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Viaje al mundo maya de Petén

Mucho más que las pirámides de Tikal, este departamento de Guatemala es una invitación a la aventura en estado puro: atardeceres increíbles desde lo alto de misteriosas pirámides rodeadas de jungla, lagos-cenote que animan al chapuzón y hasta una fiesta entre cráneos de los antiguos mayas

Vista del templo IV de Tikal Guatemala
Vista del templo IV de Tikal, un yacimiento maya en el departamento de Petén (Guatemala).Mlenny (Getty Images/iStockphoto)

Las vertiginosas pirámides de Tikal son la atracción turística más famosa de Guatemala. El motivo por el que muchos se animan a viajar hasta el departamento de Petén, una región en el norte del país enorme, escasamente poblada y cubierta de selva, que es todavía hoy un reto para el que quiera sentirse un auténtico viajero. Casi aislado del resto de Guatemala, el Petén es la verdadera cuna de la civilización maya. Su gran reclamo son las misteriosas ciudades que oculta la jungla, con sus altísimas pirámides asomando por encima de la densa vegetación, pero también es un lugar para descubrir un mundo diferente, descansar junto a lagos tranquilos donde se vive a otro ritmo, darse un chapuzón en un cenote desde una tirolina, observar animales y aves exóticas o aventurarse por senderos en los que rara vez uno se encuentra con alguien más.

La joya, sin duda, es Tikal, con sus sorprendentes templos mayas, pero Petén es mucho más. Yacimientos más remotos como El Mirador y Piedras Negras, precisan días de planificación y otros tantos de incursión por la selva. Y si se va aún más allá, la Reserva de Biosfera Maya comprende casi todo el tercio norte de Petén y junto con las reservas fronterizas de México y Belice forman un parque plurinacional de más de 30.000 kilómetros cuadrados.

Guatemala es el mundo maya en estado casi puro, en particular el departamento de Petén, cuyos principales núcleos (Tikal y El Mirador) siempre estuvieron más en contacto con las vecinas Belice y México que con sus vecinos del sur. Tampoco cambió mucho la cosa con la llegada de los españoles. En medio de una selva impenetrable, los itzaes, habitantes de la isla de Flores —ubicada en el lago Peten Itzá— y famosos por su ferocidad, mantuvieron alejados a los conquistadores hasta 1697, unos 150 años después de la conquista del resto del país.

Si hay que escoger una sola ciudad maya en Guatemala, sin duda es Tikal. Pero este enclave solo es el principio. Para ver todos los yacimientos que hay en esta zona del país haría falta mucho más tiempo del que se suele tener. Además, no solo hay historia antigua: la cultura y las tradiciones mayas siguen vivas en los pueblos del Petén, la espesa selva esconde muchísimas plantas y animales especiales, y la zona del lago Petén Itzá propone al viajero simplemente disfrutar descansando en lugares tranquilos como la isla de Flores o la zona de El Remate. Al sur, las colinas, valles y lagunas de Sayaxché y Petexbatún son perfectas para hacer apacibles recorri­dos fluviales y excursiones a ruinas que po­cos turistas visitan.

Más información en la nueva guía de Guatemala de Lonely Planet y en lonelyplanet.es.

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La región del Petén, protegida en gran parte por increíbles parques nacionales, es extensísima. Se puede recorrer una parte en todoterreno, pero luego hay que seguir a pie, a caballo o en helicóptero si se quiere llegar a los rincones menos visitados.

Tikal, la imprescindible

Es la joya del patrimonio maya clásico, una colección de templos que emergen espectacularmente de la selva, envueltos en esa aureola de misterio que rodea todavía lo que tiene que ver con esta civilización. En las ruinas más impresionantes de Guatemala siguen apareciendo descubrimientos fascinantes. Estos templos enormes nos hablan de que, en otros tiempos, durante siglos, fue una capital poderosa y temida. Como tantas ciudades mayas, acabó quemada y abandonada, cubierta por la selva hasta hace relativamente poco tiempo: a partir de 1956 las excavaciones sacaron a la luz cientos de construcciones, juegos de pelota, templos y viviendas.

