El regreso de Miguel Ángel Rodríguez, un viejo y conocido incordio

El exjefe de prensa de Aznar es el jefe de gabinete buscado por la presidenta madrileña para no eludir la confrontación con la izquierda

Isabel Díaz Ayuso, con los expresidentes madrileños Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, este 2 de mayo.
Isabel Díaz Ayuso, con los expresidentes madrileños Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, este 2 de mayo.Pool / Europa Press

La particular relación trabada entre la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y el polémico Miguel Ángel Rodríguez (conocido como MAR) se basa en dos momentos de su trayectoria. El primero fue cuando un MAR recién aupado al poder como asesor de José María Aznar decidió en 1996 facilitar un trabajo de fin de curso a una joven estudiante de periodismo; el segundo, cuando en las Navidades de 2018 ambos viajaron en AVE a Calamocha (Teruel) para una entrevista radiofónica. En el primero se conocieron; en el segundo se conjuraron para trabajar juntos aunque aún no sabían ni dónde ni cómo. Hoy MAR ya es jefe de gabinete de Díaz Ayuso. Y su objetivo, según las fuentes consultadas, es aprovechar que Ayuso se ha convertido en una líder política de alcance nacional para ser útil a Pablo Casado como alternativa de gestión al Gobierno de Pedro Sánchez y, sobre todo, de confrontación “con los comunistas y radicales de Podemos”. El modelo a imitar es más Esperanza Aguirre que Aznar.

MAR ya reinventó en 1987 a un Aznar con escaso carisma en Castilla y León hasta llevarlo a La Moncloa en 1996. Dos años después lo dejó, saturado de la política y de su propia creación. En el viaje de regreso de aquella entrevista de la Navidad de 2018, Rodríguez y Ayuso esbozaron planes conjuntos que se precipitaron apenas dos semanas más tarde, el 11 de enero, cuando Casado la designó candidata a la Comunidad de Madrid. Rodríguez había puesto su dinero en el desarrollo de un sistema de identificación de palabras clave en radio y televisión. Tras forjar la coalición con Cs, MAR no estaba inicialmente en el equipo de Ayuso, pero esta le fichó posteriormente no como jefe de prensa sino para coordinar su gabinete. Rodríguez se llevó consigo a su eterno alter ego, Paco García Diego, otro periodista de aquel PP de Aznar.

El primer reto fue hacer funcionar la coalición PP-Cs. El segundo, más de fondo, hacer política, y no exactamente en clave regional. Antes de la irrupción del coronavirus, la idea era promover medidas educativas o fiscales en Madrid que sirvieran a Casado como contrapunto a la gestión de Sánchez en La Moncloa. La pandemia ha cambiado esos planes.

El coronavirus ha transformado a Ayuso en el incordio permanente del Gobierno central, a veces incluso más que su jefe en el partido. En su equipo dicen que ha sido un proceso natural: “Casado tiene que alternar discursos más moderados como líder de la oposición; ella puede ser el poli malo”. Uno de sus consejeros dice que esta crisis es una oportunidad tanto para Ayuso como para el alcalde José Luis Martínez Almeida, en función de qué ocurra más adelante en la política española. Puede que la crispación acabe pasándole factura, “pero el votante de Madrid agradece ese espíritu que conecta con el de Aguirre”, según un colaborador.

Rodríguez elude la exposición pública y las teorías “maquiavélicas o machistas” por su influencia sobre Ayuso. Su entorno resume la reinvención de la dirigente: “Por las buenas, muy buena; por las malas y contra Podemos y Más Madrid, con toda la mano llena”.

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