se pone en marcha cada año por estas fechas con la Operación Paso del Estrecho (Minerva), aun cuando Marruecos excluye a los puertos españoles. Frontex despliega para todas ellas alrededor de 200 efectivos, dos aviones, un helicóptero y un barco y un presupuesto superior a los 16 millones de euros en 2020.

La agencia atraviesa la peor crisis de reputación de su historia. Entre los frentes que tiene abiertos hay una investigación del Parlamento Europeo sobre posibles violaciones de derechos humanos en el mar Egeo y está previsto que el informe final que elabora un reducido grupo de eurodiputados y expertos sobre estas presuntas malas prácticas de miembros de la agencia vea la luz a finales de mes o a principios del que viene. Con todo, Leggeri renovó hace poco su mandato y es previsible que se quede al frente hasta 2025. Eso, si consigue esquivar cada escándalo que prácticamente cada mes aparece contra la agencia.

Con información de Guillermo Abril.

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