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A la caza de los expertos en tributos

Los especialistas en impuestos tienen un amplio abanico de planes de formación

Alumnos del Centro de Estudios Garrigues.
Alumnos del Centro de Estudios Garrigues.

Dentro de las profesiones financieras, la de asesor fiscal es una de las más complejas, una actividad que exige conocimientos enciclopédicos (en constante actualización) y una gran destreza operativa. Al tiempo que deben manejarse con facilidad con la legislación para aconsejar a sus clientes y tomar sus decisiones, a estos asesores también se les exige facilidad para los números. Es una profesión que no ha parado de complicarse con la sofisticación de las operaciones empresariales, la multiplicación de normas fiscales y la internacionalización de la profesión.

“Los asesores fiscales”, apunta José Antonio Sánchez, responsable de Estudios del CEF (Centro de Estudios Financieros), “son profesionales que trabajan en entornos en permanente cambio. Todos los años se tocan todos los impuestos”. Además, la profesión está tan internacionalizada que “ni distinguimos”, asegura Jorge P. Rabadán, socio de Alliantia Abogados, “entre nacional e internacional. Cualquier empresa ya realiza operaciones internacionales”.

Pero ¿qué hace un asesor fiscal? En las asesorías más pequeñas lo habitual son la liquidación de impuestos y el seguimiento de los intereses de sus clientes ante las autoridades tributarias. En las grandes empresas y despachos las exigencias son mayores. Deben, además, analizar la realidad tributaria y asesorar a sus clientes para que tomen la mejor decisión en el pago, diseñar sus procesos de planificación fiscal, profundizar en las posibles responsabilidades tributarias, asesorar en cesiones de bienes o en reestructuraciones y operaciones de compraventa corporativa. Y en el área internacional, explica Cristina Prados, directora de Recursos Humanos de Deloitte Legal, “ayudan, ayudamos, a las empresas a definir y unificar su modelo fiscal en los países en que operan, su estrategia fiscal internacional, asesorar en las fusiones y adquisiciones internacionales”.

Gestión de nuevas tecnologías, especialización sectorial, idiomas y cultura internacional son clave para la profesión


Las grandes empresas y despachos se toman muy en serio el reclutamiento de estos profesionales. Buscan licenciados en Derecho o Económicas (o un doble grado de las dos), pertrechados con un máster. Y cada vez valoran más una serie de habilidades adicionales. “En Deloitte”, dice Prados, “hemos apostado por la constante digitalización y automatización de los procesos tributarios”, lo que los obliga a trabajar con analytics, inteligencia artificial o automatización robótica de procesos. Se les exige también conocimientos empresariales. “Deben familiarizarse”, apunta Eduardo Abad, socio responsable del Departamento Tributario de Garrigues, “con la empresa del cliente, su lenguaje y los mercados y sectores en que opera”.

En KPMG Abogados añaden lo que valoran: “Que nuestros abogados fiscalistas tengan formación sectorial ya que nos permite detectar las necesidades de cada empresa”. Luego, no hay que olvidar los idiomas y un marcado interés por lo internacional. “Cualquier estancia en otros países, así como la curiosidad por otras culturas son cosas que tenemos muy en cuenta en nuestros candidatos”, apostilla Abad. También se puntúa el carácter. “Un buen abogado o asesor fiscal”, prosigue, “debe contar con habilidades personales y comerciales”. “El asesor fiscal es un profesional cada vez más demandado”, asegura Carlos Nieto, responsable del área legal de Adecco.

La oferta de másteres es amplia y también la de los cursos de actualización, que, en temas fiscales, son cruciales

Elección académica

Parece recomendable, antes de empezar a trabajar, cursar un máster específico. Ofertas no faltan. ESADE ofrece el AGT (Asesoría y Gestión Tributaria) para licenciados en Derecho o Económicas, y el doble máster de Acceso a la Abogacía (que incluye el AGT para los que van a ser asesores fiscales); también el título de experto en Fiscalidad Internacional. Mientras que el primero dura un curso académico, de octubre a julio, el segundo es de 18 meses. Luego hay una panoplia de centros especializados en liza. El ISDE (Instituto Superior de Derecho y Economía), con más de 200 firmas colaboradoras, tiene el máster internacional en Asesoría Fiscal.

Lo inusual de este máster, explica Alejandro Martín, director de admisiones del centro, es que “el curso, de un año académico, se divide en dos partes; una primera en las aulas, con las asignaturas troncales, y una segunda en una de estas empresas o despachos, de especialización en temas como impuesto de sociedades, precios de transferencias, reestructuraciones, etcétera”. Antes de recibir el título, los estudiantes pasan una semana formativa en la Universidad de Florida, en Gainesville, la número uno en fiscalidad.

También Garrigues ofrece estos cursos en su Centro de Estudios. El enfocado a recién licenciados, explica Vanessa Izquierdo, su directora académica, “es el máster doble grado de Acceso a la Abogacía, en la especialidad tributaria”. Dura un curso completo, de octubre a junio, e incluye también prácticas en empresas y bufetes. Luego están el Curso de Experto Asesor Fiscal y Tributario, de INEAF (Instituto Europeo de Asesoría Fiscal o el máster en Tributación del CEF (Centro de Estudios Financieros). El primero es un curso online de 450 horas para los que quieran trabajar en asesorías fiscales y que prepara a los alumnos para liquidar los principales impuestos del ordenamiento jurídico español o saber responder ante las notificaciones de la Administración. El segundo es un curso similar y en dos modalidades, la que se cursa de forma presencial (un año académico) o la opción de estudio online(18 meses).

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