GOBIERNO DE COALICIÓNAnálisis
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La coalición queda amarrada

En el legado de Iglesias queda la plasmación de un Gobierno de coalición en la izquierda, ajeno a la cultura política de la que procede

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, posa junto a las cuatro vicepresidentas de su Gobierno: Yolanda Díaz, Carmen Calvo, Nadia Calviño y Teresa Ribera.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, posa junto a las cuatro vicepresidentas de su Gobierno: Yolanda Díaz, Carmen Calvo, Nadia Calviño y Teresa Ribera.Kiko Huesca / EFE

Las bases están puestas para que el Gobierno de coalición no sufra alteraciones sustanciales por la salida del vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. Las discrepancias que han mantenido las dos partes —socialistas y Unidas Podemos— se mantienen. Sus ministros mantendrán las demandas que Iglesias no ha podido resolver: derogación de la reforma laboral y Ley de Vivienda. La vicepresidenta tercera y ministra de Trabajo y Economía Social será a quien corresponda discutir los asuntos propios y, llegado el caso, los de sus compañeros. Es lo que hacía Pablo Iglesias, aunque con pocos resultados en los últimos tiempos.

En el legado de Iglesias queda la plasmación de un Gobierno de coalición en la izquierda, ajeno a la cultura política de la que procede. Debe compartir esta impronta con Pedro Sánchez, cuyo partido ha sentido siempre un profundo rechazo a sentar en el Consejo de Ministros a representantes que estuvieran o se reclamaran de la izquierda.

“Desde diferentes visiones en el Gobierno de coalición ha prevalecido siempre la unidad, la responsabilidad y el interés general”. Este fue el broche que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, puso este martes a la salida de Iglesias y a la entrada de Ione Belarra como ministra de Asuntos Sociales, así como al resto de cambios en el Ejecutivo, mínimos. Tan solo, para elevar la vicepresidencia de Nadia Calviño —de tercera a segunda— y adjudicarle la tercera a Yolanda Díaz. En la inmensa mayoría de las disputas de la coalición ha sido el criterio de la parte socialista el que ha prevalecido. Acaso quien ha salido mejor parada en todas las fricciones ha sido Yolanda Díaz, a quien el presidente del Gobierno solo podía acabar apoyando tras presentarle sus acuerdos con empresarios y sindicatos.

Las disputas tienen nombre y contenidos, normas en las que discrepan, pero dentro del Consejo de Ministros se reconoce a Pablo Iglesias haber propiciado la entrada del activismo en las instituciones. Ahora tiene el reto de combinar la propuesta y la protesta.

Ambas cosas no las podía hacer. Y cuando lo hacía, alimentaba animadversiones y resquemores dentro y fuera del Consejo de Ministros. En Podemos se quedan con que su presencia ha obligado al PSOE a estar un paso más a la izquierda del partido. Iglesias también ha señalado a una mujer, Yolanda Díaz, como candidata a la presidencia del Gobierno si los adscritos así lo deciden. Él se dedicará al partido y recobra mayor autonomía para hacer política al estar fuera del Ejecutivo. Pero su partido seguirá dentro. Ambas partes tendrán que cabalgar no pocas contradicciones para mantener la coalición.

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