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Tendencia difícil

Los buenos datos del paro no corrigen la vulnerabilidad de la economía española

Una oficina de Empleo en la Comunidad de Madrid.
Una oficina de Empleo en la Comunidad de Madrid.

El año ha concluido con un comportamiento del mercado laboral mejor de lo esperado. Durante diciembre se ha seguido reduciendo el paro a un ritmo superior al del mes anterior, al tiempo que el empleo, y la consiguiente afiliación a la Seguridad Social, ha sido favorable. Se cierra el año con 563.965 nuevos empleos, situando el número de personas afiliadas equivalente al existente en 2007, más de 19 millones, y el paro desciende en 210.484 personas.

Esa tendencia favorable será difícil que se mantenga en el año recién iniciado. El ritmo de crecimiento de la economía española será inferior en 2019 porque los factores, fundamentalmente externos, que lo han impulsado en los años de la recuperación, dejarán de hacerlo con la misma intensidad. Está asumido que la economía mundial crecerá menos; desde luego las economías avanzadas, y las que integran la eurozona. El conjunto del área monetaria es difícil que alcance un ritmo de expansión del 2%, con sus principales economías acusando los efectos de un clima comercial deteriorado por las tensiones comerciales que genera EE UU. Junto a esto, las condiciones financieras serán de menor apoyo al crecimiento.

Ambos factores condicionarán en mayor medida a la economía española, altamente dependiente de la demanda de sus vecinos para mantener el dinamismo exportador y ese inusual excedente en la balanza de pagos que ha registrado en estos últimos años. La expansión de nuestras ventas al exterior ya venía debilitándose en los últimos meses, al tiempo que se incrementaba el valor de las importaciones, en gran medida como consecuencia del encaramiento de las materias primas energéticas. El menor crecimiento de la demanda externa ya es un hecho, como lo es el efecto inhibidor que la guerra comercial entre EE UU y China está ejerciendo sobre las ventas de las empresas europeas, fundamentalmente alemanas. El otro elemento que seguirá condicionando las expectativas de las empresas españolas es el incierto desenlace del Brexit, dada la importancia relativa que Reino Unido tiene como comprador de bienes y servicios españoles.

Este registro de nuestras transacciones comerciales y de servicios con el exterior es de particular importancia en una economía tan endeudada frente al resto del mundo, tan necesitada de generar capacidad neta de financiación. Pero a ello se añade la nueva etapa iniciada por el Banco Central Europeo (BCE), tras la completa retirada de sus compras excepcionales de deuda pública y privada. El impacto de esa decisión puede ser mayor en una economía con un volumen de deuda total muy superior al promedio de los miembros del área monetaria, y también con una deuda exterior superior.

Así pues, la vulnerabilidad de la economía española a perturbaciones financieras externas será la principal amenaza para que podamos registrar indicadores en el mercado de trabajo como los observados en 2018. Ello obliga a atender como una de las prioridades la senda de saneamiento de las finanzas públicas comprometida con Bruselas. Para ello, la estabilidad política, la existencia de acuerdos mínimos entre los partidos sobre esa senda de estabilidad presupuestaria será una pieza esencial. Si a las amenazas exteriores se añade un clima político dominado por el desencuentro, el bienestar de la mayoría de los españoles podría registrar en este año la más importante inflexión desde que se abandonó la crisis.

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