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La niña que se pagó su propia ablación

La cineasta Reem Saleh vuelve al barrio de su madre para relatar cómo se organizan para que a nadie le falte de nada en un vistazo único a la intimidad de la sociedad egipcia

Es inusual que una cámara grabe un relato tan desnudo y brutal de cómo se lleva a cabo la ablación. En la intimidad de su casa y con total naturalidad la niña Dunia cuenta a su amiga que le despertaron muy pronto, cómo le abrieron las piernas y le inmovilizaron las cuatro extremidades para después sujetarle el clítoris con una cuchilla y cortárselo rápidamente. "Estaba muerta de miedo, no podían ponerme anestesia". Fue ella misma la que exigió esta mutilación con la connivencia de su madre y a espaldas de su padre, que no lo aceptaba.

La pequeña Dunia prosigue enumerando los motivos que le han llevado a la mutilación. Para ella es un símbolo de rebeldía como podría ser hacerse un tatuaje. "Ahora soy una señora, mi padre y hermano ya no pueden decirme qué hacer. Ahora me casaré con un marido que será todo un hombre que me dará varias palizas al día", explica la pequeña que curiosamente tiene una fuerte personalidad que acapara la atención de todo el que le escucha. Egipto es uno de los países líderes en ablación.

Su historia es una más de las que suceden cada día en el barrio egipcio de Rod el Farag, uno de los más humildes de El Cairo. Es el lugar en el que nació y creció la madre de la cineasta Reem Saleh, que tras la muerte de esta volvió a sus calles para relatar la vida de sus habitantes con un acceso único a la intimidad de sus vecinos. Lo cuenta en la película What comes around (Lo que te rodea). "Antes de empezar a rodar, pasé largas temporadas allí durante un año. El equipo era muy reducido, no admiten extraños, en ocasiones era solo yo con la cámara", cuenta durante su visita al Festival de Cine Africano, que se celebra estos días en Tarifa. La cineasta ha invertido seis años en este proyecto.

El hilo narrativo de la película se estructura en torno a la cooperativa que gestiona el devenir del distrito. Los vecinos aportan de forma voluntaria una cantidad mensual que luego dividen según las necesidades. Si una familia tiene una boda, el dinero para organizarla sale de la hucha, igual que si necesitan una moto para trabajar o si una de las niñas quiere la ablación, como Dunia. "Para mí ese fue uno de los momentos más impactantes. Yo crecí en el Líbano donde no se practica y mi madre mintió a sus familiares en Egipto para conseguir que no me la hicieran en una visita. Si queremos acabar con esta práctica hacen falta más que campañas de concienciación como las que se hacen ahora porque, o no les llegan, o las ignoran".

Ahora soy una señora, mi padre y hermano ya no pueden decirme qué hacer. Ahora me casaré con un marido que será todo un hombre que me dará varias palizas al día

El objetivo de la directora no era contar historias de mujeres, pero el desarrollo del rodaje la llevó por ese camino. "Al principio contaba con más personajes masculinos que femeninos, ellos querían demostrar ante las cámaras que eran los que mandaban. Pero pronto se cansaron y se vio la realidad, que ellas son el centro de todo". La contradicción reside en que a estas mujeres poderosas, que son el eje de la vida comunitaria y familiar, les pegan y las abandonan.

Mujeres como Um Ghareb, todo un pilar del barrio, se encarga incluso de recaudar el dinero de la cooperativa. Pero el momento en el que su marido cae enfermo y ella tiene que empezar a trabajar más horas fuera de la casa para poder mantener a la familia, su marido Adel no soporta la falta de atención. "No pido mucho, solo que me haga la cena y tener la ropa limpia y planchada, creo que es lo mínimo que se puede exigir", relata él. El desenlace de este matrimonio es una de las consecuencias más trágicas de la férrea sociedad egipcia. "Hay muchas formas de violencia, hay golpes, por supuesto, pero también el hecho de que el hombre se divorcie y vaya a buscar a otra mujer cuando no haces lo que quiere o que se quede con el dinero para él en lugar de aportarlo a la familia como sí hacen las mujeres de este barrio", detalla Saleh.

La directora acompaña también a una de las familias en su paseo por el cementerio mostrado respeto a sus antepasados o el cuidado de uno de los miembros de la comunidad gravemente enfermo. La cámara se mete hasta el epicentro de una pelea entre la novia y la suegra en plena boda. "Uno de los detalles más bonitos es cuando la cooperativa se preocupa de que todos los niños tengan algo bonito que estrenar al final de Ramadán", comenta.

La cinta llega a su desenlace con el fin del recorrido de esos seis años en los que la directora acompañó a sus vecinos. Tal y como reflexiona Um Ghareb: "Somos como una gran familia, si tienes algún problema siempre habrá algún vecino para solucionarlo, aunque esto pueda sonar horrible para los desconocidos".

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