Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Alma y corazón

Rafael Sánchez Ferlosio es quien más ha durado en esta sociedad chabacana y hasta la última tertulia mantuvo el tipo y agitó las conciencias

Fotografía de archivo, tomada el 7 de enero de 1955, de Rafael Sánchez Ferlosio junto a su esposa, Carmen Martín Gaite.
Fotografía de archivo, tomada el 7 de enero de 1955, de Rafael Sánchez Ferlosio junto a su esposa, Carmen Martín Gaite. EFE

Se nos fue el último de los grandes. Un ciudadano que aún trabajaba en exclusiva para su conciencia y con la literatura. Lo cual implica que su prosa tenía la musculatura de un atleta junto con la ligereza y la gracia de un bailarín. Leerle es danzar con un coloso del lenguaje.

Tengo estampas suyas de cine mudo, de otro siglo, como cuando llegó a la estación de Austerlitz, en París, para hacerle una visita a su amigo Agustín García Calvo, el cual no podía desplazarse porque estaba castigado por el Régimen. Las locomotoras aún eran de vapor y le recuerdo envuelto en humo mefistofélico, bajando por la escalerilla de hierro y agitando en su mano derecha un considerable chorizo. Solo alguien absolutamente cierto de su grandeza puede elegir un chorizo a manera de tirso y cantar el evohé a la reunión de amigos que le espera.

Años más tarde, en el monasterio de Veruela, discutiendo a voz en grito siempre con Agustín sobre las convulsiones conceptuales del infinito y trotando luego con mayor vigor que todos nosotros (20 años más jóvenes) por la ladera del Moncayo. Y esto enlaza con su costumbre de mandarnos subir a su casa (un sexto piso) en el ascensor mientras él subía por la escalera a velocidad de dibujos animados. Alcanzaba a abrirnos la portezuela resoplando y perfectamente feliz.

Portentosos años aquellos en los que Agustín, Rafael y Juan Benet nos orientaban en el pensamiento, las artes y el sentido común. Tres maestros abismalmente alejados de cualquier vanidad, comercio, autosatisfacción o sectarismo. Humanos, demasiado humanos para ser humanos. Rafael es quien más ha durado en esta sociedad chabacana y hasta la última tertulia mantuvo el tipo y agitó las conciencias. Eso era la auctoritas y no lo que ahora nos venden.

Sobre la firma

Félix de Azúa

Nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Logo elpais

Ya no dispones de más artículos gratis este mes

Suscríbete para seguir leyendo

Descubre las promociones disponibles

Suscríbete

Ya tengo una suscripción