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¿Humillaciones? ¡Ni en broma!

Ampararse en las bromas para justificar las vejaciones en público

Mensajes de apoyo al centro LGTBI de Barcelona después de ser atacado en enero de este año.
Mensajes de apoyo al centro LGTBI de Barcelona después de ser atacado en enero de este año. Sopa Image/Light Rocket/Getty

Comportamientos machistas inapropiados amparados bajo la denominación de broma. Una práctica que, cuando la lleva a cabo un famoso, emite un mensaje erróneo.

La risa es una reacción espontánea ante una reacción incongruente y hay pocas cosas tan sanas, rentables y fructíferas como una carcajada. Nuestro cerebro reacciona cuando es testigo de una reacción que no esperamos. Por eso nos hace tanta gracia cuando alguien, de repente, tropieza y cae. Es una risa que ni siquiera puede controlarse. Pero las bromas son otra cosa. La efectividad de la broma la aporta el que la padece. Si tiene capacidad para zanjar la situación, puede que sea una broma. Si no, puede ser algo hiriente. Ahora trasladen esta situación a personas que, por su condición, ya sufren —colectivo LGTBI y mujeres—, diana perpetua de sufrimientos perpetuos. Desde el típico "mariconazo" que alguien suelta creyendo que es muy gracioso, hasta reírte de la carta que te ha enviado una admiradora, como hizo hace poco Luis Cepeda, exconcursante de Operación triunfo. Este último parece que es muy bromista, a juzgar por las veces que ha tenido que argumentar que sus actos no eran más que bromas. Sus admiradores ayudan bastante; son capaces de linchar y bloquear cuentas de quien señala que eso es maltrato machista. 

"Lo que para ti es una broma inocente puede ser algo dramático para otra persona o, cuando menos, agotador", aporta Ricardo de Pascual, doctor en psicología clínica. "Ese tipo de bromas absolutamente inocuas para el que las hace, si se repiten, pueden ser un goteo constante que termine afectando". Con las personas no heteronormativas es muy frecuente. De Pascual señala que "en este país casi parece un pecado imperdonable cortarle el rollo al grupito de blancos, hetero y cis (por cisgénero: persona que se identifica con el sexo que le fue asignado). Tenemos que entender que son solo bromas y la mayoría expanden su mensaje con la etiqueta #NotAllMen. Por poder, te puedes reír de todo, nadie va a impedírtelo, pero debemos ser conscientes de que eso puede hacer mucho daño. Tienes que tener permiso de la persona de la que te ríes para reírte de ella".

Los homosexuales se apropiaron de la palabra maricón porque no quedaba otra después de sufrirlo hasta la extenuación. Ahora mismo, proferirlo es casi más una demostración de cariño entre hombres homosexuales que visibilizan su orientación sexual. Pero para eso han tenido que ser ellos mismos quienes la utilizaran después de años de escarnio y sufrimiento y en este caso es una cuestión de permiso. Son ellos quienes te permiten que los llames maricones, no tú el que puedes insultarlos.

En el caso de las humillaciones, la cosa se complica. "Cuando tenemos una posición de poder o influencia, como puede ser desde un famoso hasta un periodista, tienes la responsabilidad moral de participar en el cambio de mentalidad machista," señala Carolina G. Aguirrezábal , psicóloga de la consultora Comunicación y Género: "Las personas que sean visibles tienen que tener un compromiso contra la violencia machista; son agentes de cambio capaces de hacerlo por su relevancia. No se pueden hacer declaraciones homófobas, ni comentarios machistas. Ni siquiera esos que no quiero llamar micromachismos porque son machismos a los que nos hemos acostumbrado. Tienen una responsabilidad y, como tal, es normal que se les señale cuando no lo cumplen." argumenta Aguirrrezábal.

¿Y qué pasa cuando la niña de la que se ríe el famoso asegura que aquello es una broma? "Muchas veces utilizamos esa técnica para desdramatizar, una de las opciones que tienes para no torturarte con lo que ha ocurrido, sostiene Ricardo de Pascual. Pero, ¿cómo se siente verdaderamente esa niña? Si no le ha dado más importancia, no habría que dramatizar, pero sí se debería señalar que el comportamiento no es el adecuado". Se llama educar.

Mi Moco acaba de terminar quinto de primaria. Es un niño de lo más vulgar, con su Fortnite, su rugby, su enganche a YouTube y su olor de pies cada vez más fuerte. El mensaje que recibe de los youtubers a los que sigue o los famosos que conoce cala hondo. Si se le nota cuando me contesta si insisto en que pase por la ducha, imaginen lo que me preocupa que sea un chulo de mierda como lo son tantos. Hace un par de años, un niño de sexto le subió la falda a una de sus compañeras, amparándose en que era una broma, y Mi Moco se plantó en mitad del patio recriminándole que lo hiciera. "A las niñas no les gusta", soltó. Es lo bueno de aprender a saltar a la comba y a la goma, que las niñas lo cuentan todo. El otro niño no se esperaba esa reacción. Estaba acostumbrado a arroparse de sonoras carcajadas.

¿Humillaciones? ¡Ni en broma!

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