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TRIBUNA i

Un destino adecuado para los embriones sobrantes de la reproducción asistida

El investigador Lluís Montoliu aplaude la aprobación de los primeros experimentos de edición genética embrionaria en España

La bióloga Kathy Niakan, pionera de la edición genética de embriones humanos.
La bióloga Kathy Niakan, pionera de la edición genética de embriones humanos.

En 2015 los investigadores Junjiu Huang y Canquan Zhou, junto a sus colaboradores de la Universidad de Sun Yat-sen en Guangzhou (China), publicaron los resultados de un experimento en el que usaron técnicas de edición genética con las herramientas CRISPR sobre embriones humanos, en el laboratorio. Ese estudio suscitó mucha polémica, probablemente por ser el primero, pero los embriones que usaron esos investigadores eran defectuosos, y normalmente habrían sido descartados y destruidos al ser producto de fecundaciones in vitro anómalas en las que dos espermatozoides habían fecundado un solo óvulo. Demostraron que era posible editar genéticamente embriones humanos con CRISPR y encontraron los mismos problemas y limitaciones que hemos encontrado los demás investigadores usando embriones de otras especies, como el ratón.

Un año más tarde se autorizó por vez primera el uso de embriones humanos para otro experimento de edición genética en Europa, en el Reino Unido, liderado por la investigadora Kathy Niakan, del centro Francis Crick en Londres. En este caso los científicos usaron embriones humanos normales, producto de fecundaciones in vitro (FIV), que ya no eran necesarios para ser gestados y habían sido cedidos por sus progenitores para fines de investigación. En 2017 este equipo demostró la gran utilidad de este experimento al constatar que la inactivación de un mismo gen (OCT4) en embriones de ratón o humanos tenía consecuencias muy distintas, mucho más importantes en humanos, que eran incapaces de llegar hasta el estadio de blastocisto, algo que era desconocido hasta entonces.

Sin duda estos experimentos contribuirán a mejorar la eficiencia de las técnicas de reproducción asistida

Ahora hemos sabido que un equipo formado por los investigadores Anna Veiga, Montse Boada y Ángel Raya recibió, a principios de diciembre de 2019, la autorización preceptiva de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida para poder realizar experimentos similares a los abordados por Niakan en España, tras estudiarlo durante 14 meses. La bióloga Anna Veiga es la pionera en nuestro país de la técnica FIV. Fue la responsable del nacimiento de Victoria Anna, la primera niña nacida en España en 1984 producto de una FIV. Por aquel entonces Anna Veiga trabajaba en la Clínica Dexeus en Barcelona, hoy Dexeus Mujer, cuya responsable actual del laboratorio de reproducción asistida, Montse Boada, también forma parte del equipo investigador. Ángel Raya es un experto biólogo molecular del IDIBELL, también en Barcelona, y gran conocedor de la biología de las células embrionarias, y junto a Anna Veiga forman parte del Programa de Medicina Regenerativa de este centro de investigación. No se me ocurre un equipo de investigación mejor y más preparado para abordar el primer experimento de edición genética de embriones humanos en España.

Nuestra legislación (tanto la Ley 14/2006 de técnicas de reproducción humana asistida, como la Ley 14/2007 de investigación biomédica) permite el uso de embriones humanos sobrantes de FIV con fines de investigación, con unos requisitos determinados y tras haber obtenido los permisos correspondientes. En ningún caso, ni en el experimento de Niakan ni en los experimentos que se abordarán ahora en España, se pretende implantar los embriones humanos editados genéticamente en una mujer para dar lugar a bebés. No es ese el objetivo de estos experimentos, y esto tiene que quedar muy claro. Eso sería un procedimiento ilegal, además de inseguro y muy arriesgado, como desgraciadamente hemos podido comprobar tras el irresponsable experimento de He Jiankui que conocimos a finales de 2018, y que culminó con él y sus colaboradores condenados e inhabilitados y con el nacimiento de tres niñas con su genoma editado, algo que no debiera haber ocurrido.

Lo que pretenden Veiga, Boada y Raya es conocer mejor las fases iniciales del desarrollo de los embriones humanos, previas a la implantación en el útero. Mucho de lo que sabemos de este periodo lo hemos aprendido estudiando el desarrollo de embriones de ratón. Pero el experimento de Niakan demuestra que no todo lo que aprendemos del ratón es extrapolable a humanos. Debemos investigar directamente sobre embriones humanos para poder entender cómo se desarrollan, para poder mejorar las eficiencias de los tratamientos de reproducción asistida, cada vez más demandados por las parejas y las mujeres que desean tener hijos y no lo consiguen. En un porcentaje significativo (alrededor del 15%) de casos no se logra el embarazo y no se sabe bien por qué. Investigando el papel que diversos genes pueden tener en el proceso se podrían mejorar estas técnicas. Y para investigar la función de una serie de genes importantes en el desarrollo inicial embrionario nada mejor hoy en día que las técnicas de edición genética con las herramientas CRISPR, que permiten inactivar de forma específica cada uno de estos genes y observar sus consecuencias en esta fase temprana del desarrollo de los embriones humanos.

España es líder mundial en técnicas de reproducción asistida. Son muchas las personas que acuden a las numerosas clínicas de infertilidad humana existentes en nuestro país. Y, por ello, son muchos los embriones humanos que regularmente se generan, producto de FIV. Muchos de estos embriones se usan para su gestación y acaban felizmente en el nacimiento de los deseados hijos, pero otros tantos ya no son necesarios, se mantienen criopreservados y pueden destinarse a la investigación, con la aprobación de los progenitores y el oportuno permiso de las autoridades. Estos últimos son los que usará este equipo de investigadores españoles. Especialmente aquellos que se congelaron inmediatamente tras la fecundación, en el estado de cigoto, embriones de una célula. Creo que es un destino muy adecuado que estos embriones se puedan usar, de forma responsable, para fines de investigación, en lugar de permanecer congelados de forma indefinida. Sin duda estos experimentos contribuirán a mejorar la eficiencia de las técnicas de reproducción asistida. Felicito al equipo investigador por su decisión de abordar estos experimentos y les deseo un buen trabajo y muchos éxitos, que serán los de todos.

Lluís Montoliu es investigador del CNB-CSIC y del CIBERER-ISCIII (@LluisMontoliu)

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