Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Rivera: un paso adelante que esconde otro hacia atrás

Al líder de Ciudadanos le preocupa más la foto con Vox que gobernar con su apoyo

Santiago Abascal, líder de Vox.
Santiago Abascal, líder de Vox. GTRES

Los ciudadanos han votado pluralidad, pero algunos partidos no se han enterado. Si ellos lo hubieran querido —los españoles— habrían dado toooodos sus votos a la derecha o a la izquierda; a los indepeso a los unionistas; al Tottenham o al Liverpool, por entendernos y por extender a la política el código binario con el que se plantean las cuestiones más viscerales y primitivas de nuestro quehacer: las que dividen los más complejos planos vitales y sociales en ganadores y perdedores.

Pero la vida no es una final de Champions, por más que Trump haya adoptado el apelativo “perdedor” como su insulto favorito. Y menos lo es la política, donde la valía reside precisamente en escuchar a los votantes y servirles lo mejor posible dentro del marco legal y colocando su mandato y el bien general por delante de su propio poder. La inclusión en lugar de la exclusión, la incorporación del rival en la toma de decisiones en lugar de su aislamiento, la ampliación de la paleta de colores y no su simplificación. No hay blancos y negros en la buena política, la vieja o la nueva, sino pluralidad.

El partido de Rivera quiso ayer exhibir un paso adelante hacia esa pluralidad que, camuflado, alberga en su interior otro paso atrás de envergadura similar. Un auténtico moonwalk de Michael Jackson, un vistoso ejercicio para sacar brillo a la misma baldosa mientras pareciera que ha avanzado a la siguiente. La ejecutiva de Ciudadanos aprobó ayer no negociar con Vox, no sentarse a la mesa con la extrema derecha, lo que se tradujo de inmediato en titulares que se congraciaban con el deshielo que defiende el sector más crítico de este partido.

Pero su pronunciamiento es solo gestual, porque Ciudadanos estará encantado de recibir los apoyos de Vox “desde fuera”, siguiendo el modelo andaluz, siempre que no haya foto de una mesa de negociación. Lo que le importa por tanto es la foto, no el contenido. Es un cierto avance con respecto a los días de la foto de Colón, pero siempre en la misma baldosa ideológica.

La verdadera línea divisoria de Ciudadanos sigue siendo la que le separa del PSOE como un partido infectado que solo “excepcionalmente” se convertirá en socio. Rivera se equivoca de amigos. Y se equivoca de baldosa.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >