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Las bodas, el nuevo gran negocio de las ‘influencers’

La promoción del producto es la moneda de cambio que utilizan para conseguir servicios de proveedores nupciales como firmas de moda, fotógrafos, realizadores o floristas

Risto Mejide y Laura Escanes, en el día de su boda, el 20 de mayo de 2017.
Risto Mejide y Laura Escanes, en el día de su boda, el 20 de mayo de 2017. INSTAGRAM

“Hace tiempo recibí un correo de una wedding planner [organizadora de bodas] que me proponía hacer el vídeo de la boda de una influencer muy famosa de la que no me dio el nombre. Me dijo: ‘Sería en Gijón, no cobrarías, pero te pagaríamos la gasolina desde Madrid”. Lo cuenta Patricia Baulenas, de Baulenas Films. Esta productora audiovisual, además de prestar sus servicios para formatos relacionados con la música y la publicidad, en los últimos años ha trabajado para proveedores de servicios nupciales y parejas sin intermediarios. Y prosigue contando la anécdota, aún incrédula: “Al cabo de tres días, la wedding planner me mandó otro email para decirme que si me lo había pensado. Yo creo que hay unos mínimos. Regalar el trabajo es algo que no debe hacerse; ni siquiera los becarios”.

La realización de una boda en una finca puede rondar los 50.000 euros. Un vídeo, entre 1.200 y 2.500 euros. En los últimos años, la ley del todo gratis a cambio de promoción es una estrategia que ha cobrado mucha fuerza. Desde que hace ya más una década la profesión de bloguero comenzase a mutar en influencer, youtuber o instagramer la fama se utiliza, más que nunca, como moneda de cambio para proveedores como fotógrafos, firmas de moda, maquilladores, peluqueros, agencias de viaje o productoras audiovisuales.

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Dulceida y Alba Paul, en su boda, oficiada por Javier Calvo y el cantante Carlos Sadness y celebrada en septiembre de 2016 en Sitges.
Dulceida y Alba Paul, en su boda, oficiada por Javier Calvo y el cantante Carlos Sadness y celebrada en septiembre de 2016 en Sitges. INSTAGRAM

En los últimos años se han casado influencers como Dulceida (2,5 millones de seguidores en Instagram), Paula Ordovás (427.000 seguidores y editora de My peep toes), María Fernández-Rubíes (400.000 seguidores) o Pelayo Díaz (1 millón de seguidores). Y, en lo internacional, el pasado septiembre Chiara Ferragni, en una inmensa boda en la que la novia fue vestida de Dior. Pero, sin duda, el enlace entre celebrities que más ha influído en el mundo de los civiles ha sido la de Risto Mejide y Laura Escanes (1,1 millones de seguidores) celebrado el pasado 20 de mayo de 2017 en Argentona (Barcelona).

Esta boda no solo ha dado a conocer tendencias en invitaciones (prueba de ello es el miniprendido de paniculata naranja en el tarjetón para sus invitados) si no que ha hecho que alguno de sus proveedores aumente su caché considerablemente. Es el caso del fotógrafo Robert Marcillas, quien le regaló a los novios el reportaje fotográfico. Gracias a la promoción de su trabajo, Marcillas ha conseguido elevar su tarifa hasta los 4.000 euros.

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Pero hay más. Una empresa de organización de bodas le ofreció a Escanes producir la suya. Al no ser posible por las fechas le ofreció montar una bridal party: un encuentro con sus amigas más cercanas —las que ejercerían de damas de honor— en el que beber champán y hacer arreglos florales. Un encuentro que, además, fue inmortalizado por otra productora que le ofreció sus servicios. Escanes lo contó en su canal de Youtube.

Los anillos son otro de los puntos fuertes de los enlaces. Para ello, Mejide y Escanes recurrieron a Pablo Cimadevila: un joyero de Pontevedra, también youtuber, que tiene 370.000 suscriptores. Preguntado por su colaboración con la pareja, lo único que espeta es: “De Laura y Risto solo puedo decir que son maravillosos”.

Otros influencers con influencia

En el universo de los influencers no solo existen esos que tienen varios millones o cientos de miles de seguidores. Es el caso de Gabriela Barrios Limido (59.600 seguidores en Instagram), directora creativa (y 50 %) de la firma de gafas Alga Style y protagonista del reality sobre tribus urbanas Los Reyes del Barrio (Cuatro).

Hace escasos días, durante las vacaciones de la familia en Roma, su novio le pidió la mano en uno de los mejores japoneses de la ciudad, Zuma. “Al terminar de comer, Diego, mi novio, se levantó de la mesa, se arrodilló y me pidió matrimonio con un diamante”, comenta aún emocionada desde la ciudad italiana.

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Ante la pregunta de si en su boda colaboraría con una firma que le ofreciera alguno de los elementos del enlace a cambio de promoción, responde de manera honesta: “Estaría dispuesta a hacerlo si de verdad se ajusta a lo que yo quiero. Hay muchas veces que trabajo con firmas y productos con los que no me identifico demasiado pero lo hago porque sí que aprecio que quieran contar conmigo. Una boda es otra cosa”.

Para Baulenas, que lleva más de una década en el sector, cambiar el trabajo por promoción no es una opción válida. Y así remata: “Se puede hacer descuento. Una repercusión en redes está bien pero no sé hasta qué punto se puede monetizar. Se puede bajar el precio de un servicio; pero, nunca, regalar tu trabajo”.

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