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Aval a la Comisión

La mayoría que apoya a Von der Leyen es mayor que la que respaldó a Juncker

David Sassoli aplaude a Ursula von der Leyen, este miércoles en el Parlamento Europeo.
David Sassoli aplaude a Ursula von der Leyen, este miércoles en el Parlamento Europeo. REUTERS

El Parlamento de Estrasburgo otorgó ayer un nutrido respaldo a la nueva Comisión Europea que, encabezada por la alemana Ursula von der Leyen, es la primera de la historia en alcanzar prácticamente la paridad de género. Sin embargo, su esperado discurso fue de trámite y apenas contuvo novedades. El alcance del respaldo parlamentario es un factor político de primer orden para que la legislatura que ahora comienza mantenga la complicidad entre las dos grandes instituciones comunitarias, un entendimiento que pueda tirar del carro político europeo ante los dramáticos retos actuales.

La de ayer fue una excelente votación. No solo porque desbordó el ajustado resultado cosechado en julio —nueve votos de diferencia— por la presidenta nominada, al alcanzar ahora 461 votos afirmativos contra 157 negativos y 89 abstenciones, sino por su composición: populares, socialdemócratas y liberales reformistas cristalizaron una sólida alianza, frente a los recelos mutuos del verano. Y quedó claro que existen unos eventuales aliados, dependiendo de los asuntos a aprobar, el grupo de los Verdes, que en su inmensa mayoría se abstuvo.

Hay pues una mayoría amplia —superior a la que apoyó al Ejecutivo de Jean-Claude Juncker— que respalda un programa desgranado con detalle en la investidura de Von der Leyen y en los exigentes exámenes/audiciones a los aspirantes a comisarios, de los que tres cayeron.

Es algo notable, tratándose de un hemiciclo fragmentado en siete grupos y múltiples corrientes; representativo de la ciudadanía de 28 Estados miembros (todavía, con el Reino Unido), y azotado por distintas crisis: la más lejana, pero cuyas secuelas sociales perduran, es la económica de la Gran Recesión de 2007. Las más próximas, las derivadas de las amenazas proteccionistas de Washington; la dura trayectoria del Brexit, la incómoda vecindad de Rusia, o las ambiciones de una China neoimperial.

La densidad de la alianza parlamentaria destaca más al someterla a la comparación con las fragilidades de Ejecutivos en bastantes Estados miembros, especialmente en países como Italia o España. Pese a partir de una realidad más compleja, la estabilidad europea se antoja mayor que en algunos de sus socios. Fue una pena que la presidenta entrante no aprovechase ayer la ocasión para dar mayor realce al programa que apuntó en julio. Lo más notable fue el compromiso de extender la paridad de género desde el nivel político al funcionarial, de forma que se alcance a las capas dirigentes de la Administración europea. Y la insistencia en preservar el imperio de la ley y el Estado de derecho como “piedra fundadora” de la Unión que “no puede quedar en entredicho”, porque cristaliza los “derechos, valores y libertades” que interesan y preocupan a los ciudadanos europeos.

Este énfasis sintoniza bien con el discurso de la semana pasada de quien acaba de ser elegido presidente del primer partido de la Cámara, el PPE. Donald Tusk fue inequívoco al prometer que no piensa “sacrificar” las libertades democráticas “en el altar de la seguridad y el orden”. Por eso la extrema derecha populista, Vox incluido, votó en contra. En el empeño del grueso de la derecha liberal continental de no dejarse contaminar de extremismo yace una clave de la sostenibilidad de los valores liberales europeos. De la propia Europa.

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