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Las terceras elecciones generales celebradas en Israel en un año han dado la victoria al candidato del Likud, si bien no despejan el inestable panorama político en el que fueron convocadas

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahou, celebra los resultados electorales, este martes en Tel Aviv.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahou, celebra los resultados electorales, este martes en Tel Aviv. Getty Images

Las terceras elecciones generales celebradas en Israel en un año han dado la victoria a Benjamín Netanyahu, si bien no despejan el inestable panorama político en el que fueron convocadas.

El Likud, la formación derechista liderada por el primer ministro ha sido la más votada por delante de la alianza centrista Azul y Blanco cuyo líder, el exgeneral Benny Gantz, ha conseguido cuatro escaños menos. Los demás partidos que han obtenido escaño en el Parlamento —hasta seis— han quedado muy lejos de estas dos formaciones. Netanyahu aspira a unir en la Kneset al bloque derechista y religioso, mientras que Gantz persigue el apoyo del centro izquierda apoyada eventualmente por la minoría árabe-israelí. Precisamente el partido que representa a esta última —la Lista conjunta árabe— ha logrado un resultado histórico desde la fundación del Estado de Israel en 1948, logrando 15 escaños, consolidándose así como la tercera fuerza política del país. En cualquier caso, ninguno de los dos bloques logra los 61 escaños necesarios para obtener la mayoría absoluta en el Parlamento.

Los resultados suponen un triunfo para Netanyahu, que había acudido a estos comicios como última salida no solo ante la parálisis política por la que atraviesa el país sino como una estrategia de supervivencia personal. En apenas dos semanas el primer ministro israelí será procesado por soborno, fraude y abuso de poder. Un juicio que técnicamente puede acabar con su carrera. Sin embargo, ahora podrá afrontar el proceso en una situación política algo diferente de cuando se conoció la imputación y fue cuestionado incluso dentro de su propio partido. Netanyahu ha recogido el voto no solo de sus simpatizantes, sino también de una parte del electorado hastiada de la situación y que ha optado por la continuidad.

Las opciones que se abren son múltiples y en esto las elecciones no han aclarado mucho. Mientras Netanyahu seguirá insistiendo en su estrategia está por ver lo que sucederá con otros tres importantes actores. En primer lugar, será determinante dirimir si el centro aguantará el tirón de la derrota o implosionará tras el fallido asalto al poder. Eso es lo que ha venido sucediendo con los rivales de Netanyahu en los últimos años. Hay que ver además la actitud que adoptará el voluble ultraderechista Avigdor Lieberman que con sus siete escaños puede radicalizar aún más la política del Gobierno. El tercer actor es la Lista conjunta árabe que desde su privilegiada posición en el Parlamento puede convertirse en la verdadera oposición al proyecto expansionista de Netanyahu. Tras tres convocatorias, el país puede dirigirse a más de lo mismo y esto en sí mismo, aunque sea malo para Israel es una victoria del líder del Likud.

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