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100 millones de euros para acabar con la malaria, el sida y la tuberculosis

Varias organizaciones lanzan la campaña ‘España, súmate a la lucha’ para pedir a nuestro país que se comprometa en la erradicación de tres enfermedades mortales

La tuberculosis, el sida y la malaria todavía matan a 2,5 millones de personas al año. Erradicar estas tres enfermedades fue uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados en 2015 por la Organización de las Naciones Unidas, pero para lograrlo hace falta, entre otras cosas, inversión internacional. Desde 2002, el Fondo Mundial controla parte de esta financiación, convocando una Conferencia de Donantes cada tres años. La próxima se celebra el 10 de octubre en Lyon y las asociaciones Salud por Derecho, Médicos Sin Fronteras, ISGlobal y Oxfam Intermon han lanzado la campaña España, súmate a la lucha para que nuestro país destine 100 millones de euros hasta 2023.

“Es una oportunidad única para que muestre su compromiso con el fin de estas pandemias”, apunta Vanessa López, directora de Salud Por Derecho. “Estamos en un momento clave porque si no aumentamos la lucha, todos los avances realizados en las últimas décadas sufrirán un enorme retroceso”. El coste de vidas y económico sería  “tremendo”, califica la responsable. España abandonó la participación en este Fondo Mundial en 2011, aunque en 2016 los grupos parlamentarios aprobaron por unanimidad una proposición no de ley en la que se pedía que aportara 100 millones de euros en tres años.

Antes, había llegado a ser el quinto mayor donante. “Se juntaron una serie de factores, como la crisis, que llevaron a tomar esa decisión. Pero la realidad de ahora es distinta y supondría una respuesta a este problema que no entiende de fronteras, sino de humanidad”, esgrime López, enumerando los 1.000, 1.600 y 160 millones de euros que Alemania, Reino Unido o Italia han decidido aportar respectivamente.

Según el Fondo Mundial, para cumplir con los objetivos marcados la financiación adecuada en el periodo entre 2021 y 2023 debería alcanzar los 101 mil millones de dólares (unos 92 mil millones de euros). De estos, esperan que 14.000 millones de dólares (12.600 millones de euros) provengan de donaciones privadas. El resto se divide entre las aportaciones del Fondo Mundial y las nacionales. Este año, el compromiso de la anfitriona Francia y su presidente, Emmanuel Macron, es un impulso para ,movilizar a sus vecinos y prevenir hasta 234 millones de casos o infecciones nuevas y salvar 16 millones de vidas, como calculan en Salud por Derecho.

En su último informe, el Fondo Mundial asegura haber contribuido a salvar 32 millones de vidas

“Nos enfrentamos a las tres pandemias que causan más muertes”, explica López, “y no hace falta debatir presupuestos para que el compromiso se haga efectivo en las próximas semanas”. La batalla contra el VIH, la tuberculosis y la malaria no es nueva. En un informe redactado por esta ONG se cuenta cómo en el año 2000, el VIH —con apenas dos décadas desde su descubrimiento— “devastaba generaciones enteras en muchos países, sobre todo en los menos desarrollados de África subsahariana”. La tuberculosis, por su parte y “como ocurría desde hacía siglos”, afectaba “a los más pobres y se cobraba millones de vidas al año”. Y la malaria “mataba a miles de niños y mujeres embarazadas que no podían protegerse de la picadura de un mosquito ni acceder a medicamentos necesarios para salvar su vida”.

Tres enfermedades “prevenibles”, señalan desde el informe de Salud por Derecho, que “parecían totalmente incontrolables”. Ante la gravedad de la situación, la comunidad internacional reaccionó y comenzó a plantar cara a las pandemias. Tras años de discusión en diferentes reuniones de alto nivel, como el G8 o la Asamblea General de las Naciones Unidas, y entre muchas otras iniciativas, se creó el Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria. “Fue fundado como una alianza entre los Gobiernos, la sociedad civil, el sector privado y las comunidades más afectadas. Su objetivo era recaudar, administrar e invertir el dinero de la comunidad internacional para responder a tres de las enfermedades infecciosas más mortales que el mundo ha conocido”, indica el documento.

