CRÓNICAS SUDACAS

México, la ciudad desbocada

Es la ciudad más grande del hemisferio occidental. La más antigua de América. Una de las 10 más ricas del mundo. Tiene más habitantes que la mayoría de los países de la Tierra. Aquí viven más de 20 millones de personas. Una aglomeración descomunal de sabores, sonidos y olores que mezclan la riqueza con la pobreza, la violencia y los boyantes negocios. Tercera entrega de una serie en la que Martín Caparrós toma el pulso a grandes urbes de Latinoamérica

INTENTO ENTRAR, NO LO CONSIGO. Es mediodía, el sol reluce, y en Tlatelolco, un corazón de México, cientos de personas salen en estampida por las puertas de vidrio de la torre. La torre es imponente, sus cien metros de alto: fue el ministerio de Relaciones Exteriores y ahora es un centro cultural de la Universidad Nacional; aquí, a veces, los centros culturales tienen ese porte. Trato de preguntar qué pasa pero nadie se para; les han pateado el hormiguero, corren.

     –¡Sexto piso, aquí a mi izquierda, por favor!

     Grita un hombre en un megáfono, y poco a poco le hacen caso.

     –¡Consejo de Médicos de Urgencia, cuarto piso, de este lado!

     Grita más y más corren, y por fin una mujer me explica que hubo un temblor y que por eso.

     –¿Un temblor?

     Digo, con ídem.

     –Sí, pero nada, una cosa de nada. Lo que pasa es que la torre bailó un poco.

     Dice, pero su cara no me tranquiliza. El del megáfono intenta calmarnos con información:

     –No se preocupen, amigos, no fue nada. El epicentro del temblor estuvo lejos. No se preocupen, no va a pasar nada.

     Es raro el miedo cuando llega tarde, demorado, cuando llega por algo que no fue: cuando es conciencia de lo que habría pasado.

     –Hubiera visto como se movía. Yo rezaba, rezaba.

     Me dice una mujer embarazada.

    –¿Usted es extranjero, cierto? Usted no sabe lo que es vivir en una tierra que se mueve.

He estado veinte, treinta veces en la Ciudad de México; he trabajado aquí, he publicado aquí, he imaginado la posibilidad de vivir aquí, aquí viven algunos de mis mejores amigos; no conozco la Ciudad de México.

     Conozco trocitos de México, algunos barrios, algunas sensaciones –y a veces me pregunto si hay otra forma de conocerlo. (¿O conocerla? ¿México es femenino o masculino? ¿Digo: México la ciudad es femenino o masculino?)

     No la conozco ni lo conozco –ni creo que sea posible conocerlos. Pero lo intento, una y otra vez.

Vista aérea sobre el centro histórico de la Ciudad de México.
Vista aérea sobre el centro histórico de la Ciudad de México.Héctor Guerrero

     México es la ciudad más grande del hemisferio occidental. México es la ciudad más antigua de América. México es una de las diez ciudades más ricas del mundo. México tiene más habitantes que la mayoría de los países.

     En México viven unos 23 millones de personas. O quizá 25 o quizá 21. Hay pocas cosas más difíciles, en estos tiempos de todo computado, que saber cuántos habitantes tiene una ciudad. El problema no son los habitantes, es la ciudad: hay tantas versiones sobre dónde empieza y termina cada una; sus límites administrativos no suelen coincidir con sus límites reales. Pero, aún en esa confusión, no hay duda de que hay pocas más grandes.

     México no es una ciudad. Es, quizá más que ninguna, lo que ahora son las ciudades desmedidas: una federación de pueblos grandes unidos por esas cosas que unen a esas federaciones. Antes era un dios, un rey, un límite geográfico; ahora es una bandera, un equipo de fútbol, una moneda, una ilusión –y siempre las variaciones de una alimentación y de un idioma. México es tan diversa, tan inabarcable. Sus barrios riquísimos, sus barrios pobres, sus barrios peligrosos; sus autopistas superpuestas intrincadas infinitas, sus calles arboladas, sus calles destrozadas, sus malls y sus mercados; sus monumentos, sus agujeros, sus rincones; su poder, su impotencia. El centro de México está construido sobre el fango de un lago; el sur, sobre la lava de un volcán; el oeste, sobre los gases de un basural gigante. En México todo cambia y nada cambia. Lo único seguro es que nada está seguro: aquí todo puede temblar, todo puede caer.

     Todo es promesa, todo es amenaza.

     Todo es sorpresa todo el tiempo.

Interior de una vivienda en uno de los asentamientos irregulares Ecatepec.
Interior de una vivienda en uno de los asentamientos irregulares Ecatepec.Héctor Guerrero
Lourdes Ruiz, la Reina del Albur en México, posa en su puesto de Tepito. Ella es promotora de 'albures', frases pícaras y con dobles sentidos.
Lourdes Ruiz, la Reina del Albur en México, posa en su puesto de Tepito. Ella es promotora de 'albures', frases pícaras y con dobles sentidos.Héctor Guerrero
Vista general de la zona arqueológica de Tlatelolco en la Ciudad de México.
Vista general de la zona arqueológica de Tlatelolco en la Ciudad de México.Héctor Guerrero
Palacio Nacional de México, sede del poder ejecutivo federal del país.
Palacio Nacional de México, sede del poder ejecutivo federal del país.Héctor Guerrero
Agentes del escuadrón de seguridad vial.
Agentes del escuadrón de seguridad vial.Héctor Guerrero
Procesión de una imagen de la Santa Muerte en el peligroso barrio de Tepito.
Procesión de una imagen de la Santa Muerte en el peligroso barrio de Tepito.Héctor Guerrero

Archivado En:

¿y tú qué piensas?

Normas