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Claros y oscuros de Lasso de la Vega, el representante que firmaba contratos millonarios en servilletas de papel

Las memorias de Ramón Arcusa han devuelto a la actualidad a un olvidado mánager que llevó las carreras del Dúo Dinámico o Serrat y se movió entre el glamour y la crónica negra. Varias figuras que lo conocieron lo recuerdan para nosotros

Lasso de la Vega (izquierda) y su representado, Joan Manuel Serrat, recibiendo un disco de oro en México en 1969.
Lasso de la Vega (izquierda) y su representado, Joan Manuel Serrat, recibiendo un disco de oro en México en 1969. Archivo de Carles Gámez

Como el personaje de Woody Allen en Broadway Danny Rose, aquel agente artístico recordado por sus “hazañas” por un grupo de cómicos en la mesa de un café de Broadway, la evocación de la figura de Lasso de la Vega, de profesión empresario y representante, bien merecería la crónica de algunos de los episodios más rocambolescos y disparatados del espectáculo español del siglo XX.

La reciente publicación de las memorias del músico y compositor Ramon Arcusa (Soy un truhán, soy un señor, o casi), una de las mitades del Dúo Dinámico, ha devuelto a la actualidad la figura de Lasso de La Vega –durante una década ejerció de representante del popular dúo–, el que fuera uno de los hombres más fuertes y también más temidos y polémicos del espectáculo. Sus amistades y conexiones con el franquismo le permitieron tener siempre la puerta abierta de los despachos oficiales, lo que dio pie a una trayectoria empresarial y artística de cerca de medio siglo entre luces y (muchas) sombras.

"Lasso de la Vega, desde luego, puede ser criticado por muchas cosas, pero nadie le puede negar haber sido uno de los pioneros de la profesión de representantes, cuando esta era prácticamente una desconocida entre nosotros"

José Emilio Navarro “Berry”

“No era un personaje fácil”, recuerda José Emilio Navarro “Berry”. A la sombra de Lasso de la Vega, Berry (actual mánager de Serrat y Joaquin Sabina) inició su camino en el mundo de la representación artística. “Lasso de la Vega, desde luego, puede ser criticado por muchas cosas, pero nadie le puede negar haber sido uno de los pioneros de la profesión de representantes, cuando esta era prácticamente una desconocida entre nosotros”.

“Dentro de la profesión –prosigue Berry– se distinguía, entre otras originalidades, por firmar sus contratos en una servilleta, ya fuera en una cafetería de la Gran Vía de Madrid o del Paseo de Gràcia de Barcelona, ya que nunca tuvo lo que se dice una oficina”. Su verdadero nombre era José María Rancaño Lasso de la Vega, nombre que cambió por el apellido materno, Lasso de la Vega, de connotaciones aristocráticas. Criado en un ambiente burgués en Granada, su padre ostentó, entre otros cargos, el decanato de la Universidad y el de teniente alcalde del ayuntamiento de Granada.

Escape a la modernidad

“Durante un año estuvo con el Duo Dinámico de gira, no pararon ni un solo día y solo por fuerza mayor, la muerte del Papa Juan XXIII, tuvieron que suspender la función por mandato gubernamental”

Sebastián García-Vernetta

Abandonó el hogar familiar en Granada para trasladarse a la Barcelona de posguerra, la ciudad que vivía entonces una nueva belle epoque, ahora bajo las ordenanzas franquistas; un renacimiento del mundo del espectáculo señalado por los teatros de revista y variedades del Paralelo. Es en este paisaje bullicioso donde el empresario Joaquín Gasa y la compañía de Los Vieneses llenaban el ocio de los barceloneses y en el que Lasso de la Vega comenzó a realizar sus primeros pasos profesionales. El brillo de las luces de candilejas acabó haciendo que olvidase sus primeras aspiraciones en el mundo taurino, donde había ejercido de padrino de un joven torero granadino llamado Rafael Mariscal, para darse a la representación artística.

Lasso de la Vega en una fotografía tomada en los años cincuenta junto a la vedette Carmen de Lirio y Antonio Amaya.
Lasso de la Vega en una fotografía tomada en los años cincuenta junto a la vedette Carmen de Lirio y Antonio Amaya. Archivo de Rafael Castillejo

“Lasso era como las lentejas, o lo tomas o lo dejas” recuerda el también representante Sebastián García-Vernetta. Casado con la cantante Salomé, García Vernetta colaboró con Lasso de la Vega en muchos espectáculos entre los años sesenta y setenta. “Recuerdo que nos íbamos Salomé y yo a México, nos acabábamos de casar, y nos convenció que le acompañáramos a Nueva York donde, según él, tenía que realizar unos negocios. La cosa es que acabábamos en una sala de proyecciones de unos distribuidores judíos a los que Lasso quería vender la película que había hecho Serrat, aquella de La larga agonía de los peces, para el mercado hispanoamericano. Con él nunca sabias que podía pasar”.

No son precisamente buenos recuerdos los que guarda la cantante Salomé. “Él y Maquiavelo, primos hermanos”, recuerda la intérprete y triunfadora eurovisiva que asegura que despues de un enfrentamiento decidió “hacer cruz y raya”. ¿El motivo? Responde con un somero: "No me gustaron unas palabras que me dijo". “Se conocía muy bien el mundo del espectáculo despues de muchos años de cruzarse España de norte a sur y de este a oeste con sus artistas y compañías”, añade García-Vernetta. “Durante un año estuvo con el Duo Dinámico de gira, no pararon ni un solo día y solo por fuerza mayor, la muerte del Papa Juan XXIII, tuvieron que suspender la función por mandato gubernamental”.