“A día de hoy, el Fondo Mundial moviliza, entre otros, a actores bilaterales, multilaterales, países implementadores, fundaciones o sociedad civil, y recauda e invierte alrededor de 4.000 millones de dólares (unos 3.600 millones de euros) al año —el 95% proviene de los gobiernos y el 5% de donantes privados— para apoyar programas de salud administrados por expertos locales en las comunidades y en los países más afectados por el sida, la tuberculosis y la malaria”, agregan. Y también se recuerda que las muertes anuales relacionadas con estas pandemias se han reducido en un tercio en los países en los que el Fondo Mundial está presente, a pesar de que os retos siguen siendo enormes. En su última publicación, el Fondo Mundial asegura haber contribuido a salvar 32 millones de vidas, repartiendo 131 millones de mosquiteras para prevenir la malaria, 5,3 millones de pruebas para controlar la tuberculosis, 719.000 mujeres infectadas por VIH han podido prevenir el traspaso a sus bebés y 18,9 millones de personas reciben antirretrovirales.

Los datos muestran la implicación con estas enfermedades, pero no esquivan la necesidad de mantener los acuerdos. En el caso del VIH, por ejemplo, “la movilización internacional de comienzos de siglo provocó enormes progresos”, según rememoran desde la ONG. A principios de siglo, solo un millón de pacientes estaba bajo tratamiento. “Hoy en día lo reciben más de 23 millones y las muertes relacionadas con el VIH se han reducido a más de la mitad, de 1,9 millones en 2004 a 770.000 en 2018. El número de nuevas infecciones ha pasado de 3,4 millones en 1996 a 1,7 millones en 2018”, anotan.

Quedan, no obstante, grandes desafíos. De los 37 millones de personas que hay en el mundo con VIH, cerca de 16 millones no tienen acceso a tratamiento y casi 10 millones desconocen su estado serológico. Mientras, regiones enteras (como Europa oriental y Asia Central o Medio Oriente y el Norte de África) sufren el incremento de nuevas infecciones y muertes anuales, sobre todo entre las poblaciones más vulnerables (trabajadoras del sexo, comunidad LGTB o usuarios de drogas inyectables, entre otros) a causa de unas políticas discriminatorias que vulneran los derechos humanos y de una financiación nacional e internacional insuficiente para atajar los problemas específicos que enfrentan estas comunidades, denuncian en el documento de la asociación.

De la tuberculosis, por su parte, dicen que es la enfermedad infecciosa más letal que existe y una de las 10 primeras causas de muertes alrededor del mundo. En 2017 mató a 1.6 millones de personas (el 95% de las muertes en países de ingresos bajos y medianos) e hizo enfermar a 10 millones más. Además, el 40% de las personas con el virus activo no están reportadas, diagnosticadas ni tratadas. Desde que el Fondo Mundial provee el 65% de la financiación internacional para esta dolencia, los progresos han sido notables: entre 2000 y 2017, las tasas de mortalidad han caído un 42%, evitando 54 millones de muertes. “No son suficientes”, concluyen, “porque la incidencia de nuevos casos apenas ha disminuido en un 2% al año y, al ritmo actual, el fin de la tuberculosis no llegaría hasta dentro de 180 años”.

Por último, la malaria (transmitida por la picadura de ciertos tipos de mosquitos) es una de las enfermedades “más mortales de la historia de la humanidad”. Solo en 2017 hubo alrededor de 220.000 millones de casos y más de 400.000 muertes, de las cuales el 80% tuvieron lugar en África subsahariana, afectando sobre todo a mujeres embarazadas y niños menores de cinco años, aportan. Esas son las razones para que le pidan al Gobierno de España “que retome el compromiso histórico de nuestro país con la lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria, enviando una representación del más alto nivel a la próxima Conferencia de Donantes del Fondo Mundial y anunciando la contribución de los 100 millones de euros para tres años”. Así, zanjan, nos situaríamos al nivel de las naciones de nuestro entorno.

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