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El misterio Pablo Motos: ¿por qué es líder de audiencia y despierta a la vez tanta animadversión?

Su programa, 'El Hormiguero', funciona como un reloj y cautiva a millones de espectadores, pero las críticas semanales a sus entrevistas dejan su imagen pública en entredicho

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Pablo Motos, durante una prueba en 'El Hormiguero' que consistía en acercar mucho su rostro al de la supermodelo Alessandra Ambrosio. Foto: Getty Images

Hay un grupo en Facebook llamado Por un mundo sin Pablo Motos que tiene 17.000 miembros. Las noticias destinadas a señalar sus fallos y controversias triunfan en medios digitales, siempre ávidos de pillarlo en una nueva pregunta fuera de tono a una invitada (casi siempre son mujeres). El diario satírico El Mundo Today ha publicado 17 noticias sobre él. El Hormiguero deja tanta controversia como audiencia (en su última temporada superó la media de 2.700.000 espectadores) y también la constatación de que, al menos, es un trabajador incansable: en 13 años nunca ha faltado al programa, ya sea en muletas o en el mismo día que fallecía su madre. ¿Por qué despierta entonces Pablo Motos reacciones tan encontradas?

“¿Qué opinión crees que tiene la gente sobre ti?”, le preguntaron en una entrevista. “Me dejó de importar la primera vez que me hicieron daño", respondió Pablo Motos. "El que me quiera, que me quiera, y el que me tenga que odiar que me odie cuanto antes”

Es una pregunta difícil de responder porque no se puede comparar con otros casos. El ejemplo de Bertín Osborne viene a la mente como el otro gran presentador que despierta tantas pasiones como rechazo, pero es mucho más sencillo encontrar los motivos: si existen dos Españas, Bertín es el terrateniente de una de ellas. Pablo Motos (Valencia, 1965) apenas se ha mojado en política, aunque en su última ronda de entrevistas a los principales candidatos a las elecciones generales del 28 de abril fue comentadísima su complicidad con Albert Rivera y una insólita animadversión (dado el espíritu blanco y familiar del programa) hacia Pablo Iglesias. Por lo demás, Motos es un misterio. Apenas concede entrevistas. Los medios de sociedad especulan sobre su vida privada, pero él es una tumba en ese aspecto. Ni tan siquiera organiza ruedas de prensa para promocionar su programa al inicio de cada temporada, como es costumbre en casi todos los espacios de éxito.

Una de las pocas entrevistas que ha concedido Motos fue, precisamente, a Bertín Osborne para su programa En la tuya o en la mía. Y en un formato amable como ese hubo varias preguntas que apuntaban al carácter especial y a la extraña imagen pública de Motos. Por ejemplo, sobre su comportamiento como jefe. Dentro de la industria televisiva, el creador de El Hormiguero tiene fama de duro con su equipo y el presentador lo reconoció de manera cándida ante la cámara: “Yo no soy fácil como jefe, en absoluto. Cuando empieza el programa, no conozco a nadie. Cuando acaba el programa, vuelvo a conocer a todo el mundo”. Después, Osborne pasó a una pregunta de esas que hacen el espectador levante la cabeza del plato: “¿Qué opinión crees que tiene la gente sobre ti?”. “Me dejó de importar la primera vez que me hicieron daño", respondió Motos. "El que me quiera, que me quiera, y el que me tenga que odiar, que me odie cuanto antes”.

Pablo Motos besa a la modelo y actriz Cara Delevingne durante su visita al programa, en 2015.
Pablo Motos besa a la modelo y actriz Cara Delevingne durante su visita al programa, en 2015. Getty Images

Nadie odia a Pablo Motos, pero es fácil constatar, en conversaciones sociales, cómo a mucha gente le genera un inexplicable rechazo. En 2011, la desaparecida revista masculina FHM lo nombró el “peor comediante” de España tras hacer una encuesta entre sus lectores. No es sencillo explicar por qué, pero sí adivinar que él mismo podría ser consciente de la imagen que proyecta. El pasado verano, varios medios de sociedad se hicieron eco de una noticia llamativa: que Motos había dejado en manos de una consultoría la gestión de su imagen pública, preocupado por las crecientes críticas hacia su trabajo. Algo curioso para un personaje tan blindado, al que, según contó, ya no le importaba la opinión de la gente.

