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Ezra Miller, el hombre que no se viste como el resto

El actor de la saga 'Animales fantásticos' impacta con sus arriesgados 'looks' de alfombra roja, se define como "queer" y habla sin tapujos de su fluidez sexual y de género

El actor, músico y activista Ezra Miller.
El actor, músico y activista Ezra Miller. WireImage

“Llevo años tomando prestado [del armario] de los chicos y ahora es el momento de que los chicos roben de las chicas. Dando en el clavo con un Givenchy Alta Costura, Ezra Miller nos enseña a todos que no existen barreras, y que la extravagancia, la clase y el estilo personal exuberante son algo que deberíamos celebrar”. Así de entusiasta se mostraba en Instagram Clare Waight Keller, la directora creativa de Givenchy, cuando Ezra Miller decidió acudir a la premiere de su última película, Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald (la segunda entrega de la precuela de Harry Potter) con uno de sus looks de otoño de costura (el conjunto, formado por un jersey-capa con plumas y un pantalón, en la pasarela lo había llevado una mujer). El actor completó su atuendo con maquillaje plateado en la cara, un anillo con forma de búho y el texto de la maldición asesina Avada Kedavra escrito en las palmas de las manos. Sobra decir que, a su lado, el traje burdeos de Eddie Redmayne pasó totalmente desapercibido.

Ezra Miller, durante la premiere de 'Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald', el pasado 8 de noviembre en París. (Francia). ampliar foto
Ezra Miller, durante la premiere de 'Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald', el pasado 8 de noviembre en París. (Francia). Cordon Press

En el estreno del film en París, Miller también eclipsó a sus compañeros de reparto con un vestido-plumífero de vinilo negro de Pierpaolo Piccioli para Moncler. Y en el Comic-Con de San Diego, en julio, jugó la baza cosplay al combinar unas medias con encaje y liguero con un disfraz de Toadette, un personaje de los videojuegos de Mario. “Se está gestando un icono”, avisaba Waight Keller en otro post. Y, a tenor del revuelo mediático que este norteamericano de 26 años ha provocado en las últimas semanas, la diseñadora podría estar en lo cierto; hacía tiempo que nadie se enfrentaba con una vocación tan experimental a una cita tan plegada a los convencionalismos como la alfombra roja.

La fluidez con la que Miller abraza la moda es un reflejo de su manera de ser y de vivir. En una entrevista con la revista Out en 2012 se definió como queer, afirmando: “Tengo un montón de amigos maravillosos de sexos y géneros muy distintos”. En i-D en 2015 añadía: “Significa sencillamente que no deseo conformarme con el sistema binario en lo que se refiere a cómo amo y a quién”. Y esa sinceridad inusitada se ha mantenido en sus entrevistas más recientes. Por ejemplo, cuando hace unas semanas ahondó en The Hollywood Reporter en su rechazo a las etiquetas de género: “No me identifico como un hombre. No me identifico como una mujer. Apenas me identifico como un humano”.

O cuando en el último GQ Style norteamericano explicó que se siente cómodo “con todos los pronombres”. Gracias a un reportaje para Playboy que está haciendo correr ríos de tinta digital –donde posa con medias de rejilla, tacones de aguja y orejas de conejita/o– también sabemos que practica el poliamor y que forma parte de un “polycule” (término intraducible que alude a un grupo de compañeros sexuales no monógamos) queer.

En estos años, mucha gente en la industria y fuera de ella le advirtió de que revelar su orientación sexual era un error que podría impedirle triunfar en su carrera. Les faltó clarividencia para entender que, tanto en el mundo del espectáculo como en la sociedad en general, se estaba gestando un cambio de paradigma. De hecho, Miller es el primer no heterosexual declarado que ha conseguido un papel de superhéroe: en concreto, el de Barry Allen, alias The Flash, cuyas mallas rojas ya se ha enfundado en tres ocasiones (la última, en Liga de la justicia), y que en 2020 tendrá su propia película. También tiene en cartera transformarse en el joven Dalí para el biopic Dalí Land. El actor dejó el instituto a los 16 años y, en la década que lleva dedicado al cine, ha logrado alternar proyectos indie como Tenemos que hablar de Kevin o Las ventajas de ser un marginado con máquinas de fabricar blockbusters como Animales fantásticos y el universo DC.

Ezra Miller, durante el Comi-Con de San Diego 2018. ampliar foto
Ezra Miller, durante el Comi-Con de San Diego 2018. Cordon Press

Su hoja de servicios grita celebrity, pero su forma de vida refleja algo muy diferente. Miller no está en las redes sociales. De su manera de entender la moda ya hemos hablado. No vive en Los Ángeles, sino en una granja de Vermont que comparte con los miembros de Sons of an Illustrious Father (la banda musical de “género queer” de la que es miembro), y animales como cabras o gallinas. Y, en estos tiempos de entrevistas de 10 minutos y cuestionarios preaprobados, él es capaz de recibir al periodista vestido de unicornio. O de interrumpir la charla para ayudar a parir a una de sus cabras. O de contar que tiene una comadreja en el congelador porque está aprendiendo taxidermia. O de hacer pública una experiencia #MeToo a manos de un director cuando era menor de edad. O de romper a llorar al hablar del daño que le estamos infligiendo al planeta. O de compartir los constantes abusos físicos que sufrió de adolescente por ser “raro y ambiguo”. Con su aversión a las etiquetas y a los estereotipos, el inclasificable Ezra Miller está demostrando que no todas las estrellas de Hollywood están hechas de la misma pasta, y que hay muchos caminos para alcanzar la fama. Y no todos pasan por llevar esmoquin, acumular followers y dar respuestas tan correctas como predecibles.

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