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No hay parto sin dolor ni partido sin corazón

Por casualidad, todos los partidos emplean el mismo símbolo. En vez de elecciones se va a celebrar la 'Love Parade'

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez,  en la presentación de la precampaña de su partido para las elecciones generales del 28 de abril.rn
El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en la presentación de la precampaña de su partido para las elecciones generales del 28 de abril. Europa Press

Hace unos años, cuando los cantantes podían cantar lo que quisieran, los humoristas hacer chistes y el resto decir lo que pensábamos sin que apareciera una legión de ofendidos de guardia, se decía “no hay parto sin dolor ni hortera sin transistor”. Esto ha cambiado. Ahora protestarían por la frase hasta los transistores. De modo que no queda otra que adaptarse al mundo en que vivimos o sufrir el ostracismo. Eso sí, ahora el nombre de los condenados al silencio se escribe asépticamente en soporte informático y no se garabatea —con perdón, porque en Sudamérica esto va a sonar fatal— en la concha de un molusco.

Y para tomar ejemplo de adaptación qué mejor que fijarse en lo que hacen nuestros partidos políticos —sí, son nuestros; van de serie con el país en el que toca nacer; podría ser peor— y ver cómo se esfuerzan para mostrarse acordes con los tiempos y los aires que corren.

Aquí viene lo curioso porque todos, con sus diferencias, presuntas o reales, sus “no pactaremos jamás”, sus cordones sanitarios y su “no es no” coinciden en algo: tienen un corazón. Literalmente; nada de zarandajas retóricas ni expresiones poéticas. No. Un corazón bien plantado en el logo o en el lema. Y que esté bien visible para el votante. Así, usan un corazón Unidos Podemos (multicolor con predominio del rojo y del morado), el PSOE (completamente rojo o totalmente blanco), Ciudadanos (dividido en tres, con las banderas de España, Europa y la autonómica que toque) y el PP (agaviotado y rojigualda). Vox no utiliza un corazón, pero anima a votar a “la España que quieres”, y ¿acaso se quiere a España con la cartera o el estómago? Mejor no contestar.

Con tanta víscera cordial dibujada, un observador despistado podría pensar que las próximas elecciones generales van a tener lugar un 14 de febrero o que, en vez de una votación, el 28 de abril se celebra la Love Parade. Pero no. Se trata de subirse al carro emocional que podemos encontrar en todas partes y que parece ser el último recurso cuando se acaban —en algunos casos jamás han existido— las apelaciones a la razón. La política no es una cuestión de corazón, sino de cabeza. Y, afortunadamente, votar no es un acto de amor. Eso sí, no hay parto sin dolor ni partido sin corazón.

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