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Estos son los diez tipos de amigo que necesitas tener en tu vida

Las parejas vienen y van y la familia es una lotería. ¿Qué nos queda, pues, en lo que podamos confiar ciegamente?

amigos
“Tener amigos es esencial para la salud entendida de una forma integral”, asegura la psicóloga María Palacín. En la imagen, Raúl Arévalo y Raúl Fernández en la comedia 'Con el culo al aire'.

Ah, los amigos: las parejas vienen y van y llevarse bien con la familia es a veces una cuestión de suerte. Pero los amigos –aunque puedan cambiar a lo largo de nuestra vida– siempre van a estar ahí y sirven para recordarnos que estamos vivos, que formamos parte de algo más grande que nosotros y que el mundo puede ser amable y cálido al fin y al cabo. “Tener amigos es esencial para la salud entendida de una forma integral”, asegura la psicóloga María Palacín, directora del Máster Autoliderazgo y Conducción del Grupos de la Universidad de Barcelona. 

"En la edad adulta somos mucho más exigentes y selectivos, eso hace que sea difícil crear nuevas vinculaciones y amistades, a no ser que haya un cambio en nuestra vida que nos obligue a romper nuestro círculo habitual"

María Palacín, directora del Máster Autoliderazgo y Conducción del Grupos de la Universidad de Barcelona

¿Pero podemos llamar amigo a cualquier persona con la que nos llevemos bien? “La amistad es un vínculo que se forja mediante la confianza más el tiempo”, define Palacín. Si bien la palabra “amigo” es una constante en nuestro lenguaje, habría que diferenciar grados y tipos de amistad. El círculo íntimo estaría formado por un máximo de cinco personas, y se suele utilizar el número de Dunbar (llamado así por el antropólogo Robin Dunbar) para definir la cifra más amplia de nuestro círculo social: serían unas 150 relaciones las que acostumbra a tener una persona.

No son necesariamente una amistad íntima, pero sí constituyen una relación significativa que implica un mínimo de confianza y obligación mutua. A lo largo de una vida ese círculo va mutando: algunas relaciones desaparecen y se forman otras nuevas, aunque, según Dunbar, no es posible establecer muchas más allá de 150; algunos descienden la cifra a 100.

Con la edad, una queja habitual es la dificultad de hacer nuevos amigos. “Los grupos se van conformando de manera evolutiva”, explica María Palacín. “Con el paso de los años se consolidan e incluso se cierran. En la edad adulta somos mucho más exigentes y selectivos, eso hace que sea difícil crear nuevas vinculaciones y amistades, a no ser que haya un cambio en nuestra vida que nos obligue a romper nuestro círculo habitual”. Ahí entran las consabidas rupturas de pareja o cambios de domicilio que implican un esfuerzo por forjar nuevos vínculos con desconocidos.

Si bien las relaciones van variando y evolucionando, hay ciertas tipologías de amistades que todos deberíamos mantener a lo largo de nuestra vida. A veces una misma persona puede encarnar varias a la vez y a veces el perfil de la relación se transforma con los años. Pero todos ayudan a conformar una vida más plena y feliz.

El amigo de la infancia

Puede que ahora llevéis vidas muy diferentes e incluso que poco tengáis que ver en aficiones e intereses, pero os une el vínculo especial de haber comido tierra juntos en el parque. Conoce a tus padres, ha jugado con tus primos en tus cumpleaños y eso lo hace especialmente capacitado para comprender, sin que apenas tengas que explicárselo, tus movidas familiares más marcianas y tus bucles freudianos.

El sincero

Es la constatación empírica de que la confianza da asco. “¿Puedo ser sincero?”. Y cuando dice "sincero", quiere decir "hiriente". “Tu relación no va a ningún lado”, “esa novela que has escrito es una chufla”, “vas vestido de mamarracho”. No hay que confundir al sincero con el que humilla. Este último hace comentarios para minarte la moral y hundirte en la miseria; el primero, aunque pueda fastidiarte en un primer momento, tiene más razón que un santo y sabes que te iría mucho mejor si hicieses caso de sus brutalmente honestos comentarios.

El colega del trabajo

“A lo largo de tu experiencia laboral puedes llegar a tener algún tipo de amigo o dos que proceden del trabajo, pero no es demasiado aconsejable”, comenta María Palacín. “El plano profesional y el emocional no casan bien, lo cual no quiere decir que con el paso de los años no se forje alguna amistad, aunque no sería lo habitual”. Sin embargo, como pasamos casi todas nuestras horas útiles del día en una oficina, tener un compañero al que poder consultar dudas, con el que compartir odios comunes y lanzar miradas cómplices por encima del ordenador es una cuestión de salud mental. Es importante no romper la frontera trabajo-ocio más que en contadas ocasiones, ni forzar que la relación se prolongue más allá del ámbito laboral (si lo hace, que sea de forma orgánica), porque se caería en la terrible situación de estar un sábado por la noche hablando de la reunión del próximo martes; y, créenos, eso es peor que un verano sin vacaciones.