La Gran Plaza en el yacimiento maya de Tikal (Guatemala), un sitio arqueológico reconocido como patrimonio mundial de la Unesco.
La Gran Plaza en el yacimiento maya de Tikal (Guatemala), un sitio arqueológico reconocido como patrimonio mundial de la Unesco.Byron Obed Sagastume Bran (Getty Images)

A diferencia de otros lugares turísticos, Tikal es igual de mágico que lo que se aprecia en las fotos, o incluso más. Es cierto que no estaremos solos porque hay muchos visitantes, pero las ruinas son tan grandes que es fácil escabullirse y encontrar rincones donde sentir que no hay na­die más. No faltan escalones cubiertos de musgo, glifos antiguos que cuentan historias de conquistas y reyes y construcciones astronómicas que señalan las estrellas. Aun­que es un desafío llegar hasta aquí, vale muchísimo la pena.

Una de las experiencias más inolvidables es contemplar aquí la salida del sol. Incluso los viajeros más experimentados están de acuerdo en que pocas experiencias superan la de sentarse en el templo IV de Tikal, rodeados de niebla, escuchando los rugidos de los monos aulladores mientras la luz del nuevo día atraviesa las nubes, y observando cuatro templos más por encima de la selva. Hay un silencio entre los visitantes, una sen­sación compartida de que lo que están viendo es algo espiritual. Y si no se puede contemplar el amanecer (el 80% del tiempo las nubes lo impiden), la puesta de sol puede ser igual de emocionante: es posible quedarse pasadas las seis de la tarde, tomando fotos hasta después de la hora dorada, para luego irse entre las sombras oscuras del atardecer. Es un buen momento para estar en el parque porque hay mucha menos gente, y el ocaso ofrece más posibilidades de ver animales y aves, que aparecen cuando se ha ido la mayoría de los visitantes del parque.

Uaxactún, en la profundidad de la selva

Envuelta en la profunda selva, la misteriosa Uaxactún nos permite una imagen del complejo y majestuoso mundo maya, más sólida y completa que si solo se visita Tikal. Llegar aquí no es fácil y hay que conseguir un permi­so especial en Tikal antes de ir, pero es resulta algo muy especial si nos gusta la arqueología. Se llega al pueblo del mismo nombre en una hora por una pista de tie­rra llena de baches, y una vez allí hay que elegir entre los grupos de ruinas que se pueden visitar, porque hay varios, numerados de la A a la E. Son ruinas aisladas y hermosas, con construcciones solemnes cubiertas de musgo. Para explorar completamen­te todo el yacimiento hacen falta varias horas, así que hay que prever tiempo suficiente.

Uno de los templos mayas del yacimiento Uaxactún (Guatemala).
Uno de los templos mayas del yacimiento Uaxactún (Guatemala).Alamy Stock Photo

Dada la proximidad de Tikal, habrá quien piense que era una ciudad aliada, pero en realidad fueron rivales y en un momento dado Uaxactún fue derrota­da por el gobernante de Tikal, Siyaj K’ak’. A pesar de un breve resurgimiento posterior, como ocurre con tantas ciudades mayas, Uaxactún fue abandonada hacia el año 900.

Yaxhá, Topoxté, El Naranjo y Nakum

Donde termina Tikal empiezan un montón de rutas fascinantes, sobre todo para los aficionados a tiempos pasados y al mundo maya. Petén es una región enorme donde hay docenas de yacimien­tos conocidos, y muchos más todavía sin excavar. Algunos incluso superan a Tikal en grandeza, pero son muy remo­tos. En el mundo maya todo es una cuestión de ubicación. Si para llegar a unas ruinas hace falta una travesía de cinco días por la selva o un viaje en helicóptero, es casi seguro que nos encontraremos prácticamente solos observando la jungla que se extiende hacia el horizonte.

Por ejemplo, en Yaxhá, unas ruinas en la orilla de una laguna, que a veces se incluyen en los circuitos de Tikal para completar la visita arqueológica con una puesta de sol espectacular, mirando hacia el oeste desde lo alto del templo 216. La pirámide sobresale por encima de la selva y permite a los espectadores ver de cerca loros y monos mientras esperan que el cielo cambie de azul a dorado en el reino del jaguar, tal y como lo veían los mayas en su día. Aquí se observan templos y también calzadas que unen las ruinas y se elevan varios metros sobre el suelo de la selva; estas calzadas facilitaban el acceso de los habitan­tes a la orilla del lago y a los palacios y viviendas. Desde las calzadas sombreadas de las ruinas se puede obser­var la vida silvestre, en especial si se tiene un poco de tiempo antes de la puesta del sol. Al igual que Tikal, Yaxhá también tiene conexiones arquitectónicas e his­tóricas con la mexicana Teotihuacán, tanto en sus construcciones de estilo talud-tablero como en las estelas que representan a los guerre­ros Venus-Tláloc del norte mesoamericano, que no eran mayas.

