Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

‘Game over’

La ventaja de la democracia es que la autocrítica te la hace la gente en las urnas

El líder de Unidas Podemos Pablo Iglesias durante el acto electoral que la formación en Madrid.
El líder de Unidas Podemos Pablo Iglesias durante el acto electoral que la formación en Madrid. Luca Piergiovanni (EFE)

Hace ahora cinco años, Podemos apareció casi de la noche a la mañana haciéndose con cinco escaños en las elecciones al Parlamento Europeo del 25 de mayo de 2014. En esos mismo comicios, el PSOE perdió nueve de sus 23 eurodiputados, y el entonces secretario general socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, anunció que, en consecuencia, dimitiría. Convocó un congreso para un par de meses más tarde donde se elegiría una nueva dirección. A los pocos días, el rey Juan Carlos abdicó en su hijo Felipe VI.

Más información
EDITORIAL | Voto disperso
El ocaso de Pablo Iglesias

Todos los protagonistas de aquellos días han vuelto a serlo, por razones bien distintas, en este mayo de 2019. La primavera multielectoral que debería cerrar el ciclo de convulsión política que se inició entonces.

Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.
Suscríbete aquí

Recordar hoy las palabras con las que Rubalcaba anunció que dejaba la Secretaría General socialista, produce melancolía: “La responsabilidad del muy mal resultado electoral es mía, mía y mía y así asumo mi responsabilidad. Con un resultado como este, algo no hemos hecho bien. Aquí hay un problema de responsabilidad política de un resultado malo sin paliativos; una responsabilidad que hay que asumir. Y esa responsabilidad la asume la dirección y la asumo yo”. La vieja política se despedía a lo grande. Y se iba, en teoría, para dar paso a la nueva, que venía con prisas para regenerar la vida pública, la democracia interna de los partidos y la rendición de cuentas ante la sociedad.

Ni Casado ni Iglesias han dimitido tras el descalabro de sus partidos, y el resto de la retórica regeneracionista es hoy papel mojado. Pero la ventaja de la democracia es que la autocrítica te la hace la gente en las urnas. Se acabó el recreo, los juegos de tronos en Podemos, el tacticismo ideológico en Ciudadanos y el eterno viaje al centro del PP. El PSOE, como se desangró primero, les lleva ventaja en la cauterización de heridas. Con estos resultados electorales tienen que repartirse el poder y hacer política durante cuatro largos años. Los pactos y la práctica diaria los definirá más que la verborrea electoral.

Con dos señales de alarma. Una: dar cancha a Vox lastrará en Europa y en el futuro a quien lo haga. Y dos: la voluntad mayoritaria de encauzar el conflicto catalán no impide que la desconfianza hacia sus dirigentes se agrande cada día en el resto de España. @PepaBueno

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS