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Agorafobia y soledad: los problemas sin fin de Sinead O’Connor

La cantante, que lleva años luchando contra su inestabilidad mental, explica que le resulta imposible confiar en nadie y que es "una cínica"

Sinead O'Connor, en un concierto en Toronto en enero.
Sinead O'Connor, en un concierto en Toronto en enero.Alessandro Bosio (CORDON PRESS)
El País
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Sinead O'Connor es una de las mujeres más controvertidas del mundo de la canción. Con una voz privilegiada y un gran talento, más que los éxitos siempre la han perseguido la polémica, especialmente desde hace un lustro, cuando se retiró de los escenarios y empezó a hablar de sus sobredosis, decidió desaparecer, publicó mensajes y largos vídeos en los que hablaba de sus tendencias suicidas o cambió de religión y de nombre.

Ahora, la cantante irlandesa de 53 años —cuyo nombre desde hace algo más de un año es Shuhada Davitt— ha concedido una entrevista al cómico Tommy Tiernan en la cadena irlandesa RTE en la que ha hablado de todo ello. "Había mucha mierda en mi vida que me hizo perder la cabeza, y en medio de todo ello sufrí una histerectomía radical [con extirpación de útero, ovarios, cuello uterino, trompas de Falopio y tejido] que habría vuelto loco a cualquiera", relata en la charla, asegurando que estuvo "en serio peligro de muerte". 

Según cuenta, ha pasado por grandes épocas de soledad, algo que unido a sus fobias y sus problemas de salud mental llgaron a poner en peligro su vida. "Sufrí mucha desesperación, me estaba muriendo, de verdad que lo estaba, así que me agarré a cualquier cosa que me mantuviera con vida", explicaba la cantante, que ha logrado una gran mejoría en su salud mental y se prepara para una gira que ya ha arrancado por Estados Unidos y Canadá, así como por Croacia, Alemania, Italia y Países Bajos.

"Ahora puedo reírme de aquello, pero en ese momento fue terrible. No disfruto sufriendo y no soy una de esas artistas que sienten que no pueden ser creativas a menos que sufran. De hecho, soy lo opuesto a eso, gracias a Dios. Pero lo bueno de la enfermedad mental es que puedes sanar. Así que ya se ha acabado", relata la intérprete.

Algunos de los problemas de O'Connor están relacionados con la agorafobia: "Nadie lo sabe, no suelo sacar el tema, pero tengo miedo a los espacios abiertos y no salgo mucho". De todos modos, como ella misma confiesa, es una persona bastante solitaria, tanto por esta fobia como por su falta de gente cercana. "¿Tengo muchos amigos? No, la verdad es que no", ha explicado.

Para ella, es difícil hacer amistades porque siempre le parece que la gente se acerca a ella por el mero interés, que durante años los amigos que ha tenido no siempre han sido sinceros con sus intenciones. "Para mí sería raro conectar con gente que quiere ser amiga mía solo porque sí", explica. "Normalmente buscan un trabajo o algo más". Eso la ha hecho alejarse: "Me he vuelto desconfiada con la gente. Me he convertido en una cínica, así que no soy buena haciendo amigos. Tengo mis carencias en ese asunto", relata. 

Tal y como cuenta en la entrevista, toda la cuestión acerca de la fe y de la religión empezó de niña, cuando le salió una verruga en el dedo gordo del pie que no conseguían que desapareciera. Así, la iban a llevar al hospital, algo con lo que ella estaba encantada: "¡Toda la atención para mí, un montón de helado, nada de ir al colegio!". Entonces su madre y su abuela le pusieron agua de Lourdes en el pie. "Yo pensé: vaya par de locas. Pero por la mañana se había ido. Fue un pequeño, extraño milagro".  

La polémica siempre ha acompañado a la vocalista irlandesa, sobre todo desde hace 27 años, cuando decidió romper una foto del papa Juan Pablo II en directo ante millones de espectadores. En noviembre de 2015 confesaba a través de Facebook que había tomado una sobredosis y meses después desaparecía sin dejar rastro hasta que la policía la localizaba en Chicago. En verano de 2017 lanzó un duro mensaje en Facebook explicando que tenía tendencias suicidas y que lo contaba para intentar ser útil a aquellos que sufrían enfermedades mentales. Sus últimas declaraciones, ya tras su conversión al Islam en octubre de 2018, fueron: " Lo que voy a decir es algo tan racista que nunca pensé que mi alma pudiera sentirlo. Pero, la verdad, no quiero volver a pasar tiempo con los blancos nunca más (sí es así como se llama a los no musulmanes). No por un momento, no por ninguna razón. Son asquerosos". Meses después decidió pedir perdón.

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