El enigma de la pistola del jefe de Falange y el coronel

La red de un mando de la Guardia Civil proporcionó un arma al líder ultra Manuel Andrino

El jefe nacional de Falange, Manuel Andrino, en Madrid en 2016.
El jefe nacional de Falange, Manuel Andrino, en Madrid en 2016.

El jefe nacional de Falange, Manuel Andrino, tuvo un mal día el 10 de mayo de 2015. Tras sufrir un accidente de moto en Madrid, los agentes de la Policía Nacional descubrieron un cuerpo extraño entre sus malogradas pertenencias: una pistola.

Andrino fue arrestado entonces por un presunto delito de tenencia ilícita de armas, según un informe del Servicio de Asuntos Internos de la Guardia Civil al que ha tenido acceso EL PAÍS.

El líder falangista consiguió su pistola –según los investigadores– a través de la red del coronel de la Guardia Civil Rodolfo Sanz Sánchez, alias Rudolf. Un mando investigado desde 2014 por pertenecer a una trama que suministró armas a la extrema derecha, cobró deudas con violencia y asesoró a delincuentes sobre cómo huir de España.

Rudolf se enteró del accidente de Andrino en tiempo real a través del sms de un desconocido la misma noche del 10 de mayo. El texto incorporaba el DNI del ultra. La organización del coronel entró en shock. Sanz cruzó mensajes y llamadas con sus colaboradores tras percatarse de la incautación del arma del falangista. Un político de 54 años sin cargo representativo al que la trama del coronel confería tratamiento de autoridad. “Han detenido al jefe”, reportó en un sms el mando de la Guardia Civil a otro miembro de su organización, Francisco Carreras, un subteniente del Ejército de Tierra en la reserva de 61 años.

A un tercer compinche, Sanz le confesó al día siguiente que le preocupaba el arresto de Andrino por “razones obvias”, según un pinchazo que revela para los investigadores que la trama del mando de la Guardia Civil proporcionó el arma al jefe nacional de Falange.

‘Vaciar’ un piso de pistolas

El coronel pidió a un colaborador que se desplazara al domicilio del dirigente de extrema derecha a “limpiar” su piso. “No estaría de más vaciar lo que hay por ahí”, añadió Rudolf. Una sugerencia que –según la Guardia Civil– alude a eliminar de la casa del falangista otras armas para evitar su incautación ante un eventual registro.

Sanz también reprochó por teléfono a un compinche que el falangista no hubiera intentado deshacerse del arma antes de que llegara la policía. “Claro, claro, claro. Ese era el tema. Haberla tirado [la pistola] a tomar por culo y ya está. No le debió dar tiempo”, respondió el interlocutor del coronel.

La red de Sanz restó importancia a la salud del falangista. Pese a que el mando informó por teléfono de que el líder ultra se fracturó la clavícula y sufrió “un shock de la hostia” tras caerse de su moto, el coronel estimó que el “problema” real era que la Policía Nacional hubiera encontrado la pistola.

Los investigadores apuntan que Andrino “podría tener en su domicilio más armas de fuego”. Defienden esta tesis después de que uno de los colaboradores de Sanz indicara por teléfono que desconocía si la pistola incautada al líder de Falange “era vieja o moderna”.

La Guardia Civil subraya además la “estrecha relación” del ultra con el subteniente Carreras y con el coronel Sanz. Y destaca que estos mandos conocían que el falangista “estaba en posesión de un arma de fuego sin autorización”.

El coronel Sanz mantuvo varios encuentros en 2014 con Andrino, según las pesquisas. Ambos participaron en los actos conmemorativos que la extrema derecha organizó en Madrid el 20-N de ese año en memoria de los fallecimientos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera.

Este periódico ha intentado sin éxito recabar los testimonios de Andrino y de Sanz. El subteniente Carreras también ha declinado ofrecer su versión. “No hablo con periodistas”, zanja por teléfono este militar. Las pesquisas atribuyen a Carreras la presunta dirección durante 25 años de una red secreta que distribuyó ilegalmente armas a empresarios y policías españoles.

El jefe nacional de Falange figuró entre la veintena de ultras que asaltó en 2013 en Madrid el centro cultural Blanquerna, donde políticos catalanes celebraban la Diada. Entre empujones, gases lacrimógenos y gritos de “No nos engañan, Cataluña es España”, los extremistas zarandearon al entonces diputado de CiU Josep Sánchez Llibre.

Sanz fue arrestado por sus compañeros de la Guardia Civil en mayo de 2015. Tras pasar más de nueve meses en prisión, el Juzgado número dos de Alcalá de Henares (Madrid) le mantiene como investigado por integrar una supuesta trama dedicada al tráfico de armas. El caso se encuentra en fase de instrucción, según dos fuentes próximas a la causa.

La telaraña jerárquica del coronel se completaba con dos exguardias civiles, dos militares, un funcionario del Ministerio de Defensa y un detective con conexiones neonazis. Jesús G., el Grande, un empresario con antecedentes por amenazas y homicidio, coronaba el esquema.

A sus 60 años, el coronel Sanz acumuló ilegalmente desde 2014 en un edificio del número 199 de la calle Embajadores de Madrid 24 kilos de explosivos de los tipos TNT y PG-2, 12.500 cartuchos y armas de guerra, según reveló este periódico. Su arsenal tenía potencia para detonar un bloque de viviendas y procedía de la Guardia Civil.

investigacion@elpais.es

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