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De cómo miente la ultraderecha

Las falsedades de Vox suelen ser más venenosas porque el uso de cifras entraña una cierta presunción de veracidad

Desde la izquierda, Rocío Monasterio, Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros, en la manifestación en Madrid, el 12 de Madrid.
Desde la izquierda, Rocío Monasterio, Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros, en la manifestación en Madrid, el 12 de Madrid.

¿Por qué las mentiras de la ultraderecha son tan insidiosas? Porque sus fabricantes saben que son eso, mentiras, lo dicho contrariando la verdad con intención de engañar. Y porque esa intención es absoluta, sin matices; es expresa, nunca se produce por azar; es autosostenida, jamás se somete al contraste con otros datos. Las mentiras ultras se fabrican como producto ad hoc, operativo por sí mismo como parte de una realidad virtual, lo contrario de la realidad física.

El último y más estentóreo caso es el de las cifras que el jefe de Vox, Santiago Abascal, manejó en el debate de investidura el día 7, y que ya habían apuntado los suyos en la campaña. Dijo que el 69% de las agresiones sexuales múltiples, las cometidas en grupo (manadas) se debían a delincuentes extranjeros. Falso de toda falsedad. Falso, primero, porque no hay modo de saber a qué grupos nacionales pertenecen esos agresores, pues no existen estadísticas oficiales sobre las violaciones en grupo.

Y falso también porque es falsa la impresión que transmite, la de que la delincuencia sexual es culpa de los de fuera. Cuando sucede lo contrario. De los 2.917 condenados por delitos sexuales en 2018, 2.184 —un 74,9%— eran españoles, y un 25,1%, extranjeros, según datos del Consejo General del Poder Judicial. Y en cuanto a detenidos, los porcentajes son similares: 71,1% de españoles frente a 29,9% de extranjeros (Ministerio del Interior).

Mentira tan redonda recuerda la que se hizo famosa cuando el referéndum del Brexit, según la cual, Londres aportaba 350 millones de libras semanales a la UE. La cifra, venteada por un tal Boris Johnson, constituyó un “mal uso de las estadísticas oficiales”, protestó la Autoridad Estadística Británica. Y es que esa cantidad era la aportación bruta, de la que había que descontar el retorno en subvenciones y programas comunitarios al Reino Unido y el cheque británico: así que la aportación neta semanal era de 250 millones de libras. ¡Un engaño del 40%!

Las mentiras de la ultraderecha suelen ser más venenosas porque el uso de cifras entraña una cierta presunción de veracidad; exhiben apariencia de neutralidad, ocultando su carácter ideológico; tienden a reforzar los prejuicios de la audiencia; exhiben una contundencia que refuerza el mensaje, y dotan al mensajero de un aura de pretendida respetabilidad, pues no todo el mundo es capaz de manejar números con soltura.

Pero suele detectarse su falsedad porque casi nunca quienes las propagan citan fuentes. Y si las citan, carecen de credibilidad.

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