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Marie-Chantal Miller, princesa sin trono, empresaria y reina en las redes

Casada con Pablo de Grecia, ha creado una firma de moda infantil y lleva una vida de aristócrata millonaria acorde al apellido de su marido y a la fortuna de su padre

Marie-Chantal Miller, en una fiesta en Londres en junio de 2015.
Marie-Chantal Miller, en una fiesta en Londres en junio de 2015. GETTY

A Marie-Chantal Miller sus amigos la llaman MC (pronunciado Emsi) y desde pequeña estaba destinada a moverse como pez en el agua entre la realeza, por algo su padre es Robert Miller, el rey de los duty free del mercado asiático. De él ha heredado la inquietud por marcarse retos, probar y abarcar distintas aficiones, desde el arte a la cocina pasando por la equitación, la pintura, tocar el ukelele y diseñar. De su madre, la ecuatoriana María Clara Chantal Pesantes, ha hecho suyo el concepto de familia y la exigencia de estar perfecta las 24 horas del día.

Si su madre se empeñó en enseñar a sus tres hijas, Pía, Marie-Chantal y Alexandra, que debían estar impecablemente peinadas, con la espalda siempre recta y la presencia regia; su padre no reparó en gastos para que su educación las situara en el Olimpo social en el que se mezclan la realeza de sangre con la financiera.

MC nació en Londres en 1968, se crio en Hong Kong, fue al exclusivo colegio Le Rosey en Suiza y a los 14 años se trasladó a París donde completó la escuela secundaria. Después estudió cocina en el Instituto Ecole Ritz Escoffier, que lleva el nombre del cocinero francés del siglo XIX, que sentó las bases de la cocina del país galo. Pero su vida de heredera del multimillonario imperio que fundó su padre, y del que ahora es directiva, no le tenía destinado dedicarse a los fogones.

En ese juego de amistades exclusivas reservado para las élites del mundo, una fiesta de cumpleaños le tenía designado, allá por 1994, un asiento al lado de Pablo de Grecia, el que fuera primo favorito del actual rey de España, Felipe VI. Un príncipe sin reino, pero con un pedigrí en el que hay hueco para las ramas más granadas de las monarquías europeas. Flechazo, pasión o encuentro hábilmente orquestado, el hecho es que el hijo de Constantino de Grecia —hermano de la reina Sofía y exiliado desde 1967 tras un golpe de Estado en el país heleno— y la hija mediana de un magnate norteamericano, contrajeron matrimonio en Londres en 1995. A la ceremonia asistieron 1.300 invitados y no se habían contado tantas cabezas reales en un evento de este tipo desde la boda de Isabel II. Vestida de Valentino amigo de la familia con un traje bordado a mano que había llevado meses de trabajo artesano y que forma parte de la historia de la moda, Marie-Chantal comenzó un reinado impecable como icono de estilo en reuniones de la alta sociedad de cualquier parte del mundo. Porque ella es princesa consorte de Dinamarca —la madre de su marido, Ana María de Grecia, es hermana de la reina Margarita de Dinamarca— y duquesa consorte de Esparta.

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Best Daddy ♥️ happy Father’s Day

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“Pablo tiene una gran familia”, explica Marie-Chantal en una entrevista publicada en el último número de la revista Vanity Fair, “y con ello viene una gran responsabilidad. Siempre les digo a mis hijos que teniendo un nombre así deben ser muy cuidadosos. Esto es en lo que han nacido y viene con una rica historia. Pero también hay que tener en cuenta la realidad. El padre de Pablo se fue de Grecia, hubo un referéndum en 1974”. Es decir, sí a respetar las tradiciones pero sí también a abrirse al mundo actual porque no hay trono esperando a que ellos lo ocupen. Pablo de Grecia trabaja en el fondo de inversión Ortelius y ella desde hace 13 años ha emprendido su propio camino como empresaria con una firma de ropa infantil exclusiva, bautizada Marie-Chantal, que acaba de ampliar con una nueva tienda en Londres, un blog en el que al estilo de Gwyneth Paltrow da consejos para padres preocupados en criar hijos semiperfectos como los cinco que ella tiene —Maria Olimpia, Contantino Alexios, Achileas Andreas, Odysseas Kimon y Aristides Stavros— y ahora se ha lanzado a escribir un libro sobre buenos modales también destinado a los niños.

“No ha sido un camino de rosas porque el sector textil es bastante complicado”, afirma en Vanity Fair. Pero su carácter perfeccionista y disciplinado —su hermana Pía la llama el teniente general con el corazón de oro— no admite dudas sobre que no cejará en el empeño, aunque el estado de su cuenta corriente no precise de negocios complementarios ni sea precisamente una de sus preocupaciones. Sí lo es sin embargo sentirse libre para opinar. Se lo dice a la periodista Emma Roig: “No me disculpo por ser como soy. No tengo nada que ocultar. Poseo opiniones propias, soy fuerte y tengo los pies en la tierra. Además, he decidido ser una figura pública en Instagram porque dirijo un negocio y llevo un blog. (…) Es muy importante tener opiniones libres, ser capaz de elegir tu vida y decidir lo que te gusta y lo que no”.

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Doing the rounds ♥️ @harrods @mariechantalchildren #mariechantal #silvercross

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Se puede decir más alto pero no más claro. En su cuenta de Instagram, donde tiene 151.000 seguidores, comparte las novedades de su negocio pero también su día a día, fiestas, momentos familiares, vacaciones y opiniones. Un escaparate para su empresa que también le ha generado críticas y controversias. Críticas por presumir de un nivel de vida inalcanzable para el común de los mortales y polémicas como la que desveló que entre ella y la reina Letizia existe de todo menos una amistad entrañable.

¡Ninguna abuela se merece ese tipo de trato! Wow, [Letizia] ha mostrado su verdadera cara, soltó cuando ocurrió el incidente entre la reina Letizia y doña Sofía, en la catedral de Palma de Mallorca el pasado mes de abril. Desde entonces han evitado encontrarse y ella no ha vuelto a hablar en público sobre el asunto, aunque sí ha mandado indirectas presumiendo de fomentar el cariño y los encuentros entre sus hijos y sus abuelos.

Su vida es de otro mundo, por mucho que afirme que ya no le preocupa qué se pondrá en la próxima fiesta y que ella es muy ama de casa, ya sea en la granja del siglo XVII que poseen en West Sussex, al sur de Inglaterra; en su vivienda frente al Támesis en el barrio de Chelsea donde cuelgan cuadros de Basquiat, Hirst o Warhol o en la mansión de Nueva York a la que la familia se mudó hace dos años siguiendo a sus hijos universitarios. “Voy al supermercado, cocino… Solo porque tenga un nombre antes de Marie-Chantal [princesa] y algo detrás [de Grecia], no quiere decir que sea inaccesible”, afirma en Vanity Fair. Lo que no puede negar es que es diferente a la mayoría porque ella pasa las vacaciones de verano en Grecia, las de invierno en Gstaad; sus amigos tienen nombres de alcurnia y recibió su primer maleta personalizada de Louis Vuitton a los 12 años y su primer traje de alta costura a los 18. Dice creer en la meritocracia, pero es tan aristocrática como le permite el apellido de la familia de su marido y la inmensa fortuna de su padre.

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