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El truco de Antonio de la Torre para ser mejor persona que cualquiera puede seguir

El actor, que ha estrenado 'La noche de 12 años', revela la clave de su éxito como persona, que se extiende a la interpretación

Antonio de la Torre durante el último festival de San Sebastian, celebrado en septiembre de este año.
Antonio de la Torre durante el último festival de San Sebastian, celebrado en septiembre de este año.Cordon

Antonio de la Torre (Málaga, 1968) es un tipo al que el éxito le ha llegado ya maduro. Con 39 años consiguió el Goya por Azuloscurocasinegro (2006). Fue cuando intuyó que no iba a necesitar más su profesión de cronista deportivo. Y acertó. Todas las películas en las que participa desde entonces se mueven entre el notable y el sobresaliente. Ejemplos: Grupo 7 (2012), La isla mínima (2014), Tarde para la ira (2016) o las dos últimas (ambas en 2018), El reino y La noche de los 12 años.

Buena parte de este triunfo (basado, sí, en su talento como intérprete, pero también en su honestidad y humildad como persona) lo tiene un truco. Así lo cuenta. “Yo hace tiempo que tomé una decisión y que me va muy bien. Decidí mirar a los ojos de otra persona como si fuera un potencial amigo”, explicó al programa Hoy por Hoy de la cadena Ser, no sin antes disculparse por el consejo "de libro de autoayuda". Pero le funciona.

“Yo hace tiempo que tomé una decisión y que me va muy bien. Decidí mirar a los ojos de otra persona como si fuera un potencial amigo”

Acostumbrado a asumir retos y papeles cada vez más retorcidos, De la Torre ha hecho de la comprensión su filosofía de vida. “He tenido malos momentos y decepciones, como todo el mundo, pero os juro que me va bastante bien con esta manera de entender la vida: mirar a la otra persona como si fuera a ser mi amigo”, aseguraba el intérprete.

De la Torre aplica la empatía en cada aspecto de la vida. "Creo que en nuestra sociedad tenemos un problema de educación sentimental y de empatía. Creo que si queremos tener una sociedad sana, tenemos que dedicar un tiempo a darnos conciencia de lo colectivo, de la conciencia del otro. Hay que reconocerse en el otro", confesó en la Ser. De la misma forma aborda cada papel. Sin prejuicios, sin juzgar.

Por eso consigue que conectemos con personajes corruptos, como el que dio vida en El Reino a las órdenes de Rodrigo Sorogoyen. A él incluso le caen bien personas como Álvaro Perez El Bigotes, que le sirvió de inspiración para interpretarlo. Así lo confesaba hace unos meses en ICON: "Nos intercambiamos los teléfonos y en los Goya me mandó un mensaje cariñoso. Yo también escribí a su familia cuando le absolvieron en la última causa de la Gürtel. Nos miramos a los ojos, nos entendimos y sentí empatía".

"En nuestra sociedad tenemos un problema de educación sentimental y de empatía. Si queremos tener una sociedad sana, tenemos que dedicar un tiempo a darnos conciencia de lo colectivo"

Hay que hablar de su soberbia última interpretación. Cuando Antonio de la Torre conoció al expresidente de Uruguay, José Mújica, este le dio un consejo que parece aplicar siempre. Incluso forma parte de su biografía de su Twitter: “El odio es antipolítico. No vas a ganar a nadie odiando. Hay muchos que se quedan prisioneros del odio”. Era julio de 2016 y el carismático político, todavía con las manos mojadas de fregar los platos, lo recibía en su casa de campo. "Vamos a sentarnos a tomar mientras charlamos, no nos vayamos a quedar de plantón en la cocina", recuerda que le dijo Mújica. A la charla se unieron el director uruguayo Álvaro Brechner y la productora Mariela Besuievsky; y el motivo no era otro que la película La noche de 12 años, que se estrenó el 23 de noviembre.

Porque el tercer filme de Brechner retrata precisamente el duro cautiverio y la tortura que sufrió Mújica, junto a otros militantes tupamaros, como los escritores Eleuterio Fernandez Huidobro (interpretado por Alfonso Tort) y Mauricio Rosencof (al que da vida Chino Darín), durante la dictadura uruguaya. Presos políticos a los que acusaron en los años setenta de traición a la patria por pertenecer al Movimiento de Liberación Nacional - Tupamara, y a los que aislaron en pequeñas celdas sin hablar y sin apenas comer. Toda una batalla psicológica contra la locura.

El actor malagueño se mete en la piel de José Mújica y la elección no puede ser más acertada. No solo por sus evidentes dotes interpretativas y su capacidad para dotar de credibilidad (acento incluido) a sus personajes, sino porque muy poca gente despierta tanta simpatía como ellos dos.

El expresidente ha ganado popularidad con esa imagen de abuelo humilde y sabio; un político que vive sin grandes lujos, acorde a su discurso y moral. Y Antonio de la Torre gracias a una empatía que cosigue con su truco.

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