Dos visitantes en el yacimiento maya de Yaxhá (Guatemala).
Dos visitantes en el yacimiento maya de Yaxhá (Guatemala).Alamy Stock Photo

Otra salida desde Tikal es la que lleva en barca a las ruinas poco visitadas de Topoxté, todavía sin restaurar. Las construcciones más grandes son impre­sionantes, de varios pisos de altura y con decoraciones intrin­cadas. Otras siguen totalmente sin excavar. También está El Naranjo, un reino devorado por la jungla y convertido en un lugar poco accesible. La recompensa por llegar hasta allí es descubrir unas ruinas que en su apogeo tal vez fueran más grandiosas e incluso más importantes que Tikal. Las construcciones que se elevan por encima de la jungla incluyen un observatorio, unas pirámides y el impresionante palacio. Este no lugar no es para el turista espontáneo, ya que visitarlo re­quiere una cuidadosa planificación, preparativos y un poco de suerte. Pero es un sitio encantador y casi olvidado que merece su lugar en el fascinante legado que los mayas dejaron al mundo.

Si al viajero le ha gustado El Naranjo, tal vez deba añadir Nakum a su lista. Es todo lo que es El Naranjo… pero aumentado. En lugar de dos o tres horas de camino, una visita a Nakum requiere casi todo un día (tal vez más), y durante gran parte del año la carretera es intransitable. Pero es que en este lugar se encuentran algunas de las cresterías mejor conservadas del mundo maya.

Las escaleras del templo E, en las ruinas de Nakum.
Las escaleras del templo E, en las ruinas de Nakum.Alamy Stock Photo

El Mirador, llegada a pie o en helicóptero

El acceso a El Mirador puede ser el más difícil o el más fácil de todas las ruinas en la jungla. Se puede llegar a pie en una travesía de cinco o seis días, o bien en helicóptero. Esto último es lo fácil pero no sale barato, y el tiempo que se pasa en el sitio arqueológico es limitado.

El objetivo principal de visitar El Mirador es subir a La Danta, la pirámide más alta de Guatemala (72 metros), hecha de varias plataformas base que hay que escalar antes de que aparezca la pirámide final. Así que subir hasta arriba implica una buena dosis de sudor. Sin embargo, vale mucho la pena llegar al Everest del mundo maya y ver selva en todas direcciones.

Visita de El Mirador desde lo alto de La Danta, la pirámide más alta de Guatemala.
Visita de El Mirador desde lo alto de La Danta, la pirámide más alta de Guatemala.Alamy Stock Photo

Junto a ella hay otras pirámides más pequeñas, como El Tigre, con tres picos sobre una base plana y un hermoso friso de estuco que adorna una cisterna. El estuco perfectamente conservado representa escenas de Xibalbá, el inframundo maya; en particular, demuestra cómo los “héroes gemelos” lograron regresar victoriosos de Xibalbá. Unos increíbles sac-be (caminos blancos) conectaban El Mirador con otros lugares cercanos, con senderos que estaban varios metros por encima del suelo de la selva.

Puestas de sol en Isla de Flores y Santa Elena de la Cruz

La base de operaciones para recorrer Petén suele ser la pequeña isla de Flores y la cercana ciudad Santa Elena de la Cruz, con bares y restaurantes, vida nocturna y lugar de partida para todo tipo de excursiones de un día.

Se tarda menos de 10 minutos en recorrer la isla entera en coche y menos de media hora a pie, pero ningún viajero se lo pierde. El mayor de sus reclamos son las puestas de sol y sus restaurantes orientados al oeste se llenan para tomar algo o cenar mientras que se contempla el atardecer en un entorno tan pacífico que es fácil imaginarse a los mayas sintiendo la misma sensación de reverencia ante el sol.

