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Revolución fiscal para unos pocos

El PP promete una política neoliberal que, en realidad, ataca a la clase media y aumenta la desigualdad

La candidata del Partido Popular a la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, junto al secretario general del PP, Teodoro García Egea, en la Asamblea de Madrid.
La candidata del Partido Popular a la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, junto al secretario general del PP, Teodoro García Egea, en la Asamblea de Madrid. EFE

Ciudadanos y el PP quieren aplicar en la Comunidad de Madrid una "revolución fiscal" que sea un modelo para toda España. Sobre esas bases negocian un posible acuerdo de Gobierno. Defienden la teoría neoliberal de que la bajada de impuestos estimula la economía y al final todos salimos ganando, un mantra que desde Ronald Reagan y Margaret Teatcher viene repitiendo el pensamiento conservador. Pero allí donde se han aplicado estas políticas, lo que han producido es justo lo contrario, como explica Jonathan Aldred en su último libro Licence to be bad. How Economics corrupted us, del que pueden leer un extracto en Socialism for the rich: the evils of bad economics publicado en The Guardian.

Según Aldred, lo que estas políticas han provocado es un enorme incremento de las desigualdades y un empobrecimiento de las capas medias y bajas de la población, pero la forma en que han sido defendidas ha instaurado “la falsa impresión de que este resultado no solo era inevitable, sino bueno”. La primera trampa consiste en atribuir el aumento de las desigualdades a factores inexorables como la globalización o las nuevas tecnologías, para sostener a continuación que tratar de reducirlas vía impuestos está condenado al fracaso porque los ricos se llevarán el dinero a otra parte fiscalmente más favorable. Es una construcción ideológica. Efectivamente, si Madrid hace rebajas fiscales, puede atraer dinero de toda España, pero no es nada seguro que la inmensa mayoría de los madrileños vaya a vivir mejor, porque lo que cuenta, al final, es cómo se distribuye la riqueza que se crea. Por eso, estando todos los países europeos sometidos a la misma globalización y la misma presión tecnológica, en unos las desigualdades se han disparado y en otros no.

Lo más interesante de la explicación de Aldred es que la aplicación de estas teorías perpetúa las desigualdades sociales porque logra que la población interiorice una serie de creencias que tienden a justificarlas. Por ejemplo, la de que las ayudas sociales crean holgazanes. O la de que quienes fracasan en la vida, es porque no se han esforzado suficiente. En síntesis, que cada uno tiene lo que merece, y merece lo que tiene. Visto así, ya no choca que hace 50 años en EEUU un directivo cobrara 20 veces el salario del empleado medio de su empresa y ahora cobre 354 veces más.

 

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