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PERSONAJES

Battling Siki y el día que África tumbó a Europa

La memoria del primer campeón de boxeo africano de la historia está muy presente en su ciudad natal en Senegal

Battling Siki en Dublín (Irlanda), en 1923. Ver fotogalería
Battling Siki en Dublín (Irlanda), en 1923.
Saint Louis (Senegal)

El humilde, caótico y polifónico barrio de pescadores de Guet Ndar, en la ciudad senegalesa de Saint Louis, esconde unas cuantas sorpresas. Asomada a su calle principal, entre el trasiego constante de coches, calesas tiradas por caballos, niños que van y vienen y ancianos sentados en la magra sombra que proyectan sus muros, hay una casa. Pequeña, modesta, de planta baja. Sobre el amarillo de sus paredes y entre la eterna ropa tendida emerge el dibujo de un joven con el torso desnudo y guantes. Al lado, una inscripción: “Battling Siki, primer africano campeón del mundo de boxeo. Estrella de oro para siempre”.

Enfrente de la pequeña vivienda, Adama Legrand Diop se sacude el cansancio propio del ayuno de este mediodía de Ramadán en animada conversación. “Aquí nació”, señala con la ceremoniosa paciencia de quien ha contado la misma historia mil veces. “Mi abuelo, que era su hermano pequeño, nos contó la historia, pero no hablaba mucho de él. Siki se fue muy joven y no regresó jamás, pero era nuestra sangre, estamos orgullosos de él”.

Se llamaba Baye Fall, pero desde pequeño comenzaron a llamarlo M’barick por sus travesuras y su carácter revoltoso. Nacido en 1897, era el hijo primogénito de Oulimata y el pescador Alassane Fall. Cuando era adolescente, una bailarina europea de paso por Saint Louis decidió llevarlo a Europa y así fue como M’barick, rebautizado como Louis por aquella extranjera, abandonó para siempre su ciudad natal y comenzó una nueva vida. Sin consultar a sus padres. Hoy se llamaría secuestro, pero entonces eran otros tiempos.

En el barrio saintlouisien de Balacoss hay un pequeño gimnasio con suelo de cemento. En la pared detrás del improvisado ring, en realidad un espacio delimitado por unas cuerdas tendidas entre la pared y una columna, solo cuelga una foto. Es una instantánea de un combate de Muhammad Alí. Una decena de jóvenes y niños calientan los músculos. Hay quien va descalzo. Sudan la gota gorda en el calor de la tarde, pero no pueden ni acercarse al agua para refrescarse. Ramadán obliga.

Djiby Diop, entrenador de boxeo y artes marciales mixtas. ampliar foto
Djiby Diop, entrenador de boxeo y artes marciales mixtas.
Un joven se prepara para entrenar. ampliar foto
Un joven se prepara para entrenar.

En la ciudad hay tres salas de boxeo inglés. Guisse Mamadou, de 36 años, es el fundador del centro deportivo que lleva su mismo nombre. Por las mañanas trabaja como vendedor ambulante; por la tarde —y hasta la noche— se convierte en entrenador de artes marciales mixtas. Empezó con 15 años a probar disciplinas de todo tipo, del kung-fu al kick boxing. “Cuando era junior me gustaba pelear con seniors, aunque mi entrenador intentara disuadirme. Tenía mucha confianza”, recuerda. En 2016, dejó las competiciones y abrió este gimnasio, al que cada día acuden niños y adultos, incluso algunas chicas. Dicen que uno de ellos es Massar Diop, pariente lejano de Battling Siki.

No lo tuvo fácil el pequeño Louis M’Barick Fall cuando se quedó solo en Marsella. Un día se vio envuelto en una pelea y un veterano manager de boxeo, testigo de cómo tumbaba de un golpe a un gigantón, decidió entrenarlo, rebautizándolo de nuevo con el sobrenombre de Battling Siki. Con tan solo 15 años arranca su carrera como boxeador profesional. Tras lograr algunas victorias, la Primera Guerra Mundial se cruza en su camino y se alista para luchar por su país, Francia, consiguiendo la Cruz de Guerra y la Medalla al Mérito Militar por su valor en la batalla. El niño regresó del frente convertido en un héroe.

Pero el boxeo era su pasión y, tras la contienda mundial, retoma su carrera. Tras algunas victorias en Francia recala en Holanda. Allí conoce a Linjntje van Appelteer, quien se convertiría en su mujer y con quien tuvo su único hijo el 16 de diciembre de 1921, Louis Junior. “Sí, se decía que tuvo un pequeño”, asegura Adama Legrand Diop sentado frente a la casa natal de Siki en Guet Ndar, “pero su familia aquí nunca supo nada. Nosotros somos pescadores y a eso nos dedicamos. Vienen turistas a ver la casa, preguntan y luego se van. Eso es todo”, remata.

