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Vida y milagros de José Luis Cuerda, centurión del vino, el cine y el humor

El director vivió una exitosa carrera y tuvo siempre a su familia de su lado. Cultivó un viñedo y triunfó en las redes con sus ocurrencias

José Luis Cuerda, en el festival de cine de San Sebastián de 2018. En vídeo, Cuerda en cinco películas.

"Nacemos para toda la vida. Cada cual la suya, salvo error y omisión". La genialidad de José Luis Cuerdaque falleció el pasado martes a los 72 años, no solo se apreciaba en sus películas o en las entrevistas, sino también en Twitter. Acostumbrado a alargarse con “una facilidad pasmosa”, encontraba interesante eso de escribir en pocos caracteres. Se unió a esta red social en 2012 y en su cuenta, con más de 150.000 seguidores, no paró de derrochar humor, ironía y sabiduría. Pero también hablaba de duras realidades. En julio de 2013, publicó: "Mi hija Elena, arquitecta, especialista en sostenibilidad, se fue ayer a Holanda. Esto no se sostiene".

A medida que se hacía mayor, su visión del mundo era más pesimista y su opinión sobre su país, más crítica. Era consciente de que, al igual que su hija pequeña, eran muchos los españoles que tenían que marcharse al extranjero para trabajar en lo que desean, pero “tampoco la huida asegura rutas viables”. “Esta España, la no deseada ya, no se va de nosotros y deja de aburrirnos, por ejemplo, con matracas preelectorales bochornosas, ofensivas, estúpidas, o con cifras vestidas y atrezadas como pasos de Semana Santa, exhibidos a la veneración de fieles”, escribió en su último libro, Memorias fritas, que publicó el pasado mes de octubre.

El cineasta tenía dos hijas: Irene y Elena, ambas arquitectas de profesión y el mayor apoyo de Cuerda en estos últimos años en los que el director apenas quería salir de casa y llevar una vida activa. Ambas fueron las encargadas de anunciar la muerte de su padre tras sufrir una embolia en el Hospital de la Princesa, en Madrid.

Jose Luis Cuerda, en su casa de Madrid, en 2017.
Jose Luis Cuerda, en su casa de Madrid, en 2017.

A pesar de la discreción que solía guardar la familia, las hijas del director manchego protagonizaron titulares en 2016 después de que el Tribunal Supremo dictaminase que quedaban exentas del 95% del Impuesto de Sucesiones. Como avanzó el periódico Expansión, las autonomías no podían exigir a los herederos poseer alguna participación en la empresa para gozar de dicho beneficio fiscal. Bastaba con figurar como directivos y tener parentesco con los propietarios.

La sociedad por la que las hermanas Cuerda estaban litigando con la Comunidad de Madrid era Producciones A Modiño, tras el fallecimiento de su madre. El creador de películas como Amanece, que no es poco conoció a María Esperanza Barcaiztegui en Madrid y se convirtió en el amor de su vida. Ella murió hace unos años tras una larga lucha contra una enfermedad. En el funeral, Cuerda no dudó en sacar su sentido del humor a relucir en uno de los momentos más difíciles de su vida. Delante de los presentes, comenzó a leer el horóscopo que le correspondía a su esposa aquel día, tal como contó a EL PAÍS hace cuatro años. Pero, eso sí, no paró de llorar. Como él reconoció en la misma entrevista y en las páginas de su libro, era un auténtico llorón.

Tanto Barcaiztegui como sus hijas fueron las que animaron al cineasta a trabajar con Alejandro Amenábar, por aquel entonces un joven y desconocido director dejó el guion de Tesis en su oficina. Lo leyó Cuerda, lo leyó su esposa y lo leyeron Irene y Elena. A todos les encantó. “¿Me animo a producirlo?”, preguntó Cuerda a su familia. Y ellas le respondieron: “Tú verás, pero a nosotras nos haría ilusión”. Las tres le apoyaban en todo, pero sus hijas nunca pensaron en dedicarse al cine. Les gustaba más la música y estudiaron solfeo y piano. La pequeña, Elena Cuerda, ahora es profesora de la Universidad Politécnica de Madrid, donde presentó su tesis doctoral el año pasado. Su hermana Irene hizo lo mismo tres años antes y en 2015 cofundó InViable, una agencia dedicada al diseño de tecnología para la sostenibilidad.

José Luis Cuerda, en su bodega de Leiro (Galicia), en noviembre de 2006.
José Luis Cuerda, en su bodega de Leiro (Galicia), en noviembre de 2006. Getty Images

La mayor se encarga también del negocio vinícola que inició su padre, Bodega Sanclodio. Cuerda adquirió el terreno en 2002 en la Cerrada da Porta, en Cubilledo (Lugo). Para él, aquel lugar era su casa o “un retiro de centurión romano”, como si un alto cargo le hubiese premiado por sus servicios. “Debe de ser el emperador Hollywood [la recaudación de Los otros] el que me ha premiado a mí con esta propiedad. Y yo le agradezco al cónsul Amenábar que así haya sido”, escribió.

Como él decía, hacer cine y hacer vino tenían por objetivo agradar. Y por ello la vida le obsequió con una exitosa carrera —era consciente de lo afortunado que era— y una familia que estuvo siempre a su lado. Tuvo varios nietos. Supo que había sido abuelo por primera vez en plena gala de los Goya. Era 2015 y estaba a punto de salir al escenario, junto a Álex de la Iglesia y David Trueba, para entregar el premio al mejor director. Se le antojó anunciar que se postulaba "al Goya al mejor abuelo debutante" por la pequeña Manuela. Pero finalmente no quiso quitarle el momento de gloria al ganador, que aquel año fue Alberto Rodríguez por La isla mínima.

A lo largo de su trayectoria, Cuerda también ha sido galardonado en los Goya; el primero en 1988 por El bosque animado. En sus memorias, reconoció que ya no escribía todos los días, pero tenía unos pocos guiones preparados que quería intentar llevar a la gran pantalla: Confío en hacer aún más películas. Me vendría bien. Su último trabajo fue en 2018 con Tiempo después y su último tuit, una foto de él con su libro, el último recuerdo de una vida que dejó a sus seguidores y al mundo.

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