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El Principado más ecológico con el que sueña Alberto de Mónaco

El príncipe trata de ganarle espacio al mar con un nuevo barrio sostenible ideado por el arquitecto italiano Renzo Piano, además de impulsar nuevas inversiones y negocios

Alberto de Mónaco, en un partido de fútbol.
Alberto de Mónaco, en un partido de fútbol. GTRES

Alberto de Mónaco se ha propuesto ser el rostro visible de un principado en expansión, que se apoya en la tecnología y la sostenibilidad para crecer y ampliar horizontes. El Mónaco del glamur y el esplendor, convertido en los años sesenta en un icono del lujo y en epicentro de desfiles de estrellas de Hollywood y de fiestas opulentas de la mano de la princesa y actriz Grace Kelly, dio paso a una época incierta, de transición hacia un nuevo modelo económico y otra identidad. Ahora Alberto, que se convirtió en la cabeza del Estado después de la muerte de su padre Raniero en 2005, espera recuperar la presencia internacional del diminuto país, afianzar sus puntos fuertes y atraer nuevas inversiones. “Debemos continuar diversificando la economía de Mónaco, no podemos quedarnos en el turismo de lujo”, ha dicho el príncipe en una entrevista que el diario italiano Il Corriere della Sera publicó el lunes y en la que el soberano habla de sus planes para alumbrar el Mónaco del futuro.

El príncipe Alberto confiesa que emprende esta nueva etapa con las lecciones de su padre muy presentes. “Trabajar en las infraestructuras y desarrollar negocios históricos del principado como el farmacéutico o el cosmético, desde Lancaster a Biotherm, y buscar mientras nuevas actividades con un alto valor añadido y alta tecnología” son sus planes, inspirados en las enseñanzas de Raniero, para el futuro del país. “Debemos atrevernos a llevar a cabo nuevas operaciones”, subraya.

Son varios los pilares en los que el príncipe Alberto ha decidido apoyarse para llevar a cabo la expansión y la remodelación del nuevo principado. Uno de ellos es el urbanismo. El pasado febrero se inauguró el barrio de lujo One-Monte Carlo, cerca de la emblemática plaza del Casino. El flamante proyecto conjuga un complejo residencial de gama alta con zonas de compras, con una veintena de boutiques de lujo; y espacios de gastronomía, cultura y negocios a dos pasos del corazón del Principado. Todo gira en torno a una arteria principal: el paseo Princesa Charlène, que lleva el nombre de su esposa y madre de sus mellizos, Gabriella y Jacques. Algunas marcas de alta moda ya hacen cola para colocar su escaparate en las torres centrales del distrito, firmadas por el arquitecto británico Richard Rogers.

Alberto de Mónaco, con sus sobrinos Pierre y Andrea.
Alberto de Mónaco, con sus sobrinos Pierre y Andrea. GTRES

Por otro lado, el Principado está tratando de ganarle espacio al mar con un nuevo barrio ideado por el arquitecto italiano Renzo Piano, con paneles solares y amplias zonas verdes. En Montecarlo también están ensayando un servicio postal de correos con entrega mediante drones. “Mónaco puede ser el laboratorio del futuro”, afirma el príncipe Alberto, que confía en el desarrollo tecnológico, pero recela de la inteligencia artificial. “Puede ser útil, hacernos la vida más sencilla, pero pensándolo bien, si la vida es demasiado sencilla podría resultar también aburrida”, reflexiona en la entrevista.

Otra de las patas de su plan es la sostenibilidad, combinada con una mirada al mundo. Según anuncia Alberto de Mónaco, el Principado ha firmado varios convenios con China para intercambiar conocimientos, tecnología y recursos y así ayudar al país asiático a reducir la contaminación. Lo harán también a través de la fundación que lleva su nombre, que ya cuenta con una nueva sede en Pekín y que se dedica a desarrollar proyectos ambientales.

La protección del medio ambiente es un tema sensible para los Grimaldi, comprometidos tradicionalmente con la ecología. El sobrino de Alberto, Pierre Casiraghi, hijo de Carolina y esposo de la periodista italiana Beatrice Borromeo, es una de las voces más activas de la familia contra el cambio climático. El joven de 31 años, asiduo a las regatas de vela, puso en macha en 2018 un proyecto, el Malizia Ocean Challenge, para investigar la contaminación de los océanos, combatirla y concienciar sobre el problema.

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