Se diría que el presentador se ha convertido en la diana de un odio casi especular: España es capaz de ver en él sus peores características. Por ejemplo, un machismo recalcitrante cuando tiene delante a una invitada que considera atractiva y que ni los tiempos del #MeToo han conseguido aplacar. Preguntó a las protagonistas de Las chicas del cable si sabían bailar reguetón, a Amaia Salamanca si le “cambia un poco la actitud” por teñirse de rubia, a Pilar Rubio por su ropa interior, a Cristina Pedroche qué pensaba hacer cuando se le cayese el pecho, a Elsa Pataky también por su ropa interior, a Rosa López por sus fotos en bikini. Cuando preguntó a Jessica Chastain cuándo se acabaría "la rivalidad" entre hombres y mujeres y ella le aclaró que no existía tal cosa antes de elaborar un valioso discurso explicando por qué, él respondió: "Qué guay".

Casi ningún invitado a su programa tiene más protagonismo que él. Una fórmula que, vistas las cuotas de audiencia y a saber por qué, le funciona, pero hace imposible catalogar su programa como un espacio de entrevistas

El Hormiguero, un programa diseñado a medida de su presentador, también convierte a Motos en una tipología de personaje egocéntrico que todos conocemos. Casi ningún invitado a su programa tiene más protagonismo que él. Una fórmula que, vistas las cuotas de audiencia y a saber por qué, le funciona, pero hace imposible catalogar su programa como un espacio de entrevistas. Tal vez porque, simplemente, no es un buen entrevistador. Tampoco lo es Bertín Osborne, pero su fórmula ha demostrado que un sofá y un poco de silencio son suficientes para que la conversación se vuelva fluida e interesante entre dos personas. “Lo que hay que hacer para vender libros”, exclamó con cierta molestia Xavier Sardá en febrero de 2017 durante una visita a El Hormiguero para promocionar su libro Una historia de la mala leche. “¿Ya está?”, preguntó al terminar. “¡Es que nunca sé en qué momento estamos!”, remachó Sardá.

La respuesta es que en El Hormiguero siempre es el momento de Pablo Motos. Y tal vez por eso despierta unas reacciones tan iracundas: si bien otros presentadores con una personalidad muy fuerte y un enorme dominio de sus programas (pensemos en Jorge Javier Vázquez) dejan de vez en cuando el protagonismo a sus invitados, esto no ocurre en El Hormiguero, donde en el mejor de los casos el equilibrio de importancia entre presentador y entrevistado será del 50%.

Justin Timberlake, Jesse Eisenberg y Andrew Garfield, durante su visita a 'El Hormiguero' en 2010 para promocionar 'La red social'.
Justin Timberlake, Jesse Eisenberg y Andrew Garfield, durante su visita a 'El Hormiguero' en 2010 para promocionar 'La red social'. "Es un programa diseñado para humillarte", se quejaría después Eisenberg durante una entrevista en la televisión estadounidense.

Otras estrellas han criticado directamente esa característica del programa: son memorables los comentarios de los actores Jesse Eisenberg o Charlize Theron al respecto. Muchos tildan el programa de caótico, pero a Motos hay que alabarle un control absoluto sobre el producto que quiere hacer. Cuando se llevó el programa a Antena 3 desde Cuatro, donde se emitió entre 2006 y 2011, el consejero delegado de Mediaset Paolo Vasile dijo sobre él: “Teníamos la consigna de no tocarle los cojones a Pablo Motos porque ya sabíamos que era un tipo nervioso al que no se le podía tocar nada de la escaleta”.

Los hay que tienen una conexión casi espiritual con Motos. Will Smith ha visitado el programa seis veces y cuenta con la ventaja de tener, probablemente, un ego igual de grande que el de Motos. Si otras estrellas siguen yendo, aunque el programa pueda haberse revelado como un extraño tótum revolútum en el que se baila y se rompen cosas más que se habla, es porque acudir a El Hormiguero es el impuesto revolucionario que una estrella debe pagar para ser visible en España: es el espacio de más audiencia donde un artista puede promocionar su trabajo.

Un día Motos hizo al actor Andrew Garfield una pregunta tan larga que el propio Pablo sintió la necesidad de apostillar lo siguiente: “A lo mejor he hablado mucho en la pregunta y no te he dejado sitio para la respuesta”. Garfield respondió: "Creo que no hace falta contestar. Tu pregunta no requería una respuesta".

Los españoles llevamos desde 2006 intentando adivinar de qué va este programa y tuvo que venir un tipo desde Los Ángeles a resumir el programa en 12 palabras.

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