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Inquietudes en Davos

El Foro económico se pronuncia contra el proteccionismo y defiende la negociación multilateral

Ángela Merkel, en Davos
Ángela Merkel, en Davos EFE

El Foro Económico de Davos ha recogido, como no podía ser de otra forma, las graves tensiones de la economía global. El Brexit está restando décimas de crecimiento a la economía europea, el proteccionismo de la Administración de Trump causa incertidumbre en los mercados mundiales y el ascenso del nacionalpopulismo, con Jair Bolsonaro en Brasil como último ejemplo, obstaculiza los intentos de buscar soluciones compartidas a problemas globales tan graves como los movimientos migratorios. Desde sus inicios, marcados por la intervención de Christine Lagarde que advertía sobre una moderación del crecimiento mundial, los participantes en Davos han intentado encontrar soluciones contra el proteccionismo y el populismo.

El discurso del vicepresidente chino, Wang Quishan, es una buena muestra de la complejidad actual de las relaciones económicas globales. No fue una sorpresa que Quishan hiciera una defensa cerrada del libre comercio en la economía mundial. El modelo económico y social chino necesita de un comercio mundial liberalizado. Pero su sector financiero sigue siendo un mundo opaco, quizá porque no está ajustado a los estándares de solvencia de la banca occidental. Y todavía existen fuertes restricciones a la entrada de inversores e inversiones en el país. China defiende por el momento ese modelo de libertad exterior con proteccionismo interior que da pie a los argumentos de Trump en su confrontación con Pekín.

Frente a la expansión del populismo, Pedro Sánchez ofreció en Davos una opción socialdemócrata y de redistribución fiscal; y frente a Trump, triunfó una cerrada defensa del multilateralismo. A la requisitoria multilateral de Wang Quishan se unió el discurso de Angela Merkel en defensa de la reforma de las instituciones para reflejar el nuevo equilibrio económico mundial, en el que sin duda ni demora tienen que estar China, India y Rusia. La incertidumbre mundial descendería en muchos grados si en los organismos internacionales pudieran debatirse, como la presencia de los Gobiernos implicados, las dudas que plantean sus modelos económicos.

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