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Muere el histórico dirigente socialista Enrique Múgica

El exministro de Justicia y ex defensor del pueblo ha fallecido a los 88 años a causa del coronavirus

Enrique Múgica, en su despacho cuando ocupaba el cargo de Defensor del Pueblo en 2004.
Enrique Múgica, en su despacho cuando ocupaba el cargo de Defensor del Pueblo en 2004.ULY MARTÍN

La aflicción y una consternación inabordable sorprendieron de madrugada al PSOE. La muerte de Enrique Múgica (San Sebastián, 20 de febrero 1932) una de las 16.000 víctimas del coronavirus, causante de la peor crisis sanitaria en España en más de un siglo, impactó en un partido que le consideraba uno de sus dirigentes más prominentes. Y eso que formalmente Múgica había dejado de ser militante socialista cuando fue nombrado defensor del pueblo en 2000 —era incompatible con su nueva responsabilidad—, después de un pacto entre los dos grandes partidos que hoy resultaría inaudito.

La capacidad de Múgica, ministro de Justicia con Felipe González entre 1988 y 1991, para lograr consensos entre partes en teoría irreconciliables le convirtieron en una figura muy importante no solamente para el PSOE. También de la historia reciente de España, en la que el político vasco trascendió a su partido. Sus denuncias del nacionalismo excluyente y del terrorismo etarra, que en los años noventa asesinó a su hermano Fernando dentro de una estrategia de eliminación del adversario político que ETA denominó como la socialización del sufrimiento, forman parte de su legado. El PSOE se despidió recordándole como “un gran defensor de la democracia, jurista y político, precursor y una de las personalidades más relevantes del socialismo”. “Un referente socialista, un hombre que dedicó toda su vida a defender la democracia y la libertad. Nos deja una gran tristeza pero también el legado más valioso: un país mejor. Hasta siempre. Goian bego”, fueron las palabras que le dedicó Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y secretario general de los socialistas, en su cuenta de Twitter.

Infatigable defensor de la democracia, la represión franquista castigó su activismo con dos años y medio de prisión. Enrique Múgica comenzó su carrera política durante sus años de estudiante de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. En 1953 comenzó su militancia en el PCE, decisión que le llevó a pasar varias temporadas en la cárcel en 1959 y entre 1962 —año en el que fue condenado en Consejo de Guerra a seis años de cárcel (cumplió 22 meses de condena)— y 1967. Este año, en su última estancia en prisión, abandonó el ideario comunista e ingresó en el PSOE como miembro de su ejecutiva. Siete años después fue elegido secretario de Coordinación del PSOE en el Congreso de Suresnes. En representación de su partido, también formó parte activa de la Plataforma de Convergencia Democrática (1974-76) y de la Coordinadora Democrática, un órgano unitario de oposición al franquismo. También desempeñó la función de secretario de Relaciones Políticas de la dirección federal socialista.

En las primeras elecciones generales, en 1977, logró el acta de diputado por la provincia de Gipuzkoa en unos comicios en los que el PNV fue la fuerza más votada en Euskadi por poco margen: 29,3% de los votos y ocho diputados por el 26,5% y siete escaños del PSOE. Desde entonces conservó su escaño hasta el año 2000. Uno de los grandes hitos en su trayectoria llegó el 8 de julio de 1988, cuando González le nombró en su segundo mandato ministro de Justicia en lugar de Fernando Ledesma. Múgica ejerció esa función hasta marzo de 1991. Un periodo en el que se aprobaron, entre otras leyes, la de Demarcación y Planta Judicial, la de Sociedades Anónimas y las reformas procesales y penales que dieron lugar a la creación de los juzgados de lo penal.

Una tragedia marcó el resto de la vida de Múgica. ETA trató de silenciar la lucha de su familia por la democracia y sus valores frente a todo tipo de totalitarismos, fuera la dictadura de Franco o el terrorismo, segando en 1996 la vida de su hermano, el abogado y dirigente del Partido Socialista de Euskadi (PSE) Fernando Múgica Herzog. La banda terrorista le asesinó de un disparo en la nuca en San Sebastián, delante de su hijo José María. “Al contrario de frases convencionales, yo ni olvido ni perdono a los asesinos, a los que los han impulsado, a los que han levantado su mano, a los que defienden o exculpan a ETA y la violencia callejera”, afirmó durante el velatorio de su hermano en la Casa del Pueblo de Donostia. “Quiero decirles que he combatido, sigo combatiendo y combatiré, el terrorismo y la violencia”, se reafirmó, precisamente en el momento más doloroso, en sus convicciones. Díez años después, el etarra Txapote fue condenado a 82 años de cárcel como responsable de haber ordenado su asesinato. En el último homenaje a Fernando Múgica, el pasado febrero, su hijo pidió a los principales partidos que aunaran fuerzas en defensa de la Constitución y del futuro de la sociedad española. Al acto acudieron, entre otros, Manuel Valls y Adolfo Suárez Illana.

Con el cambio de siglo Múgica fue nombrado defensor del pueblo, cargo que ocupó durante 10 años al lograr ser reelegido por primera vez en la historia de la democracia. Hace ahora 20 años, el PP y el PSOE pactaron el nombramiento del veterano político socialista. El Congreso aprobó su designación con 306 votos a favor, 11 en contra, 8 en blanco y 1 nulo. Fue uno de los pocos acuerdos que sacaron adelante los dos grandes partidos. Y lo hicieron, como reconocieron sus entonces portavoces parlamentarios, Luis de Grandes, del PP, y Luis Martínez Noval del PSOE, por la “gran personalidad y categoría” del candidato. En su última época como Defensor del Pueblo chocó con su propio partido por la Ley de Extranjería o tras presentar en 2006 un recurso ante el Tribunal Constitucional a la reforma del Estatuto de Cataluña. IU-ICV propuso su destitución, que fue apoyada por CiU, ERC y PNV. Una vez más, Múgica puso de acuerdo al PSOE —el PSC se desmarcó— y al PP, que impidieron que su cese prosperase. Francisco Fernández Marugán, el actual Defensor del Pueblo —en funciones—, expresó su “profundo dolor” por el fallecimiento de su amigo y compañero.

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