El amigo que no conoce al resto de tus amigos

Os conocisteis en un curso de idiomas, en el gimnasio o en un viaje de trabajo y os caísteis tan bien que habéis seguido quedando. No os habéis mezclado en el círculo social del otro ni falta que hace. Vuestras quedadas son periódicas, de tú a tú, para charlar y poneros al día. Funciona como un amante pasajero de la amistad, y con él puedes jugar a ser un poco otra persona y otro poco más tú mismo que nunca.

El amigo que nunca te juzgará

Ya, en teoría, ningún amigo debería juzgarte, pero todos sabemos que hay gente a la que se le pueden confesar de forma más desahogada cosas como “estoy teniendo una aventura extramatrimonial”, “últimamente no paro de meterme drogas” o “he desviado fondos públicos a una cuenta en Suiza”. En ocasiones uno necesita un sabio consejo, sentido común o que le empujen a hacer lo que sabe que tiene que hacer pero teme más que a un dolor de muelas. En otros momentos, uno solo necesita que le escuchen y apoyen sin enarcar ni una ceja. Es el equivalente a “la amiga que te sujeta el pelo mientras vomitas”, a veces de forma literal.

El amigo/mentor

“Cada persona debe tener al menos dos referentes que te dan la confianza para que tú crees tu propia autoconfianza”, expone María Palacín. “Pueden ser los padres, un pariente o un profesor. Figuras que te promocionan y te hacen crecer”. A este último punto pertenece la figura del amigo/mentor. Es esa persona que supo ver en ti virtudes que tú mismo dudabas que existieran. Te espolea a mejorar, a presentarte a ese trabajo, a hacer esa llamada que tanto temes, te ayuda a cumplir con esa actividad tan deplorable que es “hacer contactos” e incluso puede que te haya presentado a alguna pareja. Vuestra dinámica de maestro-aprendiz tal vez no sea la forma más ortodoxa de relación porque, como explica María Palacín, “las amistades tienden a ser simétricas, y si uno funciona como mentor, tiene cierto poder sobre el otro. Aunque también hay relaciones que empiezan siendo de amistad y evolucionan en este tipo, un tanto asimétricas”. Del mentor siempre aprendes algo y te ayuda a cambiar a mejor, que ya es mucho más de lo que obtienes de otros perfiles.

El amigo con el que siempre te echas unas risas

Podemos certificar que la actividad favorita del 80 % de los españoles es “quedar y echar unas risas”, por lo que ese amigo con el que el humor está garantizado siempre es bien recibido. Nada une más que el sentido del humor compartido, así que, seas de fina ironía británica o más bien de sal gruesa y chascarrillo grosero, si tienes un amigo que te hace reír, valóralo como el tesoro que es.

El que comparte tu mayor afición

Puede que sea jugar al Catán, la espeleología, coleccionar sellos o la literatura rusa del siglo XIX; un hobby compartido es un hobby vivido más intensamente. Gracias a Internet este tipo de amistad, cuando la actividad lo permite, no tiene ni por qué ser en tres dimensiones. Puede quedarse en una relación virtual que se prolonga durante años con una persona de cuya vida apenas sabes nada, solo que siente la misma pasión que tú por el aeromodelismo. Cero compromiso real, todo satisfacción.

El que siempre tiene un plan

¿Te has quedado sin nada que hacer un sábado por la noche? ¿Estás harto de tus francachelas habituales con los colegas? Urge que llames a esa persona que siempre hace cosas diferentes de las que tú sueles hacer, el que está todo el día acudiendo a conciertos secretos en lugares ignotos, organizando yinkanas para adultos con cata de vino incluida, juegos de estrategia en tres dimensiones y performances al aire libre. Te embarca en cosas que por ti mismo no harías jamás y que tal vez no vuelvas a hacer nunca, pero sabes que de su mano lo nuevo siempre está garantizado, y cada vez que quedáis se convierte en algo memorable.

La expareja

Puede que hayáis mantenido una relación larga o puede que hayáis sido amantes esporádicos durante una temporada. El caso es que habéis dejado a un lado la parte sexual, pero el afecto mutuo y la confianza se mantengan. “Sería aconsejable, pero no siempre es posible”, explica María Palacín. Es una de las amistades más peliagudas de mantener, siempre capeando el riesgo de la ofensa, el rencor, los celos de las nuevas parejas, los sentimientos que reviven de forma inesperada, pero como conoce una faceta íntima de ti –y tan íntima- que el resto de tus amigos no, si el vínculo es sincero y el protocolo está bien establecido, mantener una amistad con un ex puede completarte y enriquecerte. “Depende del grado de conflictividad de la separación. Si uno siente que pierde mucho y el otro ha salido ganando, es muy complicado”, añade la psicóloga. Y añade: “Sería lo óptimo en el caso de tener hijos. Puede ser una relación de cooperación en el beneficio de un tercero que termina derivando en amistad con el tiempo”.

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