Vox pide el cierre de los centros que acogen a menores extranjeros solos

El partido ultra convierte el rechazo a los inmigrantes en uno de los ejes de su campaña electoral catalana

Centro de acogida de menores inmigrantes de la Asociación Coliseo en Gran Canaria, en noviembre pasado.
Centro de acogida de menores inmigrantes de la Asociación Coliseo en Gran Canaria, en noviembre pasado.Quique Curbelo

Vox quiere cerrar los centros de acogida para los menores extranjeros que se encuentran solos en España. El compromiso de plantear la clausura de estos centros lo ha asumido el candidato ultra a la Generalitat de Cataluña, Ignacio Garriga, aunque su partido ya lo propuso el pasado verano en Asturias. Vox no explica qué hará con esos menores; solo dice que hay que repatriarlos, lo que en la mayor parte de las ocasiones resulta inviable. La Generalitat catalana asegura que tiene acogidos a 4.258 menores extranjeros, aunque esta cifra no cuadra con los 13.796 que da la Fiscalía para toda España.

Vox ha dado un paso más en la criminalización de este colectivo, al que siempre se refiere por el acrónimo de menas (menores inmigrantes no acompañados) y no por su condición de niños o adolescentes. Garriga se ha comprometido a plantear su clausura en el Parlamento catalán, al que aspira a entrar en las elecciones previstas para el 14 de feberero. Hasta ahora, Vox se había limitado a rechazar la apertura de nuevos centros, exigir que ningún inmigrante ingresara en ellos hasta que se verificase su edad o a pedir la clausura de alguno en concreto.

El cierre de todos ellos plantea una serie de problemas ante los que Vox propone la repatriación como única alternativa. Esta requiere, en primer lugar, como con cualquier inmigrante irregular, que se le documente y el país de destino acepte recibirlo. Además, al tratarse de menores, hay que localizar a sus familiares o tutores y garantizar que estos les darán la protección a la que tienen derecho, según la Convención de los Derechos del Niño de la ONU. La Administración ejerce la tutela de estos menores y dejarlos sin protección podría acarrear responsabilidad penal.

Vox ha hecho del rechazo a la inmigración uno de los ejes de su campaña al Parlament. El pasado día 4, Garriga visitó la localidad de Salt (Girona), donde denunció que “la inmigración ilegal ha arrebatado el barrio a los vecinos” y asimiló a los inmigrantes con okupas y delincuentes. Por su parte, el eurodiputado Jorge Buxadé, acudió el día 10 a El Vendrell (Tarragona), donde aseguró que alguno de sus barrios había sido “degradado por la inmigración radical islámica” y criticó al Ayuntamiento por legalizar una mezquita.

El líder del partido, Santiago Abascal, realizó en la primera semana de diciembre una gira por Canarias, escenario en los últimos meses de una oleada de pateras, donde insistió en que la Armada debe montar una operación para impedir la llegada de embarcaciones con inmigrantes. Abascal pidió que un inmigrante que entre irregularmente en España no pueda ser nunca regularizado; de forma que, si no se le puede devolver a su país, quedaría condenado a vivir del trabajo negro o la delincuencia. Además, exigió que se retiren las subvenciones públicas a las ONG que les prestan ayuda, porque a su juicio fomentan el efecto llamada, y se les retire la asistencia sanitaria gratuita.

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Vox cree que el rechazo a la inmigración puede granjearle el apoyo de un sector de la población catalana. No en vano, antes de que el partido ultra irrumpiese en el panorama español, un grupo xenófobo autóctono, Plataforma per Catalunya (PxC), llegó a obtener 65.905 votos y 67 ediles en las municipales de 2011. Dirigentes de PxC, como Juan Garriga y Monica Lora, pendientes de sentarse en el banquillo por un presunto delito de odio, desembarcaron en Vox y se hicieron con el poder del partido en la provincia de Barcelona. En Salt, la localidad que visitó Garriga, Vox obtuvo su mejor resultado de las pasadas elecciones municipales en Cataluña: el 12,8% de los votos y tres concejales. Todos sus ediles proceden del partido xenófobo.

Prueba de la importancia que Vox da a las elecciones catalanas es que ha hecho algunas concesiones contrarias a sus principios: por primera vez ha designado un candidato a la Generalitat, a pesar de que el partido ultra propone la supresión de la autonomía y ni siquiera tiene organización autonómica; y su portavoz en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, se ha dejado ver en Barcelona con una mascarilla con la senyera junto a la rojigualda. Ninguno de estos gestos han servido para apaciguar a los bárbaros del otro extremo ideológico: Vox ha denunciado que sus sedes en Lleida y Girona han sido vandalizadas con pintadas, al igual que el coche del presidente del partido en la primera de dichas provincias.

Abascal enfría la euforia de un 'sorpasso' al PP

Vox intenta enfriar la euforia ante las encuestas que apuntan que podría superar al PP en las catalanas, convirtiéndose en la primera fuerza nacionalista española del Parlament. Su líder, Santiago Abascal, teme que partir como favorito les pase factura con unos resultados que, aunque buenos, defrauden las expectativas. Por eso, califica de “éxito” entrar al Parlament y “gran éxito” tener grupo parlamentario propio (cinco diputados)

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Sobre la firma

Miguel González

Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.

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