Columna
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Renglones torcidos

Están enviando a la eurocámara a políticos curtidos en mil batallas o jóvenes promesas llenas de ambición, mientras en las cortes nacionales nos quedamos con un casting de legiones de escuderos

La portavoz del PP en el Congreso y candidata número uno para las europeas del próximo 26 de mayo, Dolors Montserrat, este lunes en Madrid.
La portavoz del PP en el Congreso y candidata número uno para las europeas del próximo 26 de mayo, Dolors Montserrat, este lunes en Madrid. Fernando Alvarado (EFE)

Obedeciendo a una ley irrevocable, la historia niega a los contemporáneos la posibilidad de conocer en sus inicios los grandes movimientos que determinan su época”, así describe Stefan Zweig en El mundo de ayer. Memorias de un europeo la indiferencia con la que escuchó las primeras veces el nombre de Hitler, como uno más de los alborotadores que surgían aquí y allá en la Alemania desbaratada del inicio de la década de los años treinta. Cómo distinguir el peligro verdadero de la representación bufa de esos mismos peligros. Se queja el autor al escribir sus memorias de que la prensa se burlaba, al principio, de los mismos que pocos años después acabaron con todas las libertades.

No voy a abusar de las comparaciones históricas ni dejaré que me domine ese síndrome del apocalipsis que padecemos los apasionados de los libros y las series distópicas. Pero cómo no pensar en la frivolidad de los criterios domésticos, muchos en clave de batallitas de poder orgánico rampante, con los que se están confeccionando y presentando las listas de candidatos a eurodiputados que enviaremos en mayo a combatir el mayor peligro para el proyecto europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Frente al batallón de populistas, euroescépticos, ultras y hacedores de exits que van a ocupar los escaños de Estrasburgo, aquí hablamos de recolocación de excedentes, liberación de pesos muy pesados, compensación familiar o sustitución de última hora por baja del titular. Se puede elegir el epígrafe que mejor ampare la situación de cada partido o la manera en que lo hemos contado.

Y sin embargo, la realidad es que están enviando a la Eurocámara a políticos e intelectuales curtidos en mil batallas o jóvenes promesas llenas de ambición, mientras en las Cortes nacionales nos quedamos con un casting de legiones de escuderos de los líderes y futuras señorías más pensadas para el espectáculo que para la elaboración de leyes y el control del Gobierno. A veces, también la historia escribe recto con renglones torcidos.

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Esta paradoja es especialmente llamativa en los partidos de la derecha, que se disponen a formar en las Cortes españolas grupos parlamentarios que incluyen a empresarios retirados, tertulianos, aficionados paleolíticos a la política o toreros. Y mientras, por descarte o necesidad, envían o mantienen en la Eurocámara a clásicos de la política como Montserrat, González Pons, López Istúriz, García-Margallo, Pagazaurtundua o Garicano.

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