En el gimnasio de Balacoss son las seis de la tarde, pero la actividad es frenética. Abraham Koury tiene 22 años —casi 23, matiza— y solo lleva uno entrenando. Admite que, aunque conoce la historia de Siki, con quien sueña es con Muhammad Alí. Entrena tres días por semana y compite en la categoría de peso ligero (64-65 kilos). Espera que en el futuro pueda ganarse la vida con esto, pero de momento le toca seguir trabajando con su padre. “La nueva generación es más de Tyson o Muhammad Alí”, lamenta Elhadji Kane Sow, presidente de la liga regional de boxeo de Saint Louis. “Queremos que la gente sepa que este deporte existe y nuestro esfuerzo empieza a dar frutos, pero necesitamos medios”.

Entrenamiento de dos niños. ver fotogalería
Entrenamiento de dos niños.
La casa natal de Battling Siki en el barrio de Guet Ndar. ampliar foto
La casa natal de Battling Siki en el barrio de Guet Ndar.

Entre 1919 y 1922, la vida sonreía a Battling Siki: 43 victorias en 46 combates. Pese a su juventud, su nombre ya sonaba con fuerza en el mundillo del boxeo. Sin embargo, lo mejor estaba por llegar. El 24 de septiembre de 1922, el gran campeón del mundo de los pesos semipesados y auténtico ídolo nacional, el francés George Carpentier, accedía a batirse con el principiante y rudo senegalés. Aunque había truco, pues el combate estaba amañado para que el galo pudiera retener el título, las cosas no salieron como estaban previstas.

Carpentier, que apenas se había preparado, convencido como estaba de su victoria, está dando la esperada paliza a Siki hasta que este decide pelear. Un golpe tras otro, el joven senegalés empieza a dejar claro que no iba a dejarse tirar. En el sexto round propina un derechazo que tumba al campeón, pero el árbitro argumenta que Fall le había dado una patada, por lo que decide dar la victoria al francés. Sin embargo, las intensas protestas del público ante el evidente tongo hacen que reconsidere su decisión. Por primera vez en la historia, un africano ganaba un título mundial y Siki se convertía en una celebridad. Muchos europeos lo vivieron como una humillación.

Djiby Diop observa lo que ocurre en el ring de Balacoss desde unas butacas. Es una verdadera institución en el mundillo del deporte de Saint Louis. Entrenador de boxeo y artes marciales mixtas, asegura: “Todos los africanos están orgullosos de Siki, su estilo era un poco bruto, tenía más fuerza que técnica, pero los jóvenes que entrenan aquí conocen mejor a los boxeadores americanos, quieren viajar y conocer el mundo".

Una foto de un combate de Muhammad Alí cuelga detrás del 'ring' del gimnasio de Balacoss. ver fotogalería
Una foto de un combate de Muhammad Alí cuelga detrás del 'ring' del gimnasio de Balacoss.

"Se fue muy joven y no volvió. Creo que si hubiera regresado, quizás su influencia hoy sería mayor. Habría podido originar un cambio histórico y cultural”, explica Yann Benoiton, entrenador. “Los jóvenes saben que no van a ganar dinero con el boxeo, pero hay un orgullo en representar a su país”.

Siki solo retuvo el título unos meses y tras su derrota decide trasladarse a Estados Unidos, donde comienza su decadencia deportiva y personal. Se convirtió en un habitual de los bajos fondos, era conocido por su gusto por el alcohol, y se vio enzarzado en numerosas peleas callejeras. Pese a ya estar casado, volvió a contraer matrimonio, en esta ocasión con la artista Lillian Werner. El 15 de diciembre de 1925 fue asesinado de dos disparos en la espalda en una calle de la ciudad de Nueva York, no lejos de su apartamento. Nunca se encontró a los culpables, pero la humillante derrota de Carpentier tres años antes hizo perder fortunas a gente muy poderosa. Quien sabe si su suerte ya estaba escrita.

Un entrenamiento de Battling Siki, alrededor de 1920. ampliar foto
Un entrenamiento de Battling Siki, alrededor de 1920.

“Su cuerpo está aquí, en el cementerio Thiaka Ndiaye de Guet Ndar”, apunta Adama Legrand Diop, “en 1993 el Gobierno senegalés organizó su traslado desde Estados Unidos. Eso y el orgullo de su sangre son lo único que nos queda de él”. Varias salas de deporte y un coqueto hotel en el centro de la isla llevan hoy su nombre. Hasta Youssou N'Dour le dedicó una canción. Su primera esposa llevó una vida tranquila y anónima tras la muerte del campeón y el rastro de su hijo se perdió hace décadas, como tragado por la historia. Sin embargo, hubo un tiempo en que un africano de Saint Louis se negó a ser el saco de arena de una leyenda y reinó en lo más alto del boxeo mundial. Eso ya nadie podrá borrarlo.

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