Vista aérea de la Isla de Flores, en el lago Petén Itzá.
Vista aérea de la Isla de Flores, en el lago Petén Itzá.Oleh_Slobodeniuk (Getty Images)

El agua está presente en Flores por todas partes, y el nivel cambiante hace que a veces sea difícil acceder a ciertos lugares. El nivel del agua sube y baja no con las mareas, sino con las estaciones, y la isla cede temporalmente los bordillos, adoquines y aceras (incluso calles enteras) a las ranas, renacuajos, garzas y peces. No hay problema: casi todos los restaurantes y garitos colocan pasarelas temporales para poder llegar al establecimiento a pesar de las inundaciones. Flores ofrece la única vida nocturna de todo Petén. La cosa se anima poco después de que salgan las estrellas. La gente suele ir al lado oeste de la isla para tomar algo, charlar y socializar. Basta con recorrer el círculo principal (sobre todo las calles Unión y 30) y seguir la música que más guste por escaleras, callejones estrechos o incluso puentes peatonales hasta encontrar el lugar ideal para cada uno. Podría ser un karaoke en un bareto, una fiesta animada en una terraza o incluso unas copas entre nuevos amigos en un albergue.

Y por el día es imposible estar en Flores y no acabar en el lago. El agua es bastante tranquila y cristalina y el más corto de los paseos en barca resulta agradable.

En los alrededores de Flores

Si alguien se cansa de Flores hay mucho más que ver por la zona. En la región que rodea Flores y Santa Elena de la Cruz hay bosques, selvas y zonas de pastoreo. Y agua, mucha agua si se está a orillas del lago Petén Itzá. Para los turistas, las excursiones por la región son el contrapunto a la concu­rrida Flores o la polvorienta Santa Elena: pueden cruzar el lago para descubrir las ruinas mayas que se están excavando actualmente, aprender sobre la vida silves­tre en peligro de extinción o simplemente descan­sar junto a la orilla del Petén Itzá.

Una opción es acercarse a Tayasal, unas enormes ruinas mayas muy cercanas, que están todavía siendo excavadas y prometen ser mucho más de lo que se pensaba. Allí, en su mirador, en una de las construcciones más altas de las ruinas, se contempla Flores a nuestros pies, con el lago extendiéndose en todas direcciones. Como otros yacimientos, este también tenía viviendas, pirámides, observatorios y juegos de pe­lota, con una población de decenas de miles de habitantes, un peso pesado entre las civilizacio­nes asentadas a orillas del lago.

Para los que viajan buscando fauna más que ruinas mayas, una visita al Centro de Rescate ARCAS puede ser la forma más fácil de ver al­gunos de los animales salvajes más amenazados de la región, incluidos los grandes felinos: jaguares, pumas, ocelotes y yaguarundíes. También hay docenas de guacamayos, loros y otras aves que están aquí porque han estado involucrados en el comercio ilegal de vida silvestre. Aunque no es exactamente un zoológico, hay un sendero para recorrer por libre entre diversas jaulas informativas.

Vista del lago Petén Itzá, en Guatemala.
Vista del lago Petén Itzá, en Guatemala.Alamy Stock Photo

Otra experiencia diferente: un chapuzón en el Jorge’s Rope Swing, que no es más que una serie de plataformas desvencijadas en el lado de Tayasal/San Miguel, donde hay una cuerda para tirarse al lago. Concretamente, a un cenote que es una de sus partes más profundas, así que no hay que preocuparse por caer en el lodo (habría que bajar un centenar de metros para llegar al fondo). Basta con esperar el turno y saltar.

Hay mucha gente que prefiere ponerse en ruta y rodear el lago Petén Itzá, en un recorrido circular precioso: Santa Elena de la Cruz, El Remate, Ixlú, una paradita en el cerro Cahuí o en los pue­blos de San José y San Andrés (costa noroeste), una foto fantástica en el pun­to más occidental del lago, donde el puente de Sacpuy cruza un pequeño dedo pantanoso muy popular entre pescadores y observadores de aves. Y desde ahí, de nuevo a Santa Elena para completar el círculo.

El Remate y la procesión de la Santa Calavera

El Remate está en el extremo oriental del lago Petén Itza y es una alternativa a Flores, mucho más tranquila pero también junto al agua. Aunque aquí se viene para acceder a Tikal, hay quien se lo toma con más calma y pasa días o incluso semanas nadando desde los mue­lles, haciendo rutas en kayak, tomando algo junto al lago en una hamaca, contemplando la puesta de sol o bien observan­do las aves que pululan por las orillas llenas de juncos o que buscan los comederos que les pone la gente. Es un lugar perfecto para el kayak y el surf con remo, incluso para nadar, aunque hay que tener en cuenta una cosa: ¡en esta parte del lago hay cocodrilos!