El empresario valenciano relata también la historia que recoge Ramon Arcusa en sus memorias. “Despues de haber vendido un espectáculo, ofrecía como complemento algo especial, por lo que debían pagar un extra los empresarios locales. Les ofrecía dos negros que según él, pondrían el público en pie. Los negros en realidad eran dos figuras pintadas en el telón que bajaba al final del espectáculo con el público ahora puesto en pie, aplaudiendo para marcharse. Ese era Lasso”.

Una de las anécdotas más divertidas, más propia de una comedia picaresca napolitana que cuenta Ramon Arcusa en libro Soy un truhan, soy un señor (o casi) es la representación de un Lasso moribundo rogando a un empresario alicantino, al que había engañado con un contrato del Duo Dinámico, para que volviera a contratarlos. A la vista del sombrío panorama, el empresario alicantino accede como un último favor al moribundo representante. A la media hora, de la Vega estaba “levantado y afeitándose".

Cliff Richards y Massial en el Fesitival de Eurovisión en abril de 1968.
Cliff Richards y Massial en el Fesitival de Eurovisión en abril de 1968. Getty Images

Entre el vodevil y el 'noir'

El dia de Todos los Santos de 1968 apareció muerta la vedette Gracia Imperio y su amante, un joven perteneciente a la burguesía local, en un apartamento de Valencia. La “vedette de los ojos musulmanes”, como se la conoce en el mundo de la revista, arrastra una lenta decadencia después de sus años de esplendor en los teatros de variedades. Suicidio, asesinato o un escape de gas fortuito, la causa de la muerte nunca queda esclarecida. El apartamento de la noche trágica era propiedad de... Lasso de la Vega.

No fue la única vez que su nombre formó parte de la crónica de sucesos. En 1977, durante un extraño robo, desaparecieron de su piso en el Paseo de Gracia de Barcelona numerosas obras de arte, objetos de oro y plata valorados en cerca de ocho millones de pesetas. El caso finalizó con la detención de un joven argentino que vivía en el piso y que trabajaba en un bar propiedad de Lasso, además de otros dos jóvenes, uno de ellos británico, que se habían repartido los objetos robados

En la vida sentimental y artística de Lasso de la Vega se cruzó uno de los personajes más explosivos del espectáculo español de la posguerra, el cantante folclórico Antonio Amaya. En la España franquista y de bigote macho a lo Jorge Negrete, las performances de Amaya cantando La Medallona o Doce cascabeles suponen un ejercicio de virtuosismo u ostentación queerpara un régimen que persigue y encarcela a los homosexuales. Ya en plena Transición, Antonio Amaya todavía tuvo tiempo de desnudarse en algunas de las revistas de destape de la época. Amante de las pieles y las joyas, en sus momentos de necesidad recurría al empeño de algunas de sus propiedades, un anillo de diamantes que Lasso siempre se encargaba de rescatar.

“Lasso supo adaptarse a los cambios que se estaban produciendo en el espectáculo y la música española”, señala Berry. “Despues de trabajar en el mundo de la revista y las variedades, se abrió a otros géneros con artistas como el Dúo Dinámico, Juan & Junior o Serrat”. Durante cerca de ocho años la carrera artística de Serrat estuvo en manos de Lasso de la Vega en medio de episodios tumultuosos como el La la la y el affaire eurovisivo con un representante haciendo equilibrios entre sus contactos franquistas y las fuerzas catalanistas.

Con ocasión de la celebración de sus cincuenta años en el mundo de la música, el cantante tuvo un recuerdo para él despues de haber guardado muchos años silencio. “A pesar de él, yo tomé caminos de los que me siento satisfecho, pero no de haber contado con su audacia impulsiva mi trayectoria artística no hubiese sido lo que ha sido. Bien está lo que bien acaba”.

Triunfos y finales

En el balance profesional quedaban noches de triunfo a un lado y otro del Atlántico, galas con final en la comisaría. El tour de force que impone al cantante, con dobletes y hasta algún triplete en el mismo día, provocan más de un retraso y bronca del público. Lasso será también el promotor de una gira por America donde Serrat coincide con Marisol, que acabó en un primer flechazo entre los dos en México en plena celebración de los Campeonatos Mundiales de Futbol.

Los últimos años de Lasso de la Vega (falleció en 1991), ya retirado del mundo del espectáculo, tuvieron como centro de operaciones Valencia, donde se dedicó a los negocios de hostelería. El periodista Miguel Ángel Pastor vivió de cerca esta última etapa. “Como hombre negociante que siempre fue, compró un hotel en pleno centro de la ciudad, el Hotel Excélsior, y despues se hizo con la concesión de un balneario en un pueblo de cerca de Valencia, pero no le acabaron de marchar bien los negocios, no supo rodearse de buenos equipos. La imagen que guardo es la de un hombre solo, jugando al gin-rummy y en la boca, siempre, alguna de esas sentencias para enmarcar. Por ejemplo: A mí los artistas me roban el ochenta por ciento”.

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