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La tiranía de las palabras

Después de vivir en primera persona lo del sábado, tengo menos esperanza en la sociedad. Sentí vergüenza, sentí lástima de toda esa gente que estaba allí para insultar, tirar latas de cerveza, agua, limpia cristales... todo valía para barrer a Ciudadanos de la fiesta del Orgullo. Los gais, lesbianas y transexuales que me acompañaban en los 150 metros que pudimos avanzar por el paseo del Prado, estaban con los ojos llorosos, tristes, incrédulos. La intolerancia se había cargado su fiesta, la de todos, la de la diversidad. Esas miradas de odio, esos insultos y esas frases de “fuera de aquí, nadie os quiere”. Quizás los dementes que hacían y decían eso no crean en nada. Ni en el orgullo, ni en la libertad. Sólo en la tiranía de sus palabras

Guillermo Hernández Fernández-Villanueva

Madrid

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