El 'caso 3%'

Osácar, de leal a arrepentido

El discreto extesorero de Convergència, harto de promesas incumplidas y con un horizonte judicial negro, empieza a colaborar con el fiscal en el ‘caso 3%’

Daniel Osácar, a la derecha, al ingresar en prisión el pasado junio.
Daniel Osácar, a la derecha, al ingresar en prisión el pasado junio.Albert Garcia

Las lealtades se acaban, los silencios se rompen.

Nadie imaginó en el entorno de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) que el bueno de Daniel Osácar, el fiel y obediente Osácar, iba a dinamitar la omertà sobre las finanzas del partido. Pero el hombre por el que el expresident Artur Mas puso “la mano en el fuego” —no una ni dos, sino tres veces— se ha cansado de esperar. Las promesas de apoyo del partido si mantenía la discreción se han extinguido, como se han extinguido unas siglas que, durante años, fueron para Osácar algo casi sagrado.

Daniel Osácar tiene 85 años, una salud maltrecha y un futuro judicial negrísimo. Cumple condena de tres años y medio de cárcel por blanqueo en el caso Palau: por primera vez se demostró que Convergència cobró comisiones de empresas (6,6 millones) a cambio de adjudicación de obras públicas. Osácar era su tesorero desde 2005, y heredó un mecanismo corrupto que perpetuó hasta 2010, cuando el escándalo por el expolio del Palau de la Música y las informaciones sobre los pagos ilegales le llevaron a renunciar. Osácar fue leal: envió una carta a Mas, que acababa de ganar las elecciones. El que en pocas semanas iba a ser presidente de la Generalitat le arropó: dijo en público que Osácar nunca quiso ser tesorero y que se marchaba para dedicar tiempo a su “familia”.

Los largos años de instrucción del caso Palau reforzaron una fe mutua que parecía inquebrantable: Osácar, católico y nacionalista, creía en el partido, y el partido creía en el insobornable Osácar. Cuando las cosas se pusieron feas, con el juicio a la vista, Mas siguió defendiendo en televisión la honestidad de un patriota que jamás se embolsaría un euro.

Las loas a su figura iban acompañadas, tras el telón, de promesas: pase lo que pase, el partido estará ahí para ayudarte, para cubrir tus necesidades, para que tus hijos tengan garantizado un futuro, explican fuentes de su entorno. Osácar creyó o quiso creer. Mientras Fèlix Millet y Jordi Montull (saqueadores confesos del Palau) pactaban a última hora con el fiscal y confesaban en el juicio el pago de mordidas a CDC, el extesorero mantenía prietas las filas para proteger a los suyos: “Se ha mentido mucho aquí”, dijo en la vista oral.

En abril de 2020, el Tribunal Supremo dictó la sentencia definitiva: tres años y medio de cárcel y el pago de una multa de 3,7 millones de euros. Dos meses después, el 25 de junio, el anciano Osácar no tuvo más remedio que entrar en prisión. Constató entonces que nadie iba a hacerse cargo de sus multas. Y aprovechó el guante que le tendieron desde Madrid.

Con Osácar entre rejas en la prisión de Brians 2, el Fiscal Anticorrupción José Grinda vio la oportunidad de lanzar una oferta. En verano contactó con la defensa de Osácar para proponerle un pacto en el caso 3%, que es una especie de caso Palau pero magnificado: con más millones, más pruebas acumuladas y más cargos involucrados. La instrucción, además, estaba recién acabada. Osácar es uno de los 32 procesados por organización criminal, blanqueo, tráfico de influencias o cohecho. Una montaña para un hombre cansado ya de esperar. La respuesta fue clara: sí.

La primera consecuencia —conocida y asumida por Osácar— fue que su abogado, Javier Melero, dejó la defensa. Para Melero, penalista de referencia de Convergència y abogado estrella en el juicio del procés, era incompatible defender a una persona que, con su colaboración a la justicia, iba a perjudicar los intereses de otros clientes en el caso 3%, entre ellos el partido.

El horizonte empezó a despejarse para Osácar ya en septiembre. Tras 75 días entre rejas, salió a la calle. La Generalitat le concedió el tercer grado, lo que le permite cumplir la pena en un piso tutelado. La Fiscalía suele oponerse a este tipo de medidas, pero no lo hizo en esta ocasión. Además de la avanzada edad del extesorero y su deteriorado estado de salud, la Fiscalía valoró su “arrepentimiento”.

La lealtad a CDC ya no está por encima de la ley

Al considerar rotos los códigos de honor por los que se rigió, Osácar se convirtió en un pentito (arrepentido). Verbalizó su nueva condición ante la junta de tratamiento de la cárcel: antes creía que la “dignidad” y la “lealtad” al partido estaban “por encima de las leyes”. Ahora, añadió, sabe que no, y defiende su renovada fe en la justicia con tanto ímpetu como hacía de escudo del partido hace diez años. La colaboración de Osácar ya ha empezado en una pieza separada del caso 3% que investiga si 12 excargos de Convergència blanquearon pagos ilegales de empresas mediante falsas donaciones, de 3.000 euros cada una. El extesorero admitió que sí, que hubo pitufeo, en una declaración que se interrumpió por problemas técnicos. Pero que continuará. Nadie sabe, llegados a este punto, hasta dónde puede llegar su confesión y si alcanzará a quienes durante tanto tiempo pusieron “la mano en el fuego” por él.

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