Una de las calles de la población El Remate.
Una de las calles de la población El Remate.Alamy Stock Photo

Los alrededores de El Remate pueden ser una forma original de conectar con esta parte de Guatemalas, de pueblecitos tranquilos y tradiciones originales, como la procesión de la Santa Calavera, una original celebración del Día de Muertos, que aquí son más macabras que las famosas y festivas de México o del resto del país. En el pequeño pueblo de San José, en el lado noroeste del lago Petén Itzá, el 1 de noviembre hay una procesión curiosa: se utilizan cráneos humanos reales —se cree que son cráneos de antepasados mayas itzaes— en una mezcla de tradición católica y pagana. La procesión se lleva cabo de noche saliendo de la iglesia, donde se guardan las calaveras sagradas. Las calaveras visitan entonces a varios miembros de la comunidad, que reciben bendiciones. A diferencia de muchas otras celebraciones de Guatemala, este es un acto sombrío realizado con respeto y solemnidad. Se trata de una tradición que probablemente haya persistido desde tiempos de los mayas.

Otra excursión desde El Remate es la que lleva a rincones de la selva, como el Biotopo Cerro Cahuí, una enorme extensión de selva protegi­da en la orilla norte del lago. Una vez dentro, hay dos rutas por la den­sa jungla que dan la oportunidad de ver orquídeas, bromelias, enredaderas y diversas plantas selváticas, así como (con suerte) tepezcuintles, pizotes, zorros, ardillas e, incluso, uno o dos mamíferos más grandes. Alzan­do la mirada a las copas de los árboles se pueden ver monos araña y monos aulladores, loros y tucanes. También hay varias ruinas mayas pequeñas sin restaurar, pero sobre todo, Cerro Cahuí es el hábi­tat del majestuoso jaguar, aunque resulta difícil de ver. Para muchos excursionistas lo mejor de estos senderos son las preciosas vistas que hay desde los mirado­res en la cumbre de los distintos cerros, con el lago a sus pies.

Navegando por las profundidades del mundo maya: Sayaxché

Si el entorno de Tikal o de Flores nos parece turístico, hay muchas alternativas. Por ejemplo, Sayaxché, en la orilla sur del río de La Pasión, 60 kilómetros al suroeste de Flores. Es la puerta de entrada a una decena de yacimientos arqueológicos mayas poco visitados, entre ellos Ceibal, Aguateca, Dos Pilas, Amarindito o Altar de Sacrificios. Si se quiere explorar una parte de Guatemala que la mayor parte de los turistas obvian, hay que quedarse aquí al menos una noche, aunque se puede estar semanas en la zona para explorarlos todos. Además de su posición estratégica entre Flores y la zona de Cobán, Sayaxché es, sobre todo, un punto de partida para conocer lugares como el Cráter Azul, una piscina natural cristalina alimentada por un manantial al final de un río.

Hay otros yacimientos apenas visitados, como El Ceibal, con largos senderos por la jungla, y una curiosa construcción circular en lugar de cuadrada, con claras influencias mexicanas. Se cree que antes de su abandono en el siglo X llegó a tener más de 10.000 habitantes. O Aguateca, a la que no resulta fácil llegar, pero para los mayas esa era la idea. La ciudad estaba bien defendida, no solo por su acceso remoto a través de la laguna de Petexbatún, sino también porque estaba construida sobre una loma pro­nunciada en casi todos los lados. Su mirador reserva vistas imponentes de la región. Habría sido fácil detectar cual­quier avance de un ejército rival mucho antes de que llegara. A pesar de ello la ciudad fue abandonada a toda prisa, invadida e incendiada, como el resto de las ciudades mayas de la zona.

Ruinas mayas en el yacimiento guatemalteco de Aguateca, en el departamento de Petén.
Ruinas mayas en el yacimiento guatemalteco de Aguateca, en el departamento de Petén.Alamy Stock Photo

Y si el viajero sueña con un paseo en barca, no puede perderse la isla de Chiminos. Se suele llegar en barca desde Sayaxché, en dos o tres horas de navegación. Pero al llegar, el encantador lodge en la jungla ofrece todo lo que se podría pedir: buena comida, hamacas relajantes, vistas increíbles y monos retozando en las copas de los árboles. Una vez aquí, es muy fácil olvi­dar que en algún lugar está la vida real y que hay que volver a ella… Algún día.

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