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Líderes anónimos que catalizan el malestar global

Los movimientos del 'Me Too' y de los estudiantes por el clima tienen en común la rapidez del contagio a escala planetaria

La activista sueca de 16 años Greta Thunberg participa en la manifestación de Estocolmo.
La activista sueca de 16 años Greta Thunberg participa en la manifestación de Estocolmo. REUTERS

Primero fue el Me Too de las mujeres y ahora es el dedo acusador de los estudiantes por el clima el que se extiende por más de cien países. Ambos movimientos tienen en común elementos que explican el nuevo terreno en el que nos movemos. El primero, la inusitada rapidez con la que puede convertirse en global una iniciativa que surge de forma local. Una mujer que denuncia públicamente un acoso. Una niña solitaria que deja la clase y se planta con su pancarta ante el Parlamento de su país. La capacidad de contagio instantáneo es una de las características del nuevo ecosistema y es fruto de la sinergia entre las redes, que forman una malla tupida capaz de cubrir todo el planeta, y los grandes medios de comunicación, cuya capacidad de difusión e impacto es también, gracias a Internet, global. Este complejo sistema combina la verticalidad con la horizontalidad: cada receptor se convierte en un nuevo foco emisor.

El segundo elemento diferencial es la naturaleza de los liderazgos que los mueven. Personas anónimas capaces de encarnar en un momento dado una corriente profunda que no acaba de encontrar su cauce de expresión. Es un liderazgo “catalizador”, en el doble sentido de la palabra: 1) Causar o provocar un proceso o una reacción de cualquier tipo. 2) Atraer, conformar y agrupar fuerzas, opiniones, sentimientos, etcétera. Exactamente eso. Si el malestar que los alimenta es global, lo natural es que la respuesta también lo sea.

El tercer elemento es la radicalidad de las reclamaciones. Las mujeres saben que solo con leyes no se alcanzará la igualdad porque hay mil formas de incumplirlas. Que no habrá igualdad sin un cambio profundo de las estructuras. También los estudiantes que siguen a Greta Thunberg reclaman transformaciones radicales: “Para intentar hacer algo por el clima hemos de cambiar el sistema”, escribían ayer sus líderes. En el caso de las mujeres, el combustible que las mueve es el hartazgo por la persistente humillación. En el de los jóvenes por el clima, la urgencia: “Si los que ahora están en el poder no actúan, será nuestra generación la que pagará las consecuencias”. “No podemos seguir esperando”. Dicen que no quieren esperanza, quieren que los adultos sientan pánico y hagan algo. La cuestión es cuánta fuerza serán capaces de acumular y si tendrán capacidad de perdurar.

 

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