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La afilada lengua de Keira Knightley

La actriz británica ha interpretado a muchas delicadas mujeres de época en sus películas, pero en la vida real es aguda, irónica y ha superado sus inseguridades

FOTO: Keira Knightley, en el estreno de 'El día que vendrá' en febrero en Londres. / VÍDEO: Tráiler de 'El día que vendrá'.

Otra película de época. Otra película justo después de la II Guerra Mundial. Otro papel perfecto para Keira Knightley. Algo así deben de pensar muchos directores y responsables de casting cuando llega un guion dramático y romántico situado en los años treinta o cuarenta. A la actriz británica también le cansa aunque reconoce que le gusta interpretar mujeres de épocas pasadas porque es una feminidad de quita y pon que viene dada por el vestuario. Cuando le llegó el guion de El día que vendrá, basado en una historia real de la inmediata posguerra en Alemania tuvo sus dudas. Aunque asegura que las despejó pronto. “No sabía nada de ese periodo concreto, de lo que sufrió la ciudad de Hamburgo, de lo que supuso la reconstrucción”, cuenta.

Knightley interpreta en esta película a la mujer de un coronel encargado de esa reconstrucción, una pareja rota por la muerte de su hijo en la guerra. “Desde que soy madre, como todas las madres y padres, no puedo soportar ver historias de niños muertos, pero como actriz jamás tiro de mis propias experiencias, simplemente busco sentir empatía por mi personaje, así que no me pongo en su cabeza. Por eso no lo pasé mal”, cuenta. En vez de llevarse el trabajo a casa, lo que le pasó durante el rodaje de El día que vendrá es que se llevaba su casa al trabajo. Viajó a Hamburgo con su hija, que entonces tenía 18 meses y “que estaba en una etapa de no dormir nada”. “Como actriz lo que buscas es tener tus emociones a flor de piel y nada te hace sentirlas más a flor de piel que no dormir ni una noche del tirón. Sí, en este caso, ser madre me ayudó a interpretar mi papel”, bromea la actriz.

En pantalla es conocida por esas mujeres de época, elegantes y finas, pero en persona Keira Knightley, siempre vestida de Chanel, tiene una lengua aguda y muy irónica. Si se descuida suelta un taco al final de cada frase. No se esconde y desafía al periodista que tiene delante. Ha sido así siempre, incluso antes de que el movimiento MeToo diera libertad al discurso feminista en Hollywood. Decir lo que pensaba le supuso muchas críticas. “El principio de mi carrera fue una experiencia dura en todos los sentidos. No sé si lo fue más porque dijera lo que pensaba. No creo que la gente me hubiera criticado menos si hubiera permanecido callada. Al final, aprendes que no puedes gustarle a todo el mundo, que tú no tienes el control y aprendes, sobre todo, a decir mucho: ‘¡Que les jodan!”, suelta.

El pasado otoño, Knightley confesó que sufrió estrés postraumático debido a la fama cuando era joven. A los 22 años tuvo que parar cuando se pasó tres meses sin poder salir de casa, por las críticas, por la persecución de los paparazi. “Todo el mundo estaba esperando que me cayera o que saliera horrible”, recuerda. “Es un periodo complicado para cualquier mujer y en mi caso estaba amplificado por la fama. Pero, bueno, he sobrevivido, así que tan mal no lo hice”, se ríe ahora recordando aquella época.

Keira Knightley, en un fotograma de 'El día que vendrá'. ampliar foto
Keira Knightley, en un fotograma de 'El día que vendrá'. CORDON PRESS

¿Por fin lo está disfrutando, la fama y su trabajo? “Mucho más, sin duda. Tengo 34 años y ya no me siento insegura por no haber tomado nunca clases de interpretación”, confiesa. “Ahora también creo que si cuando empecé hubiera ido a clases o a una buena universidad, me habrían tratado ligeramente mejor”. Por eso, hoy se cerciora de que las actrices jóvenes en sus rodajes “sean escuchadas y tratadas con respeto”. “Cuando empecé, nadie me hablaba en los rodajes, nadie me preguntaba nada”, se queja.

¿Es algo que le pasó en Star Wars? Su primera gran película, hace ya 20 años, cuando ella tenía solo 12 y ejercía de doble de Natalie Portman. “Sinceramente, no recuerdo nada de aquel rodaje. No entendí nada de lo que hacía allí, solo recuerdo que me caí de un carrito de golf cuando iba con Ewan McGregor”, vuelve a reírse. Se ríe mucho de ella misma.

Después llegaron Quiero ser como Beckham, Piratas del Caribe, una buena lista de películas de época (Expiación, Orgullo y prejuicio, Anna Karenina) y la fama incontrolable. Un tiempo en el que solo tuvo control sobre algo: su cuerpo. “En el pasado hice escenas de desnudo, siempre tomando yo las decisiones. Ahora mi decisión es que no enseño más mi cuerpo”, revela. En las escenas de sexo de El día que vendrá ha usado un doble de cuerpo. “Era una chica maravillosa, con un cuerpo precioso. Ella rodaba y yo estaba tomándome un té”, dice. “No tengo problemas en hacer escenas de sexo en pantalla, siempre que no sea mi cuerpo. Me siento perfectamente feliz y cómoda, mi cuerpor ha dado a luz a mi hija, la ha alimentado, estoy cien por cien agradecida a él, pero ya no tengo necesidad de desnudarme en una habitación llena de hombres, no lo necesito”.

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