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UNA MIRADA EXTERIOR ANÁLISIS i

Geografía simbólica del inicio de campaña

Los partidos políticos siguen escogiendo con esmero los lugares desde donde se lanzan a la contienda

Santiago Abascal, seguido de Rocío Monasterio y Ortega Lara, en la Cubierta de Leganés (Madrid) durante un acto de Vox.
Santiago Abascal, seguido de Rocío Monasterio y Ortega Lara, en la Cubierta de Leganés (Madrid) durante un acto de Vox.

Si bien, la creciente osmosis entre actos de precampaña y campaña diluye el concepto de pistoletazo de salida de las campañas electorales, en la mayoría de países, los partidos políticos siguen escogiendo con esmero los lugares desde donde se lanzan a la contienda. En las últimas elecciones presidenciales francesas, Macron lo hizo desde el recinto ferial de la parisina Puerta de Versalles. Además de albergar un gran aforo, era ya un guiño al concepto versallesco del poder que caracterizó el inicio de su mandato. Le Pen, del entonces Frente Nacional, optó por Lyon, antigua capital de la Galia romana. Mélenchon, de la Francia Insumisa, la emuló, pero con una novedad: su holograma aparecía, al mismo tiempo, en Aubervilliers, tradicional bastión del Partido Comunista y uno de los barrios sensibles de la periferia parisina. Retaba así a Le Pen, conjugando tradición y modernidad.

En nuestras actuales elecciones, mientras algunos partidos han barajado, o siguen barajando, varias posibilidades para el viernes 12, fecha oficial de inicio de la campaña; la decisión de Vox de situar su acto en Covadonga, desde donde arrancó la Reconquista, es, no sólo la elección más mediática, sino la más legible para los votantes.

En la elección geográfica de los partidos juegan criterios funcionales como la existencia de recintos capaces de reunir a miles de personas o la posibilidad de obtener permisos para utilizarlos. Pero importan, sobre todo, criterios simbólicos. A veces, como en el caso de Lyon o Covadonga, el objetivo es evocar las esencias patrias, autoarrogándose implícitamente el papel de valedor único de éstas. Algo similar detectamos en la decisión de Pablo Casado de regresar a la plaza de Colón, otro símbolo de la Hispanidad, el próximo jueves, víspera del inicio de campaña. Otras veces, resultan determinantes criterios simbólicos más anclados en el presente, como un alto nivel de popularidad del partido o candidato en el lugar elegido. Así, Iglesias planea lanzar su campaña desde Ferrol donde se encuentra uno de los astilleros de Navantia. Además de recibir el arropo de una ciudad gobernada por una confluencia hermana, Podemos visibiliza su compromiso con el sector naval. Es inevitable no percibir, asimismo, el simbolismo histórico de un líder nacional de izquierda apropiándose de la cuna de Franco. La misma lógica, lanzarse en territorio amigo, explicaría la decisión de los socialistas de iniciar su campaña en Tres Hermanas (Sevilla), la noche del 11 al 12 de abril. Se habló también de la posibilidad de que Sánchez acudiera el viernes 12 a Castellón, ciudad en la que consiguió un gran número de apoyos en las primarias del partido.

La geografía simbólica del inicio de esta campaña no es nítida y refleja la complejidad del mapa electoral en el que se mueven los partidos. Con la excepción de Vox, estos se muestran tan pendientes de sus propios referentes simbólicos como de los del adversario.

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