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Servicio al oscurantismo

Arabia Saudí busca el auxilio del futbol español para recuperar algo de su escaso prestigio tras el asesinato de Jamal Khashoggi

El presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, y el responsable de deporte de Arabia Saudí, el príncipe Abdulaziz Bin Turki al Faisal, durante el sorteo de la Supercopa.
El presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, y el responsable de deporte de Arabia Saudí, el príncipe Abdulaziz Bin Turki al Faisal, durante el sorteo de la Supercopa. EFE

Los espectáculos deportivos, que tan buenos servicios suelen rendir a la apertura de las sociedades e incluso a la expansión de la democracia, también pueden convertirse en instrumento de la tiranía y el oscurantismo. Este es el caso de la Supercopa organizada por la Federación Española de Fútbol, con la participación de cuatro grandes clubes —el Barcelona, el Madrid, el Atlético de Madrid y el Valencia— en estadios de Arabia Saudí el próximo mes de enero, a cambio de 120 millones de euros.

Arabia Saudí es una monarquía feudal, donde los ciudadanos no cuentan con libertad ni derecho alguno y los trabajadores extranjeros pueden fácilmente sufrir condiciones de auténtica esclavitud. Todos están sometidos formalmente a la ley islámica o sharía, aunque la arbitrariedad del poder anula cualquier valor al sistema judicial. La discriminación que sufren las mujeres, tratadas como menores, es impropia de un país civilizado. Solo recientemente se les permite conducir y desplazarse al extranjero sin necesidad del permiso de su guardián masculino.

El hombre fuerte del régimen, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, ha caracterizado su gestión por una mezcla de importante modernización económica y reforzamiento del control y la centralización del poder. Parte de estas políticas comportan auténticas operaciones de lavado de cara, como la celebración de grandes espectáculos deportivos y musicales a los que se concede acceso a las mujeres. Sin embargo, y al mismo tiempo, Arabia Saudí ha acrecentado la represión sobre la minoría chií, los disidentes, las feministas y los periodistas, e incluso sobre miembros de la familia real, en muchos casos aplicando detenciones sin juicio, expropiaciones y desapariciones. El asesinato de Jamal Khashoggi en el consulado saudí en Estambul, el pasado año, es la siniestra culminación de la trayectoria de un régimen que ahora busca el auxilio del fútbol español para contribuir a recuperar algo de su escaso prestigio después de tan horrible crimen de Estado.

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