CRISIS MIGRATORIA

Bruselas advierte a Marruecos de que bajar la guardia en el Estrecho pone en cuestión las ayudas europeas

Rabat ha recibido más de 13.000 millones de euros desde 2007 en programas de cooperación, incluidos los destinados a mejorar el control de los flujos migratorios

Dos de los menores que entraron solos en Ceuta, el jueves, en un centro temporal. En vídeo, atención a cientos de niños y adolescentes, el martes. FOTO: BERNAT ARMANGUE / AP | VÍDEO: REUTERS

A medio camino entre la crisis diplomática y la crisis migratoria, Bruselas opta por el silencio en el contencioso por la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, pero a la vez cierra filas con Madrid por el lado migratorio. La Comisión Europea ha advertido a Rabat de que bajar la guardia en el Estrecho puede poner en entredicho la multimillonaria asistencia financiera europea a Marruecos, según asegura a EL PAÍS una alta fuente comunitaria. Bruselas ha ofrecido a España ayuda a todos los niveles y aplaude “la rápida y efectiva reacción” de las autoridades españolas, según las mismas fuentes. El brazo ejecutivo de la UE ha entablado contactos diplomáticos con Rabat para frenar las entradas de migrantes y, de paso, para advertir de que un nuevo episodio como el de Ceuta, lejos de aumentar el calibre de las ayudas, pondría en cuestión esa relación privilegiada que convierte a Marruecos en uno de los grandes receptores de ayudas a cambio de taponar las migraciones.

La Comisión recuerda que el país africano se ha convertido en los últimos años en un socio privilegiado de la UE, con una asistencia financiera por diferentes vías que supera los 13.000 millones de euros desde 2007. Rabat, además, aspira a un incremento de ese flujo financiero aprovechando que en los nuevos presupuestos de la UE para 2021-2027 se ha incluido un instrumento de apoyo dotado con 79.500 millones de euros, del que casi una cuarta parte será para los países vecinos de la UE, más un colchón de 9.500 millones para intervenciones de emergencia.

El rey de Marruecos, Mohamed VI, en el rezo en una mezquita de Fez durante el Ramadán, el pasado 9 de mayo.
El rey de Marruecos, Mohamed VI, en el rezo en una mezquita de Fez durante el Ramadán, el pasado 9 de mayo.Pool/ABACA / GTRES

Fuentes de la Comisión Europea indican que ya se ha advertido a Rabat de que la repetición de episodios como los de esta semana en la frontera con Ceuta no sería un buen negocio para Marruecos. La dura reacción europea obedece a la nueva estrategia comunitaria para la gestión de los flujos migratorios, que pretende ligar la cooperación con terceros países a compromisos en el control de fronteras. El desafío marroquí ha coincidido con ese endurecimiento y ha provocado una reacción europea que probablemente Rabat no había calculado de manera precisa.

“Los países terceros, de origen y de tránsito [de la migración], tienen que entender que para nosotros la migración será central en nuestras relaciones de partenariado en los años que viene”, recalcó el miércoles el vicepresidente de la Comisión Europea Margaritis Schinas, en referencia a la crisis entre España y Marruecos, durante una intervención en el Parlamento Europeo.

La advertencia de Schinas remata el aluvión de pronunciamientos de las autoridades comunitarias en apoyo de España ante la crisis migratoria ceutí. “Las fronteras españolas son fronteras europeas”, han repetido el presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, o la presidenta de la Comisión, la alemana Ursula Von der Leyen. Y varios comisarios europeos han hablado ya con las autoridades marroquíes para encauzar la crisis.

Compromiso reciente

Rabat se comprometió hace dos semanas, en una conferencia organizada por Portugal, a colaborar con las autoridades europeas para evitar que los flujos migratorios aumenten cuando la pandemia empiece a mejorar. Hace un mes hubo un segundo contacto bilateral entre Bruselas y el país africano en el que las autoridades marroquíes lanzaron el mismo mensaje de tranquilidad. Pero la crisis en Ceuta ha encendido todas las alarmas. Las fuentes consultadas en las instituciones temen las consecuencias de la acogida de Gali por parte de España, así como el recorrido judicial de las causas abiertas contra el líder del Polisario en la Audiencia Nacional.

