El escritor Julio Camba decía que “la cocina francesa era la literatura de la alimentación”.
El escritor Julio Camba decía que “la cocina francesa era la literatura de la alimentación”.Michael Turek (Gallery Stock) / EPS

El arte de comer con salud

La cocina es indisociable del modo de vida de un país. En España, la diversidad cultural se manifiesta en sus gentes, en su clima y también en su extenso recetario. 

Se cuenta del escritor gallego Julio Camba que fue un vividor en el sentido más noble de la expresión, la del que disfruta de la vida sin complejos. Para constatarlo llegó a afirmar: “Toda civilización no es más que una lucha deses­perada por no tener que trabajar”, ociosidad que llevó a rajatabla siempre que pudo. Que la inteligencia y la ironía son parientes se intuía, hasta que estudios de las Universidades de Viena y California lo confirmaron. El sarcasmo es creado e interpretado en el área del cerebro en la que se forma la inteligencia: el giro parahipocampal. Reparar en ello colorea los textos de Camba, escritos en el primer cuarto del siglo XX, en los que exhibió su noción del epicureísmo, ese bienestar gozoso y libre, conducido con el conocimiento y la agudeza de este periodista que llegó a ser el mejor pagado de su tiempo. En La casa de Lúculo declara que los grandes magnates renunciaban a lo mejor por comer lo más caro. Para él, “la cocina francesa era la literatura de la alimentación”, y Francia, un país en el que, como recuerda la Marquesa de Parabere en su Historia de la gastronomía, “los que eran ricos o ganaban mucho se hicieron gastrónomos; los que no podían ser gastrónomos, gourmets, y los que ganaban esporádicamente se volvieron vividores”. La gastronomía es indisociable del modo de vida a la francesa, como nos recuerda el filósofo Yves Roucaute en el ensayo Eloge du mode de vie à la française (Elogio del estilo de vida francés). También en España, el estilo de vida es un distintivo del sistema de valores y cultura de sus gentes y, junto con la dieta y el clima, convierte a nuestro país en uno de los mejores para expatriarse. La encuesta del banco multinacional británico HSBC, Expat Explorer Survey, lo sitúa en el tercer puesto. Si bien las pocas posibilidades de desarrollo profesional dejan mal sabor de boca a los consultados, estos lo remedian con la mejora de un régimen alimentario que progresa sustancialmente para el 77%. La relación entre trabajo, vida y relaciones sociales constituye el pilar de un bienestar hilvanado con el atractivo de un patrimonio histórico envidiable y una diversidad cultural que también se manifiesta en un extenso recetario. Esto proporciona una de las expectativas de vida más altas de Europa. Según un ranking de Bloomberg —realizado a partir de variables y datos de la OMS y el Banco Mundial—, España es una de las naciones más saludables del mundo. Y Estados Unidos cede posiciones con relación al índice anterior, como consecuencia de factores como la obesidad, producto de una dieta rica en azúcares y grasas asociada a enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer.

Julio Camba, a quien dedicaron en Vilanova de Arousa el coloquio Camba way of life (El estilo de vida de ­Camba), pasó dos largas temporadas en Norteamérica como corresponsal: al final de la I Guerra Mundial y al término de los años veinte del siglo pasado. “¿Qué clase de cocina quieren ustedes que tenga un pueblo sometido a la ley seca? En un país seco no hay cocina posible, y esto equivale a esto otro: solo un país totalmente desprovisto de sentido culinario puede aceptar la ley seca”, sostenía. Para regocijo general, EE UU produce hoy algunos de los mejores vinos del mundo y tiene un incontable número de grandes restaurantes. Con todo, el tópico sostenido por algunos pasa por amparar, bajo la disculpa de ser parte de un estilo de vida, los hábitos nutricionales que han llevado a más de un tercio de la población adulta y a cerca del 20% de las personas entre 2 y 19 años a padecer obesidad. Ahí queda para la posteridad la imagen de un sonriente Trump en el avión presidencial con paquetes de fast food. La estampa fija una concepción de estilo de vida dañino y alejado del distintivo de quienes entienden que se puede disfrutar con salud.

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