Por ese lado se impone un silencio hermético, pese a que España confía en que Alemania se alinee claramente a su favor. Por el lado migratorio, en cambio, Bruselas ha sido meridianamente clara: “Europa no aceptará chantajes”, ha avisado el vicepresidente Schinas en las últimas horas. Y la Comisión lanza ahora esa advertencia respecto a los futuros paquetes de ayudas europeos si se reproducen ese tipo de episodios.

“La instrumentalización de los refugiados para obtener concesiones no es nueva, pero abre un escenario preocupante, en pleno debate sobre el sistema de asilo y con el pacto con Turquía a punto de renovarse. El sistema diseñado por la UE, que se basa en externalizar en parte las fronteras en países como Marruecos y Turquía, es propenso al chantaje”, según el análisis del think tank Eurointelligence. “Las tensiones entre Marruecos y España difícilmente terminarán provocando una crisis”, añade Ahmed Morsi, analista de Eurasia Group, “pero a medio plazo pueden resurgir las tensiones, después de que Rabat se haya envalentonado tras el reconocimiento de Trump de su control sobre el Sáhara”.

El precedente de Turquía

Marruecos parece intentar repetir la jugada de Turquía. Hace ya un lustro, unos cinco millones de sirios cruzaron tierras turcas camino de Europa, huyendo de la guerra. Ante la dimensión de la crisis de refugiados, la UE llegó a un polémico acuerdo con Recen Tayyip Erdogan que redujo la presión sobre las fronteras europeas a cambio de 3.000 millones de euros en ayudas para el mantenimiento de los refugiados en suelo turco. Al igual que en su día Muammar Gaddafi, Erdogan ha amenazado en diversas ocasiones con abrir las puertas a los refugiados para que sigan camino hacia Europa, con el objetivo de aumentar la factura de la UE.

Rabat ha expresado su malestar por el hecho de que España acogiera al líder del Frente Polisario Brahim Gali, pero de paso está presionando para sacar adelante un acuerdo similar al de Turquía, sostienen las fuentes consultadas. En los grandes países europeos, sin embargo, no hay ningún tipo de apetito por abrir ese melón. “No hay consenso político para un acuerdo Turquía 2. Los gobiernos europeos no tienen ahora mismo la fuerza suficiente: el de Turquía es un pacto que ha funcionado relativamente bien, pero fue y es un acuerdo muy controvertido”, explica una fuente diplomática. “Marruecos tendrá que pensar si le conviene repetir ese episodio tras la efectiva reacción española y el inequívoco apoyo europeo hacia España, pero no se puede descartar un nuevo episodio antes del verano”, según las mismas fuentes.

Bruselas ha ofrecido todo tipo de ayuda a España e incluso propone una visita de Margaritis Schinas a Ceuta. Pero por ahora La Moncloa prefiere gestionar la crisis en solitario, con las declaraciones de apoyo europeas que se han repetido estos días. Como en el caso de Canarias, España no quiere de momento a agentes de Frontex en sus aguas.

La Comisión, además, cree que el episodio de Ceuta, como los anteriores en las islas españolas, en aguas griegas y en Lampedusa, dejan clara la necesidad de renovar el pacto migratorio de la UE, empantanado por las divergencias entre el Sur, el Norte y el Este de Europa. La propuesta de Bruselas no gusta a los socios del Este porque exige demasiada solidaridad, ni a los países del Mediterráneo, que estiman que la solidaridad se queda muy corta. “Ese acuerdo migratorio va a ser tan difícil como lo fue introducir la moneda única”, indican fuentes de una de las grandes cancillerías europeas.

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